“Cristo mismo, a pesar de ser Dios,
“no retuvo ávidamente el ser igual a Dios,
sino que se despojó de sí mismo” (Fil 2, 6-7)
y nos enriqueció con su pobreza” (Cf. 2 Cor 8,9).
Una mentalidad sana, la vida feliz y una gran estabilidad son factores para estar bien, pero pensemos en la vida espiritual, no basta con asistir a actos litúrgicos, oraciones u otros lugares, si no tenemos paz en el corazón, que es lo más importante para vivir una espiritualidad auténtica y verdadera.
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La vida te da “bienestar espiritual”
Recordé el concepto de “bienestar espiritual”, porque tener mente sana, es tener cuerpo sano, tener un buen corazón es estar sano en todos los niveles de la vida. A veces nos resultara un poco misterioso y místico, pero en ese concepto se encierra el tener una buena actitud en la vida, disponibilidad y estar en paz con Dios, con uno mismo y con los demás.
En mi trabajo a diario, escucho muchas personas, a veces personas con poder adquisitivo, con gran influencia en distintos medios de TV y redes, personas exitosas, empresarios famosos y deportistas influyentes en las nuevas generaciones en su área, pero todo se encuentra marcado por la gran capacidad de levantarse, no una, sino varias veces en la vida, de resistir, de avanzar, de soltar y de recuperar las veces que sea necesario su paz interior, que en últimas es Dios guiando la vida de cada uno de nosotros.
El estilo de vida
Todos tenemos un estilo propio, venido de nuestras raíces, de nuestra cultura, algunos heredados y otros adquiridos a lo largo de la vida, pero por ejemplo para tener una salud óptima y satisfactoria, nos exige una disciplina, hacer ejercicio todos los días, eso se logra con esfuerzo y capacidad que tenemos de crear hábitos. Cuanto más la vida espiritual, no ser conformistas sino crear momentos de oración, todos los días necesitamos reconocer al creador y buscar eso que necesito, que en últimas es el “bienestar espiritual”.
La relación personal con Dios y la fe ayudan a proporcionar bienestar espiritual, satisfacción de los logros y ausencia o aceptación de misma soledad.
Aceptar la soledad vs. sanar el corazón con el diálogo
Recuerdo que estaba en la parroquia “San Juan Eudes” en el Minuto de Dios, llamaron para visitar un enfermo y llevarle la unción de los enfermos con suma urgencia, entonces salí a visitarlo y cuando entre a su apartamento se presentó muy amable conmigo y yo pensé que había alguien más en ese lugar, pero no había nadie más.
Entonces me hablo se su vida, seguro estaba solo desde hace mucho tiempo, entre las cosas que me contó, me dijo que estaba solo y se sentía muy mal, abandonado por sus hijos que me dijo que hace mucho tiempo no lo visitaban, entonces trabaje sobre la herida de abandono y que recuperara su apertura con la disposición de la vida y aceptara y sanara a través de los recuerdos bonitos con sus hijos y que los dejara ir y así podría recuperar su paz y su felicidad.
Creo que escuche un señor que necesitaba hablar con alguien y esa terapia nos ayudó a los dos y seguro que siempre necesitaremos hablar con alguien en algún momento de nuestra vida porque nos somos seres solos en el mundo, la soledad es algo que necesitamos, como lugar de encuentro con Dios en la soledad y aceptar la soledad, pero también comunicarnos en algún momento con alguien nos ayuda a superar esos momentos de soledad o tristeza que necesitamos desahogar o sacar e incluso liberar de nuestro corazón para volver a tener esa paz espiritual.
Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios
