Se ha criado toda una generación de gente arrebatada y disparada, veloces y furiosos, ‘Fast & Furious’, como diría la popular saga de películas. Como si se desencadenara una Guerra Z, quienes se sienten hundidos y abandonados por el sistema se levantan como zombis socialmente muertos para romper cristales y apropiarse de uno de los objetos de lujo que les insultan desde los escaparates. Y es que hemos dejado de esperar de la verdadera fuente de donde mana la dignidad del ser humano.
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Se busca la depresión cultural de quienes puedan ejercer una oposición a la demolición de la civilización de los Derechos Humanos, el desmontaje del contrato del Estado de bienestar y la disolución de la ONU, los tribunales internacionales o la Unión Europea. La depresión cultural es la gran vía para la desmovilización y desactivación de la población: bien por el sentimiento de impotencia, bien porque se unan al extremismo y los discursos de odio. En ambos casos está operando la desesperanza.
Decenas de estudiantes en la plaza Catalunya de Barcelona, durante una protesta convocada por redes sociales que derivó en incidentes y enfrentamientos con los Mossos d’Esquadra. Foto: EFE/Alberto Estévez
El político demócrata James Talarico denuncia que hay una economía de la ira en la que las grandes corporaciones mediáticas se benefician de alentar al odio y el antagonismo gratuito.
Economía de la desesperanza
Podríamos añadir que existe una boyante economía de la desesperanza que gana millones de dólares por hora suscitando la sensación de abandono, la autolesión y la autodestrucción, la depresión, la ansiedad y la falta de atención, el desespero frente a cualquier actividad que no sean espirales de victimismo, el consumo de anabolizantes psíquicos y simulaciones de sociabilidad.
La desesperanza es fabricada industrialmente y respondida por consumismos adictivos que solamente la cavan más hondo para aumentar nuestra dependencia. No es economía, sino ‘destructonomía’.
Lo más revolucionario es volver a esperar de la gente, incluso de los adversarios y de quienes corren veloces y furiosos extendiendo la noche.
