La Enseñanza Social de la Iglesia tiene dos principios fundamentales: continuidad y adaptación. La primera se refiere a aquellos preceptos que no son negociables, y que permanecen con el paso del tiermpo. La segunda se ajusta a los cambios de época que la humanidad ha vivido a lo largo de los siglos. Hacer el bien y evitar el mal forma parte del primero, y el que los niños no trabajen ni una sola hora en las fábricas del segundo.
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Lograr este equilibrio en el trabajo pastoral es todo un reto, y lo está enfrentando con éxito uno de los albergues para migrantes, el más antiguo, que tenemos en la Arquidiócesis de Monterrey.
En efecto, la Casanicolás, dirigida por mi hermano, monseñor Luis Eduardo Villarreal Ríos, tiene 18 años acogiendo, protegiendo e integrando a la población migrante proveniente, sobre todo, de Honduras, El Salvador y Guatemala.
En esa casa, más bien un hogar, con capacidad para 130 personas, se brinda hospedaje, alimentación, asesoría y asistencia a personas que se han visto forzadas a salir de su país por conflictos armados y/o políticos, violencia, exposición a riesgos o imposibilidad de acceso al mercado laboral.
¿Su objetivo? Reducir la condición de vulnerabilidad de las personas migrantes, nacionales y extranjeras, brindándoles, a ellas y ellos, asistencia humanitaria, protección integral y todo lo que implica la gestión migratoria, a través de un albergue seguro, asesoría jurídica y psicosocial, así como acompañamiento pastoral.
Pero, de ser un espacio para recibir a migrantes que iban de paso, ya hacia los Estados Unidos, o regresando de ese país por las políticas excluyentes de Donald Trump y sus esbirros del ICE, la Casanicolás se ha topado con una realidad cuya fuente es, precisamente, ese rechazo norteamericano: muchos migrantes ya no consideran a nuestra ciudad como el paso obligado para buscar mejores condiciones de vida logrando el sueño norteamericano, sino que pretenden instalarse de manera permanente entre nosotros.
Es por ello que, como su hija primogénita, Casanicolás ha engendrado la Casa San Martín, que ya no hospedará migrantes en tránsito, sino que les brindará, a quienes buscan permanecer en nuestra ciudad, orientación y asesoría legal, talleres, ferias multiculturales, vinculación laboral y brigadas de salud.
Bien por esta atención a la nueva realidad migrante. Bien por la continuidad y la adaptación, pues se mantiene el espíritu misericordioso que siempre ha acompañado a este proyecto, pero se adecúa a las actuales condiciones de la migración en el mundo.
Pro-vocación
Pues acaban de matar a otro sacerdote en México. Román de la Cruz Hernández, párroco de Santa Cruz en la Diócesis de Huejutla, fue asesinado el martes de esta semana que termina. En los últimos siete años han perdido la vida de manera violenta 13 presbíteros en mi país. El Centro Católico Multimedial afirma que el asesinato de un clérigo es un mensaje directo de control social que busca sembrar miedo y tiene efectos profundos en las comunidades. No es casual que todos estos atentados se han dado en regiones en donde el crimen organizado controla la vida cotidiana.
