Adalberto Jiménez: “No aceptamos donativos de las petroleras”

Adalberto Jiménez, obispo de Aguarico, en Ecuador
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En nuestro reciente viaje a Ecuador junto a Manos Unidas, Vida Nueva ha tenido la oportunidad de visitar el Vicariato Apostólico de Aguarico, en Francisco de Orellana, la capital de esa región amazónica.



Allí, en un entorno marcado por la belleza, está muy viva la memoria de Alejandro Labaka e Inés Arango, un obispo y una religiosa capuchinos que fueron asesinados en 1987 al tratar de contactar con el pueblo indígena Tagaeri cuando intentaban protegerle de las amenazas de una petrolera, confundiéndoles la comunidad local con agresores. Ahí mismo ha tenido un cálido encuentro con el obispo, el también capuchino Adalberto Jiménez.

PREGUNTA.- Nos comentaba que acaba de celebrar la misa en quichua. ¿Hasta qué punto ha configurado su vocación inculturarse con toda el alma en la identidad amazónica indígena?

RESPUESTA.- Desde siempre, al estudiar en un colegio capuchino, me ha impactado el testimonio del obispo Labaka. De hecho, hice mi tesis sobre su muerte. Luego, ya en la congregación, la identidad misionera es evidente. Pero todo fue a más cuando, hace casi una década, Francisco me encargó pastorear esta diócesis.

Siendo obispo, supe que tenía que involucrarme mucho más en un territorio y una cultura que tienen mucha vida, pese a estar amenazados de muerte y sufrir un intento de exterminio por contaminación medioambiental. Desde esa conciencia, siempre he querido que mi pastoral tenga un claro componente social. Para mí ha sido un proceso, pues he tenido que aprender a estar en esta cultura desde una actitud básica de respeto.

Adalberto Jiménez, obispo de Aguarico, en Ecuador

Adalberto Jiménez, obispo de Aguarico, en Ecuador. Foto: Miguel Ángel Malavia

Desde ahí, he ido teniendo claro que no se puede transigir con las petroleras. Al principio, aceptábamos donativos para ciertas infraestructuras u obras sociales, pero llegó un momento en el que vi que lo hacían para luego poder presionarnos y que calláramos ante ciertas cuestiones.

Así que tomé la decisión de no aceptar absolutamente nada de las petroleras ni de las mineras. Es su trampa para poder atropellar a los pueblos y a la naturaleza y pretender que estemos callados. Pero ya no entramos en ese juego.
En cuanto a lo que decíamos al principio, cuando celebro la eucaristía según el rito de alguno de nuestros pueblos originarios, siempre lo hago respetando su tradición, sin invadirles. Soy consciente, como nos decía Francisco, de que estos pueblos son “tierra sagrada” y hemos de adentrarnos en ellos “descalzos”.

Cambio desde Roma

P.- Bergoglio marcó el camino a la hora de que la Iglesia universal pusiera la mirada en la Amazonía, en la ecología integral y en la defensa de los pueblos indígenas. Ahora, León XIV, forjado en Perú, continúa esa senda. ¿Cómo valoran ese respaldo desde Roma?

R.- Francisco fue decisivo en ese cambio. Cuando me nombró obispo, le visité y le llevé un folleto de Labaka. Me dijo: “Cuida de la selva y de su gente”. Consciente de que hay misioneros del Vicariato que están amenazados, el Papa también me pidió esto: “Actuad con astucia y prudencia, pero no se puede callar”.

Todos los lunes, Txarly Azcona, un capuchino español que lleva aquí más de 40 años, organiza una protesta en el Vicariato en la que, de un modo meridiano, la gente pide “que salgan las mineras”.

Él ha conseguido una sentencia judicial para que se tengan que quitar los ‘mecheros’ petroleros contaminantes, pero han pasado cinco años y esta no se aplica. Aunque nadie se rinde y la lucha continúa. No podemos hacerlo, no podemos mirar para otro lado.

P.- ¿Cómo encarna la Iglesia ese compromiso con la gente más allá de los mensajes públicos y privados?

R.- Pongo un ejemplo concreto: el 7 de abril de 2020, se rompió una tubería y se derramaron 15.000 barriles de petróleo por toda Orellana. Fue un desastre inmenso. Los vicariatos amazónicos locales, tanto el de Sucumbíos como el nuestro, nos unimos en una acción legal ante el Estado y las petroleras.

Pero, al final, nuestro abogado en la demanda se vendió ante los intereses de estas… Por su incomparecencia, el juicio quedó aparcado. Fue tal el escándalo que el juez del caso fue castigado. Aunque ya llevamos un año con el nuevo juez y sigue sin haber juicio. Como vimos en el que ganó Azcona, la Justicia en Ecuador está manipulada.

Contra la violencia machista

P.- Otro de los ejes de su acción es la defensa de las mujeres que sufren la violencia machista…

R.- Efectivamente. Aquí en Orellana, apoyamos a la Casa Paula, un hogar de acogida para víctimas de la violencia de género. Es muy duro, pero en esta región contamos con el índice de feminicidios más alto del país. He conocido historias desgarradoras, como la de una chica de confirmación que era abusada por un padrastro que ni siquiera era el actual, pues hay casos de mujeres con seis hijos de cuatro padres. Por el machismo imperante, la mujer es la más vulnerable.

P.- ¿Qué otras realidades le preocupan?

R.- Partiendo de la raíz de que sufrimos una respuesta política grosera e inmoral en relación a la Amazonía, que se ve como un territorio a depredar, una consecuencia es el abandono que sufre la población local.

Lo hemos visto cuando el Gobierno ha convocado una consulta para implementar un proyecto extractivista y el pueblo Yasuni ha respondido con un “no” rotundo, pero se le ha ignorado.

Mural de Alejandro Labaka e Inés Arango en Orellana

Mural de Alejandro Labaka e Inés Arango en Orellana. Foto: Miguel Ángel Malavia

A la misma Iglesia se nos prohíbe usar las palmas para el Domingo de Ramos, con amenazas de hasta tres años de cárcel… Y vemos cómo por aquí pasan camiones llenos de madera, fruto de una deforestación sin control.

Otro déficit es la falta de educación. Aquí, los únicos que la promueven son los misioneros, pero echamos de menos una Universidad estatal en este territorio. La consecuencia es la fuga de cerebros, siendo muchos los jóvenes que se van y no vuelven.

La REPAM y la CEAMA, claves

P.- A nivel eclesial, ¿cree que la voz comprometida de la Iglesia está asegurada para el presente y el futuro?

R.- Una gran herencia del pontificado de Francisco fueron dos instituciones fundamentales: la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) y la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA). En cuanto a la primera, su semilla nació en Ecuador, bajo el impulso del cardenal Pedro Barreto, y esto es un gran orgullo para nosotros.

Todo surgió de la conciencia de que todos los territorios amazónicos, en hasta nueve países diferentes, tenemos problemáticas similares. Y luego llegó el respaldo definitivo con el Sínodo de la Amazonía, donde fue clave el cardenal brasileño Cláudio Hummes. Por cierto, fue un gran acierto que se celebrara en Roma, pues visibilizó un abrazo del centro a la periferia.

Hay que reconocer que la pandemia rebajó un poco esa efervescencia, y también fue dura la muerte de Francisco. Pero estamos muy contentos con León XIV, quien, con otro estilo, está con nosotros. Ahora, el reto es volver a recuperar ese impulso y no encerrarnos en la comodidad de la sacristía. Ese sería todo un pecado. Así que hay que mantener esa sana tensión.

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