50 años después, ¿sería un escándalo ‘Jesucristo Superstar’?


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La ópera rock

El 12 de octubre de 1971 se estrenó en el Mark Hellinger Theatre de Broadway, en Nueva York, la ópera rock ‘Jesucristo Superstar’. Se materializaba finalmente en los escenarios el “álbum conceptual” que los autores, los entonces veinteañeros Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, habían publicado un año atrás. El disco se colocó en las listas de éxitos y algunas canciones fueron publicadas como singles debido a su buena acogida en las tiendas.



Esta difusión del material provocó que se pusieran en escenas algunas producciones –en forma de conciertos o representaciones– antes del estreno oficial por parte de los creadores de este musical. El National Catholic Reporter recordaba en estos días cómo un colegio luterano de Gettysburg, Pensilvania, estrenaba su montaje el 25 de marzo de 1971 con una función privada. Al frente estaba un estudiante de física y un seminarista se encarga de los aspectos logísticos de la producción. 1.200 espectadores –algunos colgados de las ventanas o desde fuera de las salas– acudieron a una representación que contó con publicidad discreta y fue presentada como ensayo general después de una amenaza de demanda por parte de la compañía. Aquel seminarista de entonces recuerda que fue “explosivamente glorioso” y que hubo hasta intervalos de 15 minutos de aplauso después de alguno de los números musicales. Fue una de las muchas representaciones clandestinas.

Calentados los motores así, cuando se estrenó en Broadway, a pesar de la indiferencia de la crítica, ya se habían recaudado más de un millón de dólares el mismo 12 de octubre de 1971 gracias a la venta anticipada de entradas y la publicidad del boca a boca. La crítica de grupos religiosos fue un detonante del éxito inicial. La BBC había considerado sacrílego el disco y no se radiaba y algunos productores consideraron la ópera rock como la “peor idea de la historia”.

La reacción

La idea era aparentemente sencilla. ‘Jesucristo Superstar’ narra la pasión de Cristo desde una perspectiva humana desde la mirada de Judas Iscariote –hay quien ha definido la pieza como ‘Judas Superstar’– dando papeles preponderantes a personajes como María Magdalena. A la vez, la teología conciliar se mostraba más sensible a potenciar la humanidad de Jesús y el rock cristiano estadounidense daba tímidamente sus primeros pasos. El romance de Jesús o la falta de resurrección desataron la ira de creyentes para los que el musical “rozaba la blasfemia” y por ello concentraba algunos manifestantes cabreados a la puerta. Los críticos más profundos cuestionan el enfoque del sentido de la crucifixión y los judíos estaban horrorizados por la representación del sanedrín.

Los autores, Rice y Webber, ambos de formación anglicana, siempre han tomado distancia de las discusiones teológicas. “La gente ha interpretado esto mucho más de lo que pretendíamos”, decía Rice en 1971, tal como recoge ahora el NCR. “Simplemente tratábamos de expresar nuestros sentimientos sobre Cristo en ese momento, intentando contar su historia y hacer sugerencias para los huecos. No tratábamos de hacer un comentario. ¿Quiénes somos nosotros para hacer un comentario?”

La expansión

En 1972 comendó a rodarse la película de Norman Jewison, fundamentalmente en Tierra Santa, y que sería estrenada en 1973. Ese mismo año el musical también se estrenó en el West End londinense. En pocos años llega a España, México, en 1977 se fue de gira por Estados Unidos… En España se estrenan varias versiones: en 1975, en 1984 y en 2007. La primera de las versiones nacionales fue la del Teatro Alcalá Palace producida y protagonizada por Camilo Sesto con dirección de Jaime Azpilicueta y con papeles inolvidables como los de Teddy Bautista como Judas o Ángela Carrasco como María Magdalena.

En España, el estreno de este musical fue un reto y un acontecimiento. Además de los problemas con la censura, en aquel entonces había manifestaciones contra las primeras celebraciones de la eucaristía en español en lugar de en latín. A las puertas del teatro –como antes en los cines cuando llegó la película– había rosarios de desagravio y eso que John Lennon estuvo a punto de ser el protagonista de la versión británica y que, si no hubiera habido problemas de agenda, Raphael sería el que estuviera sobre el escenario.

La cosa es que ante los recelos de algunos fieles, el deán de la catedral de San Pablo de Londres, ha recordado varias veces el crítico musical José Ramón Pardo, publicó una nota que se entregaba con el disco asegurando que “la belleza, el contenido valiente, pero respetuoso de esta obra, ha merecido la aprobación de Radio Vaticano para su programación. Hay personas que pueden encontrar chocante este disco. Pido que lo escuchen con tranquilidad y lo mediten con detenimiento, es un grito desesperado a Nuestro Señor”. Algo que no se opone a la creatividad literaria de los autores. 50 años después, ¿la historia se repite?