1. Un cambio necesario
En esta oportunidad nos parece oportuno expresar una solicitud, que es a la vez anhelo y quiere ser una invitación. En el documento VaM se sigue utilizando una palabra que ha calado muy profundamente en casi todos los que somos parte de la comunidad de fe. Es un vocablo que tiene “siglos” de pronunciación y que, según se puede indagar en la semántica, busca “informar ideas” y que se atiene a un modelo de “emisor – receptor”, independientemente del lugar o espacio en que se realice: transmitir. Que muchas veces es comprendido como “el que enseña o da un contenido”.
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Ya hacia finales del s. XX y estos inicios del XXI, se está asumiendo un nuevo paradigma y que tiene vocablos que expresarían más profundamente la dinámica: proclamar, comunicar o compartir la fe.
Este modelo tiene como base la convicción profunda que el otro es un interlocutor, no un mero receptor y posee algunos elementos que, el movimiento catequístico viene siendo pionero desde mediados del siglo pasado:
- parte de la vida de los seres humanos. La comunicación es indispensable para que las personas nos entendamos entre nosotras. Gracias a la comunicación, podemos informarnos sobre un tema concreto, resolver nuestras dudas o dar nuestra opinión.
- Los papeles (roles) se intercambian. Durante el transcurso de una conversación, el emisor y el receptor intercambiar sus roles todo el tiempo. Quien habla, y por tanto quien transmite un mensaje, puede pasar a ser quien escucha (recibe el mensaje) en cualquier momento.
- Favorece la organización social. La comunicación sirve para que los ciudadanos puedan establecer acuerdos, reglas y normas que ayuden a conseguir una sociedad organizada y respetuosa(Comunicare – Diferencia de vocablos).
Hoy ya con el tiempo maduro de la reflexión teológica, evangelizadora, catequética, etc., es necesario hacer ese viraje de palabras por varios motivos, entre ellos, porque el mismo documento lo sugiere: se parte de una vida concreta que es amada hasta lo más hondo de su existencia:
#15. Llama especialmente la atención la forma en que Jesús proclama el evangelio del Dios que es amor para siempre y para todos. En su predicación son numerosas las referencias a la vida cotidiana de la gente, al reino de los animales y al mundo de los árboles, las plantas y las flores, al igual que abundan las referencias a los oficios de su época, a la preparación de la comida y a los juegos de los niños. Jesús muestra también un notable conocimiento del uso de los números y recurre con frecuencia a la construcción de edificios o a los fenómenos meteorológicos; conoce las monedas de su época y está profundamente familiarizado con los distintos grupos religiosos presentes en aquel momento y vinculados de diversas maneras al judaísmo. Es, sin duda, un hombre que “mira” con plena atención e invita constantemente a todos a “mirar” con la misma mirada el entramado de la creación y de la historia humana. Esta es, en verdad, su certeza inquebrantable; cuando el corazón está libre de todo egoísmo y de preocupaciones inútiles, se pueden reconocer las huellas del amor de Dios incluso en el acontecimiento más pequeño y aparentemente insignificante (Lc 12,22-34), y es precisamente este mismo amor el que lo lleva a expresarse a través del lenguaje de la vida cotidiana de la gente (DDF – VaM, 2026).
Transmitir es un vocablo de otra época… necesitamos hacer modificaciones que superando el simple “cambio de palabras”, nos permitan más acabadamente seguir creciendo en ese amor que tanto nos desborda. Sabiendo siempre que un vocablo nuestro no agota la anchura del amor Trinitario revelado por el mesías nacido en Palestina.
2. Una fe dinámica y dinamizadora
En VaM podemos percibir una perspectiva que se viene realizando desde el documento de Medellín y que en Aparecida se ha hecho patente cuando se afirmó: “La Iglesia crece no por proselitismo sino por ‘atracción’: como Cristo ‘atrae todo a sí’ con la fuerza de su amor” (CELAM – DA, 2007)(#159). En ambas expresiones descubrimos y profundizamos, que la fe “alumbra”, da a luz, vitaliza la existencia.
Creer es consecuencia de descubrir que somos amados y amantes y, por lo tanto, interlocutores con quien nos amó primero. Como expresó el ex obispo de Roma, “fuimos primereados en el amor” (Francisco – EG, 2013) y que ya se venía iterando desde el Concilio Vaticano II: “fuimos creados por amor” (Concilio Vaticano II – GS, 1965)(#19).
La fe al dar a luz (alumbrar), hace visible lo comunicado, se transforma en iluminadora, porque configura a los creyentes en personas dinámicas: por eso somos los seguidores del Dios caminante y peregrino (VaM #14).
En la “organización” de los capítulos del documento volvemos a repasar por el corazón: que lo medular es el amor de Dios manifestado y revelado en plenitud por Jesús. Que esa fe, es decir, esa certeza más honda, es luz. Un “alumbramiento” en medio de la vida y de la existencia. Sobre todo, en esos momentos en donde se estaba como “perdido”, es ahí, donde Dios sigue acompañando y “visitando a su pueblo…. gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente, para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz (Lc. 1, 68; 78-79).
