¿Inmigrantes o invasores?


Desde el 30 de julio pasado, lo ocurrido en Ceuta se ha prestado a ser analizado desde diversos puntos de vista. Uno de ellos es el terminológico, que no carece de interés: la avalancha de aquellos que entraron en Ceuta, ¿era de inmigrantes ‒o “migrantes”, como se les suelen llamar ahora (no sé por qué razón)‒ o de invasores? Porque la denominación no es inocua. (El 17 de septiembre, el Parlamento europeo aprobó una resolución en la que se denomina a Ceuta como “ciudad invadida”, y el 29, el rey Felipe habló de “intrusión masiva”.)



En el Nuevo Testamento hay una palabra que se ha utilizado para referirse a alguien que llega, una palabra, además, cargada de sentido teológico: ‘ho erchómenos’, “el que viene” o “el que llega”. En efecto, en Mt 21,9 leemos cómo se acoge a Jesús cuando va a entrar en Jerusalén: “Y la gente que iba delante y detrás gritaba: ‘¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!’” “Bendito el que viene” es la forma hebrea para decir “bienvenido”. Pero en el texto mateano sin duda se trata de una cita del Antiguo Testamento: “Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor” (Sal 118,26).

Migrantes Tarajal

Varias decenas de migrantes han huido por los montes próximos a la frontera del Tarajal en Ceuta tras la actuación de la Policía Nacional en este entorno. Foto: EFE/ Reduan

Desde la cárcel, Juan Bautista envía a sus discípulos para que pregunten a Jesús si es él “el que ha de venir” o han de esperar a otro (Mt 11,3; Lc 7,19).

Sin embargo, en Ap 1,4-5 encontraremos un cambio importante. Así leemos: “Juan a las siete Iglesias de Asia: gracia y paz a vosotros de parte del que es, el que era y ha de venir; de parte de los siete espíritus que están ante su trono; y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra”. Es evidente que el título “el que ha de venir” le corresponde no a Cristo, sino a Dios.

Palabras con sentido

La idea queda reforzada porque ha sido unido a una alusión al libro del Éxodo (en su versión griega): “Dios dijo a Moisés: ‘Yo soy el que soy [= él es el que es]; esto dirás a los hijos de Israel: Yo soy [= él es] me envía a vosotros’” (3,14). En Ap 4,8 se vuelve a repetir el título y su adjudicación divina: “Los cuatro vivientes, cada uno con seis alas, estaban llenos de ojos por fuera y por dentro. Día y noche cantan sin pausa: ‘Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso; el que era y es y ha de venir’”.

Por tanto, estamos ante un título que le cuadra perfectamente tanto al Padre como al Hijo. Sería algo semejante a como cuando los cristianos de los orígenes denominaron a Dios Padre y a Jesucristo con el título “Señor”, otorgándoles igual dignidad a la vez que diferenciaban sus “personas”.

Las palabras no son inocentes, ya que están cargadas de sentido: de un sentido o de otro. Convendría que fuéramos lo más precisos posible al utilizarlas si queremos ser claros en lo que queremos decir.