Una parte significativa de la cultura contemporánea ha vuelto a reconsiderar la dimensión espiritual, la condición de lo sagrado, el vínculo religioso, la mística. Cuando uno examina sin prejuicios la alta cultura y se acerca con detalle, se encuentra un conjunto de escritores, artistas, cineastas, actores, arquitectos y otras personas consagradas al pensamiento y la belleza que continúan creando en íntima conexión o diálogo con Dios. Incluso contra el tabú que parece cancelar en público hablar de Dios o compartir la visión religiosa que nutre tu vida.
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Dice el actor Lars Mikkelsen –bautizado en la Iglesia luterana danesa durante la segunda temporada de la serie que protagonizaba, titulada en español ‘Algo en que creer’ (originalmente en danés, ‘Los caminos del Señor’, un título que la televisión consideró ‘intragable’ para la audiencia)– que en público es más fácil y aceptado hablar de tu íntima vida sexual o incluso confesar crímenes, que hablar serenamente de la filiación o experiencia religiosa. Es verdad, aunque ha habido una notable descancelación de Dios en la cultura actual.
En vez de estar escuchando, leyendo o viendo productos de la charca –que es como se llama ahora a la cultura más vulgar y de masas–, deberíamos ser más selectos y buscar a esos creadores que generan con calidad desde la experiencia religiosa. La mayoría de ellos no están todavía traducidos ni han expuesto o actuado en países fuera de sus naciones. Las barreras laicistas todavía controlan puertas y circuitos.
Renovación
Una creadora es, por ejemplo, Iben Krogsdal (Salling, 1967), una destacada poeta, también danesa, cuya obra ha llevado a que la Iglesia le haya invitado a componer poemas para la renovación del cancionero litúrgico de salmos. No es que no haya creadores, es que no hay lectores u oyentes que salgan de la charca.
