Después de varios meses de silencio, las siete clarisas cismáticas que tuvieron que abandonar el convento de Belorado por sentencia judicial, reaparecen para sumarse al debate público sobre los desahucios a raíz de Maricarmen Abascal, la anciana que ha tenido que dejar su casa.
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A través de un comunicado, denuncian “el drama de los desahucios y reclaman una solución para esta cruel práctica tan arraigada en nuestra cultura”. En concreto, ellas se lamentan de que la justicia y la Iglesia las han dejado en “una situación de extrema precariedad”. Así, reclaman que se atienda a “la dimensión humana de estos procedimientos y que se busquen vías de diálogo y soluciones habitacionales antes de que nuevos desalojos agraven su situación”.
Un lugar donde vivir
Con nueve procesos judiciales de distinta índole sobre la mesa, ente ellos, la salida de los monasterios de Orduña y Derio, aseguran que “no somos únicamente un expediente judicial. Somos personas que necesitamos un lugar donde vivir y poder continuar con nuestra vida”.
Para las ex religiosas, “perder estos espacios significaría mucho más que abandonar unos edificios: supondría perder lugares donde han desarrollado durante años su vida comunitaria y espiritual, agravando todavía más su situación”.
Gran tenedora
El grupo liderado por la abadesa defenestrada, sor Isabel de la Trinidad, aprovecha este comunicado para denunciar que “la Iglesia es uno de los grandes propietarios de bienes inmuebles en España”.
A la par, comparten que “sobreviven ‘como pueden’, tratando de mantener su vida comunitaria mientras hacen frente a los procedimientos y a sus obligaciones económicas”. Tras su salida de Belorado, en principio el grupo cismático continúa repartido entre la localidad toledana de La Puebla de Montalbán y el convento de Orduña.