Justamente luego del “Amor de Dios y de la fe que es testimonio de la luz del mundo”, el documento comienza con las indicaciones pastorales, lugares donde se comunica la fe y los contextos cambiantes que requiere de quienes evangelizamos y catequizamos un “barajar y dar de nuevo”. En primer lugar volver a pasar por el corazón (memoria agradecida) “la fe de la iglesia que nos gloriamos de profesar en Jesucristo nuestro señor” (Ritual del Bautismo). En segundo lugar, re-asumir que ya no hay fronteras comunicacionales, sino oportunidades “que ofrece el Espíritu Santo en el contexto actual de cambio de época, se encuentra, de hecho, la de una adhesión a la fe más consciente y convencida, tal y como sostienen los obispos belgas: se trata de una ocasión positiva para permitir que las personas elijan conscientemente profundizar en su propia fe” (VaM #63). Es decir, “Vino nuevo en odres nuevos” (Lc. 5, 37-39).
3. Intuiciones de Frans
Retomando el camino recorrido, queremos seguir haciendo memoria de un testigo apasionado de la comunicación de la fe que hace eco en la vida (catequesis). Quienes leen estas columnas, ya saben a quién nos referimos: Frans De Vos. El motivo de esta memoria, es no solo presentar sus intuiciones sino poder percibir la acción de Dios en tantos rostros y valorar su constante “presencia” que va tejiendo el tramado eclesial con mucho y diversos aportes. Por otro lado, es para ayudarnos a tomar conciencia que la evangelización y la catequesis de las personas y los pueblos viene siendo “alumbrada por Dios” antes que nosotros lleguemos a la vida (Torres Queiruga, Andrés, 2008). Frans, padre de la catequesis renovada en Argentina, es un testigo del Evangelio y del Concilio Vaticano II, dentro de la corriente de gracia que es el movimiento catequístico y que tiene tantos rostros que han dado a luz en muchas personas lo que hoy nos recuerda VaM.
a. Catequesis es comunicación:
Una perspectiva que podemos encontrar en el libro “Temas prácticos para los catequistas”, es:
“Es en la mitad del siglo precedente que se empezó a llamar encuentro a la reunión de catequesis. La razón era que, dentro del gran movimiento de renovación catequística, se descubrió que la catequesis no transmite solo doctrina cristiana (esto sería lo que hace una clase) sino que pone en comunión personal con Jesús y también con los otros catequizandos. Esta reunión es alegre y familiar que se distingue de una clase no solo por el nombre sino también por la alegría, la libertad y el amor mutuo” (De Vos, Frans, 2004).
b. Catequesis que educa desde el amor de Dios
“la catequesis tiene como finalidad, hacer crecer desde la fe porque ella es educadora, por tal motivo es necesario “discernir cuando un lenguaje concreto es verdaderamente catequístico (…) Cualquier palabra que llegue al hombre en su situación concreta y lo impulse a encaminarse hacia Cristo es una palabra catecumenal” (De Vos, Frans, 2002).
Por eso el documento VaM habla de “cambios epocales” que requieren “cambios de lenguaje” para hacer vibrar en los corazones creyentes la fuerza y el dinamismo de una comunidad animada por la gozosa presencia del Espíritu.
c. Catequesis kerygmática
Si bien no es un aporte novedoso en la cosmovisión en la vida de la Iglesia, el movimiento catequístico influenciado por el Concilio Vaticano II, con Frans como guía, nos recordaban desde el I Congrego Catequístico en Argentina y luego en II Congreso esta verdad de fe:
Creemos y anunciamos a Cristo liberador como centro del mensaje. En Jesucristo, Hijo de Dios hecho Hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y la misericordia de Dios… Salvación que comienza ciertamente en esta vida pero que tiene su cumplimiento en la eternidad. El Hijo de Dios hecho Hombre es y será “signo de contradicción” en su persona, en sus gestos y palabras. Jesús el Señor, en su Misterio Pascual, vive hoy en nuestra historia (CEA – JEP, 1988) (#33).
Convicción profunda de la iglesia que VaM vuelve a recordar (memoria agradecida):
#73 Esto hace que el kerygma, el anuncio fundamental de la fe, exija en quien lo acoge una respuesta que no se limita al nivel intelectual, sino que involucra toda la existencia en la acogida de la llamada que Dios hace a la persona a compartir su propia vida. Precisamente porque no se limita al ámbito meramente cognitivo, sino que está dotada, por así decirlo, de un alcance existencial, dicha respuesta es, por su propia naturaleza, un acontecimiento de salvación: Si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo (Rom 10,9).
(continuará)…
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Bibliografía
CEA – JEP. (1988). Juntos para una evangelización permanente. CABA: Oficina del Libro.
CELAM – DA. (2007). Documento de Aparecida. CABA: Oficina del Libro.
Comunicare – Diferencia de vocablos. (s.f.) Obtenido de 2026: https://www.comunicare.es/
Concilio Vaticano II – Gaudium Et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
DDF – Venite ad me (2026). Obtenido de https://www.vatican.va/
De Vos, Frans. (2002). Pensar la Catequesis. CABA: Claretiana.
De Vos, Frans. (2004). Temas prácticos para la catequesis. CABA: Claretiana.
Francisco – Evangelii Gaudium (2013). Obtenido de https://www.vatican.va/
Ritual del Bautismo (s.f.). Obtenido de https://www.curas.com.ar/
Torres Queiruga, Andrés. (2008). Repensar la revelación. La revelación divina en la realización humana. Madrid: Trotta.

