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Convertíos y creed en la Buena Noticia


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Cuando lean estas líneas, habremos consumido un tercio del mes de enero. Casi apetecía terminar las celebraciones de Navidad y volver a la rutina, sobre todo en un hospital, donde las dinámicas se alteran por completo. La plantilla se vuelve inestable –más de lo habitual–, los pacientes pasan de un médico a otro, la programación de exploraciones complementarias es incierta, los interlocutores se modifican a diario… Tantos cambios se integran mal en la vida de un hospital, que necesita organización y rutinas bien definidas.



Vivo el cambio de año como una llamada a la conversión, en cierto modo como una nueva oportunidad. Suena en mi mente el mensaje de Jesús cuando comienza su praxis contra el sufrimiento humano en Galilea: “El tiempo se ha cumplido. El Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en la Buena Noticia”.

La dinámica de la vida

Convertirse es ser mejor. Y creer en una buena noticia supone aceptar que Dios tiene para nosotros mejores posibilidades; también es renovar el deseo de pro-seguimiento del recién nacido. Hemos contemplado el nacimiento, pero la dinámica de la vida (nuevos pacientes, nuevas necesidades propias y ajenas, nuevos conflictos, nuevas situaciones) nos saca de la mera contemplación y nos empuja a la praxis, como nos narran los Evangelios.

Médico general

De alguna manera, volvemos siempre a la pregunta original que le planteaban a Jesús, que nos planteamos nosotros y que también enunció Su Majestad Felipe VI en su discurso de Nochebuena, fuera ya de un contexto religioso: ¿qué debemos hacer? Que se prolonga en el ¿qué podemos hacer?

Oportunidades para ser útiles

Por nuestros próximos: familiares, amigos, conciudadanos. Como profesionales, estudiantes, españoles. Lo formuló con gran belleza en su poesía Luis Cernuda: “Trabajando con otros a España, a España en sus aceros”. Él lo hacía con sus versos, en mi caso con el fonendoscopio. Cada uno, con el instrumento o la destreza que posea, o quizás con la oración; según el momento vital, en activo o jubilado. Mediante la participación en un voluntariado, o con la escucha atenta y la compañía de quien lo necesite, seguro que encontramos a diario oportunidades para ser útiles, para apoyar y que nos apoyen.

Y así hemos comenzado a recorrer este 2026, con esperanza e incertidumbre, pero siempre abiertos a la posibilidad de conversión, de dejarnos acompañar y sorprender por un Dios que Ignacio calificó como “siempre mayor”.

Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos. Y por nuestro mundo revuelto.