“Miren las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni recogen en graneros, y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?”. Mateo 6, 26.
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Desde hace tiempo veo por mi ventana el vuelo de algunas aves y un día me decidí a poner un poco de pan para alimentarlas, fue una acción sencilla, sin pretensión alguna, simplemente compartir un poco de pan y cuál fue mi sorpresa que inmediatamente varias de ellas se acercaron a comer un poco, fue una alegría sencilla; sin duda movieron muchas emociones en mí.
Ternura, sorpresa y hasta agradecimiento. Por la mañana es la hora en que pongo un poco de alimento, mientras preparo el desayuno y una vez servido en la mesa, coloco en un espacio de la casa el alimento para las aves. En breves minutos comienzan a llegar, mientras disfruto un café, algunas de ellas me acompañan, es una acción que llena mi corazón de una sencillez indescriptible.
Gracias Dios
Las aves buscan alimentarse y vuelan todo el día, si en algo puedo contribuir lo seguiré haciendo, nadie me lo pidió, tampoco necesito un reconocimiento por hacer algo que no implica más energía que compartir lo que se tiene. ¿Alguna vez has experimentado esta acción?
Te recomiendo que un día lo intentes, a lo mejor un día pensaste igual que yo, que no serviría de nada dar de comer a las aves… te puedo decir, sin miedo a equivocarme que, hasta que lo hagas entenderás lo que puede despertar en ti.
Vienen a visitar ese rinconcito aves de todos tamaños, hasta colibríes y he pensado en colocar un bebedero para ellos. En ocasiones olvidamos cuánto nos ama Dios y lo mucho que valemos para Él y todo lo que nos ofrece, es tanto que damos por hecho que así debería ser, por tantas cosas demos gracias a Dios. Mientras escribo esta colaboración, siguen llegando varios pájaros, me acompañan y me alegra pensar que el Espíritu Santo tiene alas.
Amar la vida
“Alimentar a los pájaros es también una forma de oración“. Pío XII.
¿Será parte de la edad? ¿Acaso es la bondad que despierta en esta etapa de mi vida? No lo sé, pero ahora comienzo a valorar de una manera distinta las cosas sencillas que nos ofrece el vivir, los instantes fugaces como la visita inesperada de las aves a esta esquina de la casa.
Las rosas que le obsequio con tanto amor a mi esposa, las cuales no deben faltar cada semana, no cabe duda que el amor de Dios nos cambia y nos permite ver de otra manera las acciones cotidianas de la vida. Amar la vida, vivir la vida y especialmente disfrutar la vida se ha convertido en mi oficio favorito.

