La policía migratoria estadounidense (ICE) ha sido transformada en una policía política paramilitarizada e impune. El asesinato del enfermero Alex Pretti con nueve balas como clavos por la espalda en solo cinco segundos, el asesinato de la poeta Renee Good y la detención del niño de 5 años Liam ‘Conejo’ Ramos son un punto de inflexión en las multitudinarias violaciones de los Derechos Humanos por parte de Trump. Lo único que hizo Alex fue interponer su cuerpo acribillado entre los ICE y una mujer a la que echaban gas pimienta en la cara.
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Ese cruel y desmedido asesinato de un hombre desarmado, reducido, y las mentiras de la Casa Blanca han levantado un gran movimiento de indignación. Dicho movimiento ha sido posible por el compromiso de miles y miles de personas que han salido a la calle con coraje y sacrificio para resistir a las acciones tiránicas del ICE y de Trump.
Esa oposición ha tenido en las organizaciones cristianas uno de sus pilares. Por todo el país, miles de parroquias y centros han ido organizando por todos lados acciones de vigilancia, defensa, protección y denuncia. El día en que mataron a Alex, un grupo de 200 clérigos recorría las calles de Mineápolis impidiendo con sus cuerpos y voces la violencia y la violación de derechos. En enero, muchas de esas organizaciones se unieron en el Catholic ImmPACT (Proyecto de Acción Profética para los Migrantes), en respuesta a una petición de León XIV para “traducir la compasión y oración en acciones coordinadas”. En todo el país interpondrán con mayor impacto sus cuerpos entre la vida y la muerte.
La gran revinculación
En el movimiento de la gran revinculación, es crucial que volvamos a unirnos cuerpo a cuerpo con la gente, para abrazarnos, consolar, protegernos, defendernos, especialmente con los más pobres y amenazados. Eso es ser, cuerpo a cuerpo, Cuerpo de Cristo.
