Martin Sheen (Dayton, Ohio, 1940) ―hijo del inmigrante gallego Francisco Estévez― es uno de los actores estadounidenses más respetados y emblemáticos de su generación. Reconocido tanto por su polifacética trayectoria interpretativa como por su continuado compromiso social, político y pacifista. Sus actuaciones han alcanzado la máxima excelencia en películas legendarias como ‘Badlands’ (Malick, 1973), ‘Apocalypse Now’ (Coppola, 1979) o la serie ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ (Sorkin, 1999-2006).
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
El actor Martin Sheen es también uno de los católicos más significativos de Estados Unidos, con una profunda experiencia de Fe: “Soy católico practicante. Amo la fe… La creencia de que Dios se hizo hombre… ¡eso es genial! Y que Dios eligiera habitar donde menos lo esperaríamos: dentro de nosotros mismos y de los demás. Me encanta la genialidad de Dios en nuestra humanidad. La genialidad de Dios reside en habitar donde menos esperaríamos: en lo más profundo de nuestro ser, en nuestra propia superficialidad, nuestra propia oscuridad, nuestra propia humanidad” (The Hollywood Reporter, 30 de agosto de 2015).
Tras un periodo juvenil de alejamiento de la Fe, viajó a la India, donde contempló el servicio de la madre Teresa de Calcuta a los pobres, lo cual le trastocó. De regreso a Occidente, recaló en París, donde se encontró con el cineasta Terrence Malick, quien se convirtió en su consejero espiritual. Finalmente, relata Martin, “volví al catolicismo. Y fue el momento más feliz de mi vida, porque supe que había vuelto a casa, a mí mismo. De una manera muy personal, esta satisfacción ha perdurado todos estos años. Todavía estoy en la luna de miel [ríe] ¡Quién lo diría!”.
Su experiencia religiosa es honda y la ha razonado con frecuencia en muy distintos foros y diálogos. “Todos anhelamos saber que somos amados; una certeza sobre nuestra existencia que nos une a toda la humanidad, a todo el universo; que, a pesar de nosotros mismos, somos amados. Y cuando te das cuenta de eso y lo aceptas, empiezas a mirar a los demás y puedes ver con claridad quién, a tu alrededor, sabe que es amado y quién no. Y eso marca la diferencia. Y comencé a dar gracias y a alabar ese amor”.
“La gente suele decir que emprende un viaje —y yo también— que busca a Dios. Pero en realidad, Dios ya nos ha encontrado. Tenemos que buscar donde menos lo esperamos: dentro de nosotros mismos. Y cuando encontramos ese amor, esa presencia, en lo más profundo de nuestro ser —no es algo que se pueda ganar ni por lo que se pueda trabajar, sino simplemente la comprensión de ser humanos, de estar vivos, de ser conscientes—, ese amor es abrumador. Y esa es la base de la alegría. Y nos volvemos increíblemente alegres. Y luego lo vemos en los demás, y buscamos despertar ese amor en ellos. No se puede obligar a nadie a darse cuenta de que es amado, pero se le puede demostrar. Y la mayor parte del esfuerzo que hacemos consiste simplemente en vivir nuestras vidas, siendo compasivos, amorosos y respetuosos, y sirviendo a los demás. Eso es lo que alimenta ese amor. Es como devolver algo a cambio”.
En la fila para la comunión
En ocasiones su reflexión alcanza una gran intensidad, como cuando comparte su sentir sobre el momento en que está en la fila para la comunión en la iglesia. “Uno de los grandes misterios que experimento en la misa es la recepción en la comunión. ¿Cómo acogemos eso? ¿Cómo podemos comprender conscientemente lo que eso es? Y no tengo ni idea. Simplemente me pongo en la fila y digo: ‘Soy Ramón, me llaman Martín, su amigo. Son bienvenidos aquí. Y estoy con ellos’. [ ríe ] Sea quien sea la multitud con la que me pongo en la fila, simplemente miras a la gente que está en esa fila, esa comunidad. Esa es la expresión más grande y sencilla de intentar explicar abiertamente este misterio del que hablo, porque es un misterio. Probablemente sea el misterio más profundo de todo el universo, este amor. A veces me abruma ver a la gente haciendo fila para recibir ese sacramento. Es algo sumamente profundo. Nunca, jamás, podré superarlo. Es algo a lo que simplemente hay que entregarse. Y con solo decir: “Sí, estoy con ellos”, esa es la comunidad de los santos”.
Dos referentes
Martin Sheen es un creyente con un intenso compromiso social y cívico. “Todas las manifestaciones en las que he participado se han gestado, inspirado y llevado a cabo en este ambiente de alegría. Así que, cuando iba a una manifestación, sin importar el tema o la causa, siempre era con espíritu de oración y alegría. Nunca me lo tomaba como algo personal con los guardias, la policía o quienquiera que me arrestara. De hecho, recuerdo mi primer arresto con Dan Berrigan en Nueva York: protestábamos contra el nuclearismo.
Sheen cuenta una ocasión en que alguien le preguntó al jesuita Dan Berrigan: “Ah, sí, padre Berrigan, está muy bien que proteste contra la guerra de Vietnam y que decida ir a prisión. Usted no tiene hijos. ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Qué va a ser de nuestros hijos si vamos a prisión?”. Y Daniel Berrigan respondió: “¿Qué va a ser de ellos si no lo hacen?”.
Martin expresa una gran gratitud tanto a Berrigan como a Teresa de Calcuta: «Esa es la clase de inspiración que tuve que aceptar. Sí, Dan Berrigan me cambió la vida. A menudo he dicho que la Madre Teresa me hizo volver al catolicismo, pero Daniel Berrigan me mantiene allí [ríe]”. Si quieres conocer más sobre la fe católica de Martin Sheen, puedes consultar la entrevista en el programa radiofónico Being, del 16 de diciembre de 2015.
