Acusados de inconsciencia


Aún hay adolescentes y jóvenes que confían en un sosegado encuentro para abrir el corazón. Hay conversaciones que no llegan a nada porque, por respeto y por no cruzar la libertad de su conciencia, no debemos hacer la pregunta adecuada en ese preciso momento. Pero los detalles, aparentemente sin importancia, son los que te van señalando el camino.



En los días del descanso estival, suelo releer libros que en su día me hicieron pensar. La novela de Jean Marie de Buck, ‘El silencio de un adolescente’ (1946), la leí por primera vez en octubre de 1980. Este verano he vuelto a abrirla y recrearme en ella.

Con Los Jovenes

Un sacerdote charla con un joven. Foto: Archivo Vida Nueva

Se trata de las conversaciones que Joel, de 17 años, tiene con su profesor, de los pensamientos de este confidente adulto, y la lectura del diario del joven adolescente, que vive en una larga búsqueda para encontrar el punto de apoyo donde descansar sin otro deseo, como él escribe. Y no daré más datos por si lo encuentras en algunos libros descatalogados.

Acompañamiento contemplativo

Cuando hablas con un joven, algunas veces, los diálogos se hacen eternos, porque parecen manantiales que dejan brotar pequeñas burbujas lentamente, y tú sabes que desean hablar pero no pueden, algo les bloquea. Otras, en cambio, fluyen como un río de aguas precipitadas. Al final, siempre llega el estuario de la tranquilidad. Lo importante es acompañar desde la orilla, de una manera contemplativa.

Es necesario no tirar piedras y colocarte dentro del círculo, como hizo Jesús con la pecadora, mientras escribía pacientemente en la arena en silencio y los acusadores ansiosos, desde fuera, esperaban la lapidación. Desde fuera, los acontecimientos y las personas se ven de otro modo y se juzgan injustamente. Quien esculpe en la piedra recuerda siempre el pecado, la arena se la lleva el viento, se llama perdón incondicional.

Paraísos perdidos

A veces, acusamos a estos jóvenes de inconsciencia porque tienen sus propios sueños que les mantienen vivos, mientras nosotros ya los hemos aniquilado. Los ideales de la infancia, nos conforman más de lo que creemos, por eso hablamos de paraísos perdidos. Muchos problemas de la edad adulta son problemas de adolescencia y juventud mal solucionados.

El Silencio De Un Adolescente

El porvenir es lo que nos preocupa, escuchamos a jóvenes en algún momento de nuestra vida, pero cuando especulamos el futuro, no se nos ocurre pensar en la posibilidad de que el destino puede deshacerse en mil pedazos, que la carrera llegue a su fin justo cuando empezamos a preguntarnos cómo será, como reflexiona el profesor de la novela. Al final, de una u otra manera, su destino es prescindir de nosotros, como no podía ser de otro modo. ¡Ánimo y adelante!

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