León XIV cierra su viaje a Francia: “No es verdad que el que se venga es más fuerte que el que perdona”

En la misa por la paz y la justicia que cierra su viaje a Francia, el Papa ha pedido “romper las cadenas del resentimiento” y ha defendido que el futuro de Europa está en “la armonía de las diferencias”

León XIV Metz
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León XIV ha cerrado este lunes su viaje a Francia con una eucaristía en la catedral de Saint-Étienne de Metz en la que ha reflexionado sobre la paz y la reconciliación. “No es verdad que el que se venga es más fuerte que el que perdona”, ha dicho el Papa durante su homilía.



El Papa ha presidido a las 16:00 horas la misa por la paz y la justicia en la catedral, última gran celebración antes de trasladarse al aeropuerto de Metz-Nancy-Lorraine para despedirse de Francia. En su homilía ha situado en el centro tres palabras —derecho, justicia y paz— y la convicción de que la paz exige también un esfuerzo concreto por parte de las personas.

“La paz, que es don de Dios, exige una respuesta por parte de los hombres en un esfuerzo compartido”, ha explicado el pontífice. La concordia, ha añadido, solo puede construirse desde una caridad capaz de compartir alegrías y sufrimientos, animar y perdonar “sin cálculos ni límites”.

Romper “las cadenas del resentimiento”

El Papa ha llevado después esta reflexión a un mundo en el que, ha señalado, existen “tanta violencia, manipulación y arrogancia” y ha recuperado uno de los pasajes más exigentes del Evangelio: poner la otra mejilla, entregar también el manto y caminar dos kilómetros con quien obliga a recorrer uno.

León XIV ha reconocido que estas palabras pueden parecer “un signo de debilidad” o incluso una rendición ante el mal. Pero ha rechazado esa interpretación mirando precisamente a la historia de Metz y del Mosela, una región atravesada durante siglos por cambios de frontera y conflictos entre Francia y Alemania.

“No es verdad que el que se venga es más fuerte que el que perdona. No es verdad que el que no cede es más fuerte que el que busca la reconciliación. No es verdad que el que se marcha azotando la puerta es más fuerte que el que afronta el esfuerzo de caminar juntos”, ha afirmado.

Metz y el Mosela, ha continuado, muestran que “la reconciliación es posible sólo cuando se tiene la valentía de romper las cadenas del resentimiento”. En este sentido, el Papa no ha ocultado la dificultad de ese camino, especialmente “cuando las heridas sufridas son profundas”. Sin embargo, ha sostenido que, frente a la injusticia, la respuesta no puede quedar atrapada en la misma lógica que la provoca.

La Europa construida antes de la política

León XIV ha recordado, asimismo, que el patrimonio espiritual y moral del continente precede al económico y al político y ha señalado la aportación del cristianismo y del monacato a la construcción de la cultura europea.

De esa tradición, ha explicado, proceden principios como “la primacía de la persona y el carácter sagrado e inviolable de la vida humana, en todas sus fases y en toda circunstancia”, la libertad individual, la importancia de la familia, la atención a los pobres, la acogida del extranjero y el respeto a los ancianos.

La Iglesia de Metz, por su particular historia de relación entre sociedad civil y fe, tiene para el Papa una responsabilidad específica: convertirse en “un taller viviente” de esos principios y transmitirlos a las generaciones futuras.

Chagall y “la armonía de las diferencias”

León XIV ha presentado propia catedral una imagen para explicar qué Europa desea. Saint-Étienne es conocida como la ‘Lanterne du Bon Dieu’ —la ‘Linterna del Buen Dios’— por sus 6.500 metros cuadrados de vidrieras. Entre ellas están también las creadas por Marc Chagall, y el Papa ha destacado que la obra del pintor judío convierte la catedral en “un extraordinario símbolo ecuménico y de diálogo interreligioso”.

Las vidrieras, ha señalado, permiten que cada color conserve su identidad mientras forma parte de una misma composición. “El futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias, donde la herida del pasado se convierte en una fisura que deja filtrar la luz”, ha afirmado León XIV.

Una idea que ha vinculado directamente con una Europa “azotada por nuevas divisiones y nuevos conflictos”, necesitada de una paz que no elimine las identidades, sino que sea capaz de ponerlas en relación.

Catedral Metz

Catedral de Saint-Étienne de Metz. Foto: Vatican Media

Las estructuras solo sirven si llevan el Evangelio

La imagen de las vidrieras le ha servido también para hablar de la propia Iglesia. “También nosotros utilizamos estructuras, que sólo tienen sentido en la medida en que nos ayudan a llevar al mundo la luz del Evangelio”, ha señalado.

Sin las vidrieras, ha explicado, las ventanas de Saint-Étienne serían simplemente espacios inundados por una luz cegadora. Con ellas, en cambio, se convierten en relatos capaces de transmitir historias de “heroísmo, bondad, misericordia, amor y belleza moral”.

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