—¡No se pueden quedar a dormir en el atrio de la iglesia!—. Fue la frase que pronunció el sacerdote encargado de la parroquia. Todos nos miramos sin entender muy bien qué era lo que estaba sucediendo, aunque internamente nos preguntamos si esa era la mejor forma de resolver el problema. Se hizo un silencio, nadie dijo nada y de pronto, el sacerdote comprendió que sus palabras estaban siendo muy duras para la familia que le había pedido quedarse en ese lugar.
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Eran las vísperas de la fiesta patronal y había una gran cantidad de personas, algunas trabajaban en diferentes actividades para que la celebración que convocaba a cientos de personas en un par de días saliera lo mejor posible. Así que, continuamos con nuestro recorrido para confirmar las diferentes actividades de cada uno de nosotros; sin embargo, esa frase y actitud del sacerdote sigue resonando en mi mente y vaya sucedió hace ya algunos años.
Especialmente en mi corazón, sigo sin comprender la reacción del presbítero, a lo mejor por experiencias anteriores, o simplemente por los ánimos del momento, realmente no entendí su proceder. Simplemente se negó a ofrecer ayuda sin dar opciones. ¿Qué habrá sucedido con aquella familia? ¿Dónde habrán pasado aquella noche?
Mirar con amor al necesitado
Hay tantas preguntas que no pude resolver y años después siguen haciendo eco en mí. A veces nos complicamos de más y nuestra manera de resolver los problemas no son de forma asertiva, cuando pensar un poco en cómo involucrarnos haría la diferencia. A veces mi prójimo aparece en los momentos más difíciles y no queremos mirarlo, no deseamos involucrarnos, para decirlo de otra forma: nos incomoda.
Pero es ahí, en esos instantes cuando debemos mirar con misericordia a quien necesitamos ayuda y tratar de involucrarnos, hacer parte su sufrimiento. Cuánto se pudo haber hecho aquella noche en el atrio, tal vez era una oportunidad para mirar con amor al necesitado y cuánta enseñanza evangélica con un acto tan sencillo hubiéramos aprendido, pero no sucedió así.
Tampoco es una crítica al sacerdote, seguramente sus motivos habrá tenido para responder de esa manera tan tajante, personalmente me faltó una explicación respecto a su decisión, eso habría hecho la diferencia. Lo que vivimos en esos breves segundos, estoy seguro que para algunos de los que estábamos ahí quedó en el olvido.
A diferencia de mí, que recuerdo aquellas palabras como una forma de poder dar a conocer el amor de Dios en situaciones complicadas. «Lleven los unos las cargas de los otros, y así cumplirán la ley de Cristo». Gálatas 6, 2.

