Un proyecto con IA de Escuelas Católicas ayuda al alumnado con necesidades educativas

SonIA detecta avances especialmente en autonomía digital, comunicación y capacidad para pedir ayuda

Colegio religioso. Alumnos
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Encender un dispositivo, encontrar una aplicación, formular una pregunta, comprender una respuesta o saber pedir ayuda cuando algo no funciona. Son aprendizajes cotidianos, pero también algunos de los ámbitos en los que la inteligencia artificial generativa empieza a abrir posibilidades para alumnos con Necesidades Educativas Especiales derivadas de discapacidad.



El Proyecto SonIA, impulsado por el Departamento de Innovación Pedagógica de Escuelas Católicas y cofinanciado por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, ha probado durante el curso 2025-2026 el uso pedagógico de estas herramientas con 333 alumnos de siete centros y entidades educativas.

SonIA continúa el trabajo iniciado por Escuelas Católicas durante el curso 2024-2025 con el proyecto EnganchaTIC con inteligencia artificial. La segunda edición ha permitido ampliar la evaluación de los aprendizajes y llevar el uso de la IA a situaciones no solo académicas, sino también personales, sociales y prelaborales.

Los resultados apuntan a una evolución positiva: el 40,1% de los aprendizajes evaluados mejora de nivel y otro 53,7% se mantiene y consolida. En conjunto, el 93,8% de las observaciones registra una mejora o mantenimiento del aprendizaje alcanzado. La puntuación media global pasa además de 3,67 a 4,11 puntos sobre una escala de seis.

94 alumnos con evaluación inicial y final

En el proyecto participaron alumnos de Virgen Reina, de Gijón; La Purísima, de Madrid; Sagrada Familia, de Tarazona; La Purísima, de Zaragoza; San Rafael, de Granada; María Corredentora, de Madrid; y la Fundación A la Par, también en Madrid. La iniciativa calcula además un impacto indirecto sobre unas 2.500 personas entre alumnado, profesores, profesionales de apoyo y miembros de las distintas comunidades educativas.

Para medir los resultados se analizaron 564 observaciones correspondientes a 94 alumnos que contaban con evaluaciones iniciales y finales comparables. Es precisamente sobre este grupo sobre el que se construyen los porcentajes de evolución presentados por el proyecto.

La mayor mejora, en competencia digital

La competencia digital es el ámbito que presenta los resultados más altos. El 95,7% de las observaciones muestra una mejora o consolidación, mientras que la puntuación media pasa de 3,58 a 4,16 puntos.

Los avances se traducen en acciones muy concretas: encender y desbloquear dispositivos, acceder a aplicaciones, localizar funciones o solucionar pequeñas incidencias sin depender continuamente de otra persona. La autonomía digital aparece así como una de las principales aportaciones de la experiencia, especialmente cuando la tecnología se adapta a las capacidades de cada alumno.

También se han observado avances en el uso de inteligencia artificial para buscar información. El 94,6% de las observaciones vinculadas a esta destreza mejora o mantiene el nivel y casi la mitad registra una progresión directa.

Mensajes más claros y comprensibles

Los resultados son también positivos en competencia lingüística. El 94,7% de las observaciones mejora o consolida los aprendizajes, mientras que la puntuación media pasa de 3,84 a 4,23 puntos.

El proyecto detecta una mejora en la claridad, el orden y la comprensión de los mensajes, siempre adaptados a las posibilidades comunicativas de cada estudiante. La tecnología se integra para ello con otros recursos de accesibilidad, como pictogramas, lectura fácil, lengua de signos o sistemas aumentativos y alternativos de comunicación.

Saber pedir ayuda también es autonomía

Por otro lado, Escuelas Católicas muestra que el 94,7% de las observaciones relacionadas con esta habilidad mejora o se mantiene, y la puntuación media sube de 3,90 a 4,38 puntos.

El proyecto parte de la idea de que la autonomía no significa necesariamente hacer todo sin ayuda. También implica saber detectar cuándo aparece un problema, expresarlo de manera comprensible y acudir a la persona adecuada. Algo similar ocurre con la comprensión de los objetivos de trabajo. El 92,6% de las observaciones mejora o consolida este aprendizaje, con avances en identificar qué hay que hacer, para qué y qué pasos deben seguirse hasta completar una tarea.

Inteligencia Artificial Mano Robot Y Tatuajes

Inteligencia Artifiical. Foto: Archivo Vida Nueva

La IA no genera inclusión por sí sola

Los responsables del proyecto introducen, sin embargo, una advertencia fundamental: la tecnología por sí misma no garantiza la inclusión. Los avances aparecen cuando las herramientas se integran en una intervención pedagógica adaptada a las capacidades y necesidades concretas de cada alumno.

Esto implica combinar la inteligencia artificial con práctica guiada, apoyos visuales y auditivos, recursos de accesibilidad y un acompañamiento individual por parte de profesores y profesionales. El objetivo, por tanto, no es colocar una herramienta delante del alumno y esperar que resuelva las dificultades, sino utilizarla dentro de un proceso educativo pensado específicamente para él.

Por este motivo, el proyecto incorpora además otra dimensión: enseñar a utilizar la inteligencia artificial de forma crítica, segura y responsable. Los alumnos trabajan no solo cómo formular una consulta, sino también cómo interpretar y verificar las respuestas y reconocer cuándo la información recibida no es suficiente o cuándo es necesario recurrir a un adulto o a un profesional.

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