“A toda la sociedad le pedimos que no olvide esta tragedia y que no vuelva a repetirse, que no vuelvan a repetirse estas tragedias. Que aprendamos a cuidar más la vida”. Con estas palabras, el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro concluyó la homilía del funeral que presidió esta mañana en la parroquia de San Juan Bautista, ante la imagen del Cristo de la Vera Cruz de Urda. Junto a él, concelebraron la eucaristía por las víctimas de la tragedia ferroviaria el obispo auxiliar de Toledo, César García Magán, y el obispo de Albacete, Ángel Román, además de sacerdotes llegados desde toda la región.
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Además de familiares de los fallecidos, también se encontraban en el templo el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, así como los alcaldes de Los Yébenes y de Urda.
Oleada de solidaridad
El arzobispo puso en valor “una auténtica oleada de solidaridad” que ha contemplado a través de la ejemplaridad de los servicios de emergencia, la solidaridad de los vecinos, la cercanía del mundo entero a través de sus mensajes y la entrega de la Iglesia. En concreto, elogió la labor realizada por los párrocos de Urda, Los Yébenes y Madridejos en la zona cero, el papel de los capellanes en el hospital y el apoyo de los psicólogos de Cáritas…
“Muchos de vosotros, que estáis aquí, cogisteis el coche en los primeros momentos y allí os presentasteis. No sabíais lo que os podíais encontrar, pero allí fuisteis, quizás impulsados por un Cristo, una imagen centenaria y una devoción que nos consuelan cuando ya no quedan lágrimas en nuestro corazón”, remarcó Cerro.
Centinelas de esperanza
Y en voz alta, reflexionó: “¡Cuántos centinelas de esperanza ha suscitado esta tragedia! ¡Cuántos abrazos dados! ¡Cuánto deseo de estar ahí, sosteniendo a tantos y tantos que han vivido en carne viva esta inmensa realidad, sabiendo que llegará la luz de un nuevo día!”.
Emiliano García-Page y el alcalde de Urda, en el funeral por las víctimas del accidente ferroviario. Foto: Efe
Cerro relató cómo la Casa Diocesana del Buen Pastor de Toledo se ha convertido en el hogar de los familiares de los fallecidos, y desveló que las misas que se están celebrando en la capilla “están siempre llenas”.
El grito de las lágrimas
El pastor vertebró su homilía en torno al salmo ‘Desde lo hondo a ti grito, Señor’ y a la veneración popular al Cristo de Urda. Para Francisco Cerro, “es el grito de quienes todavía se encuentran en los hospitales, de quienes esperan noticias y de quienes han visto cómo toda su vida ha cambiado en unos instantes. Es el grito de toda una sociedad, en España y en todo el mundo, profundamente conmovida por esta tragedia ferroviaria entre Urda y Los Yébenes”. “Es el grito que nace de las lágrimas de tantas familias, de tanta gente que está sufriendo. Es el grito de tantas familias que han perdido a sus seres queridos y que, como el salmista, se preguntan: ‘Señor, ¿por qué?’”, planteó.
A partir de ahí, comentó que “no nos ha prometido el Señor que no tengamos cruces, noches oscuras, sufrimientos, enfermedades ni muertes, pero sí nos ha dicho que no estaremos solos ni un instante si estamos siempre con Él”.
¿Qué decir a las familias?
“Creemos que nuestros hermanos fallecidos no han desaparecido en la nada: siguen con nosotros. Tenemos que recordarlos todos los días, no solamente durante unos momentos, en un funeral”, apuntó el arzobispo, sabedor de que en muchas ocasiones las palabras sobran cuando se intenta consolar al otro: “¿Qué voy a decirles yo a los familiares cuando se acerquen fiestas y momentos en los que no olvidarán ni un instante a las personas que han llevado en el corazón y que ya no están con nosotros?”.
“Sabemos que no siempre hay palabras que consuelen. Es verdad que hay cosas que, incluso desde Dios, no se entienden”, apuntó. Pero justo después, aseveró que “si quitas a Dios, no se entiende nada”. “Él nos acompaña en todas nuestras dificultades y en nuestra muerte”, defendió. Y dio un paso más en su plegaria: “Cristo de Urda, no permitas que ninguno de nosotros se sienta solo en estos momentos”.
Dejadnos ayudaros
Desde ahí, hizo un llamamiento a las familias de los enfermos y fallecidos: “Queremos ayudaros a encender luces de esperanza. Dejadnos ayudaros”. Desde la labor de acompañamiento que está realizando, expuso que “no he visto a nadie en estos días que, cuando nos hemos acercado, no nos lo haya agradecido”. “Nosotros nunca imponemos nada, solo ofrecemos, sabiendo que Jesucristo es lo mejor de la vida y que perderse a Jesucristo es perderse lo mejor de la vida”, compartió en su homilía.
Desde la fe, se dirigió a los familiares una vez más: “Si os encomendáis a vuestros seres queridos que han muerto, estoy seguro de que ellos, desde el cielo, os ayudarán. Estoy seguro de que, desde el cielo, seguirán cuidando de vosotros, como tanto os han cuidado aquí”.
“Queridas familias de los damnificados en el accidente ferroviario: no estáis solas. La sociedad, lo mejor de la sociedad, está con vosotros. Está con vosotros la Iglesia de Toledo, que ha abierto todo su corazón y lo seguirá abriendo”, remató.
