El papa León XIV tuvo esta mañana dos audiencia y pronunció dos discursos de distinto tono pero con un hilo común: la invitación a mirar más allá de lo inmediato, ya sea para reconstruir un territorio herido o para entender el deporte como camino de santidad.
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Reconstruir con “visión”
En el Palacio Apostólico, el Papa se dirigió a los delegados de los municipios del centro de Italia golpeados por los seísmos de hace una década. “Han pasado diez años de la trágica secuencia de terremotos que golpeó vuestras zonas”, recordó, unos hechos que causaron “cientos de víctimas, ingentes destrucciones y profundo dolor en comunidades enteras, que todavía hoy llevan sus heridas”.
León XIV ofreció una clave bíblica tomada del libro de Nehemías, que cita la encíclica ‘Magnifica humanitas’. De él extrajo un “doble enfoque”:
- Primero, el comunitario: la ciudad “renace no por la obra de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo”.
- Segundo, la necesidad de una visión: “En casos tan dramáticos no basta con alimentar buenas intenciones o confiarse a un voluntarismo desordenado. Para reconstruir es necesario adquirir ojos capaces de vislumbrar en una ruina el proyecto de una casa y de una ciudad”.
Se trata, explicó, de “un don de una mirada profética que sepa captar, más allá de los escombros, algo que nadie ve todavía”, una mirada “que sepa discernir, dentro del mal presente, el bien que es posible y obligado realizar”. Por eso animó a retomar el camino combinando “el enfoque sinodal para construir juntos” y “la visión profética”.
El pontífice recurrió además al ejemplo de los santos de la región: santa Rita de Casia y san Nicolás de Tolentino, que “con la oración y el anuncio del Evangelio llevaron paz a familias y comunidades devastadas por el odio y la violencia”, y san Benito, que reformó y reconstruyó la Iglesia y la sociedad “mediante la oración y el trabajo”. Evocó también a san Francisco de Asís, a 800 años de su Tránsito (al cielo), y las palabras que oyó ante el crucifijo: “Ve y repara mi casa, que, como ves, está toda en ruinas”.
Tras las ruinas
Pero, advirtió, la esperanza “necesita ante todo respuestas tangibles y urgentes”. Por ello pidió “emplear toda energía para que la reconstrucción material se realice en el menor tiempo posible, con seguridad y de forma transparente”.
Citando al profeta Ageo, señaló que “no se puede recomenzar sin reconstruir antes lo que da sentido y fundamento a una comunidad; de lo contrario, todo queda desunido y se desmorona”. La consigna es “volver a partir desde el centro”, es decir, “desde Dios, desde las personas, desde el bien común, desde las relaciones”. Solo así, añadió, “nuestra esperanza estará fundada sobre la roca”. Concluyó con las palabras del profeta: “¡Ánimo, pueblo entero del país, dice el Señor, y manos a la obra, porque yo estoy con vosotros!” (Ag 2,4).
El deporte, “medicina para el cuerpo y para el espíritu”
Tras esa primera audiencia, en el Aula Pablo VI, el Papa recibió a estudiantes, profesores, personal, antiguos alumnos y colaboradores de las universidades Villanova –la que es su ‘alma mater’– y de Notre Dame, con sus presidentes, los sacerdotes Peter Donohue y Robert Dowd. Aludió con cercanía a los partidos de baloncesto que sus equipos disputarán mañana, y vio en el entusiasmo que despiertan “el potencial del deporte para desempeñar un papel de gran influencia tanto en la vida de una comunidad académica como en la sociedad en general”.
León XIV recordó que la Iglesia, sobre todo por boca de los papas, “ha propuesto una visión del deporte centrada en la dignidad de la persona humana, en su desarrollo integral, en la educación y en las relaciones con los demás”, como medio para promover “la fraternidad, la solidaridad y la paz”, señaló citando al carta apostólica ‘Vida en abundancia’, del 6 de febrero de 2026). Y citó una frase suya de junio: “El deporte es medicina para el cuerpo y para el espíritu, cuando se practica bien”.
Según el Papa, el deporte, “como medio concreto de reunir a las personas”, enseña cooperación y generosidad, algo “cada vez más necesario en una época marcada por la distancia que puede crear la tecnología”. Sobre la rivalidad, pidió recordar que “en cualquier competición los miembros de dos equipos, incluso cuando existe rivalidad competitiva, ciertamente no son enemigos”, y deseó que jugadores y aficionados de ambos equipos “puedan conocerse” durante su estancia en Roma.
Fiesta de Todos los Santos
La audiencia coincidió con la víspera de Todos los Santos, y el pontífice recordó que “Dios llama a todos a ser santos” y que cada aspecto de la vida, “incluidos nuestros esfuerzos deportivos”, debe ayudar a amar a Dios y al prójimo. Puso como ejemplo al italiano Pier Giorgio Frassati, patrón de los deportistas, y resumió: “Nadie nace campeón, como nadie nace santo. La santidad requiere, más bien, un entrenamiento diario en el amor”.
Por último, pidió que la visita a las tumbas de los Apóstoles sirva para recordar que “nuestra verdadera meta, más allá de salir victorioso en cualquier prueba, es ganar el premio de la vida eterna”. Encomendó a los presentes a la Virgen, a san Agustín, a santo Tomás de Villanueva y al beato Basilio Moreau, y les impartió su bendición apostólica.
