Las relaciones entre las iglesias de Alemania y Roma no siempre han sido fáciles, sino más bien sumamente complicadas. La ruptura ocasionada por Lutero es el hecho que más ha marcado este divorcio, y en los últimos años, a raíz del polémico camino sinodal germano, los problemas se han incrementado.
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Para el Vaticano ese proceso puede afectar la unidad de la Iglesia, y los alemanes quieren ir más rápido en la implementación de algunas reformas, como la ordenación sacerdotal de mujeres, las bendiciones para personas del mismo sexo, y cambios en la enseñanza de la Iglesia. Además, la propuesta de que un Consejo Sinodal, compuesto por laicos y obispos, gobierne la Iglesia asusta a Roma.
Pues resulta que un nuevo incidente está crispando la conexión alemana-vaticana.
Regresando de su viaje a Francia, al papa León XIV se le preguntó que si los abusos sexuales en la Iglesia tenían una dimensión sistémica. Esta tesis la han defendido los obispos germanos, en especial su expresidente Georg Bätzing, titular de Limburg.
Prevost-Martínez respondió: “Personalmente, prefiero expresarlo de otra manera, aunque es verdad que mencioné algunas organizaciones dentro de la Iglesia que, en ocasiones, por así decirlo, han actuado abusivamente de manera sistemática. Creo que es importante hacer una distinción. El abuso sexual es, ante todo, un problema humano”.
Bätzing, obvio, replicó, y consideró esta clasificación “inadecuada y, por sus posibles consecuencias, sumamente problemática”. E invita “a que se reconozcan, con igual claridad, las causas sistémicas de la violencia sexualizada”.
¿Estamos ante un problema solo humano, del que cada abusador debe responsabilizarse en lo personal, y pagar por ello, o ante una situación sistémica, en la que algunas estructuras de la Iglesia Católica favorecen esos abusos, y debe ser reconocida? Creo que ambas posiciones, lejos de ser opuestas, necesitan ser complementarias.
Los agresores individuales deben responder por sus delitos, y sujetarse a las leyes civiles y eclesiásticas. De la misma manera, necesitan acompañamiento para tratar su desviación. Pero también es preciso aceptar que el clericalismo, las relaciones de poder asimétricas, la exhaltación del poder y la autoridad sacerdotal, favorecen esas conductas individuales.
No estamos, creo, ante una nueva ruptura, sino ante dos visiones del mismo tema, y que se equilibran. No vemos, entonces, entre el obispo alemán y el de Roma una diferencia irreconciliable, sino un sano disenso que nos puede enriquecer.
Pro-vocación
Rockeros mexicanos (Rafael Pérez Gay, en Milenio 6,XI,2026) se indignan porque Bob Dylan, que no es católico, haya visitado al papa León XIV. La misma reacción se dio en el pasado julio, cuando Patti Smith, la punk andrógena, se reunió con Prevost-Martínez en el Vaticano. “Tanta protesta, tanta poesía, tanta música de inspiraciones explosivas para terminar en la devoción del santo padre”, remata. ¿A qué se deben estos acercamientos? La respuesta, yo creo, puede ser que esté en el viento.
