El 23 de septiembre, debido a una comunicación que hizo llegar José Luis Rodríguez Zapatero a la Audiencia Nacional, se reactivó el asunto de sus joyas encontradas en una caja fuerte durante el registro de su despacho en la calle de Ferraz. Y de ese modo volvió a ofrecerse ante nuestros ojos la poderosísima imagen que deja la reputación del expresidente destrozada para siempre, incluso entre no pocos de sus correligionarios.
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En este sentido, la Escritura habla en algunas ocasiones de unas imágenes muy potentes que utilizaron los profetas para transmitir su mensaje. Nos referimos, evidentemente, a los llamados gestos proféticos, unas acciones que llevaron a cabo estos personajes bíblicos que unas veces apoyaban sus palabras, y otras, las requerían como explicación.
Gestos proféticos
Entre los gestos proféticos podemos destacar aquellos que implican la propia vida del profeta, como el matrimonio fallido de Oseas o la soltería de Jeremías. En este último caso, leemos: “El Señor me habló en estos términos: ‘No te cases ni tengas hijos e hijas en este lugar’, pues esto dice el Señor de los hijos e hijas nacidos en este lugar, de las madres que los han parido y de los padres que los engendraron en este país: ‘Tendrán una muerte miserable; no serán llorados ni sepultados. Servirán de estiércol para el campo. La espada y el hambre acabarán con ellos; sus cadáveres servirán de alimento a las aves y a las bestias’” (Jr 16,1-4).
Asimismo, en la profecía de Isaías podemos leer lo siguiente: “El año en que Sargón, rey de Asiria, ordenó a su general de campo que marchara contra Asdod, la asediara y la conquistara, el Señor dijo por medio de Isaías, hijo de Amós: ‘Ve, desátate el sayal de la cintura y quítate las sandalias de los pies’. Así lo hizo, y anduvo desnudo y descalzo. Y el Señor dijo: ‘Lo mismo que mi siervo Isaías anduvo desnudo y descalzo durante tres años, como signo y presagio para Egipto y Etiopía, así también el rey de Asiria conducirá a los desterrados de Egipto y a los deportados de Etiopía: jóvenes y viejos, desnudos y descalzos, las nalgas descubiertas: ¡infamia para Egipto!’” (Is 20,1-4).
Es verdad que, en muchos casos, una imagen vale más que mil palabras, aunque también es cierto que la realidad, por su hondura y riqueza, requiere de explicaciones y matices que una sola imagen seguro que es incapaz de ofrecer por sí sola.

