Tribuna

¡Somos discrepantes… somos santos!

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1.     Sanas discrepancias

“En la esquina de mi casa, brotó un río de tinta, con gente igual a la gente, pero un poco distinta” (Mihanovich, Sandra, 1982)

En un mundo tan impregnado de homogeneidad y de modelos hegemónicos, es fascinante encontrar gente que discrepa con esas posturas. Mientras Trump y su aliado Israel promueven el genocidio en Palestina, El Líbano, Siria, etc., hay gente que lucha por la dignidad humana. Mientras Putin invade Ucrania masacrando, hay personas que buscan día a día sostener a los heridos y consolar a los que sufren esa locura. Si algunos futbolistas buscan estar en fotos con genocidas, el DT de Egipto enarbola la bandera de Palestina en un estadio de Estados Unidos durante el mundial de futbol pasado.



Cuando algunos siguen con automatización, hay trabajadores (en sus distintos ámbitos) que buscan que la dimensión humana de la existencia no sea fagocitada por corrientes que conculcan la dignidad de las personas.

Ciertos habitantes pregonan la importancia de lo financiero, muchos enarbolamos la bandera de la dignidad humana. Si algunos quieren imponer sus criterios, sin diálogo, sin buscar alternativas o simplemente mandando a silenciar a quien piensa diferente, hay quienes abren espacios de comunión y de encuentro… ¡Que hermosas y sanas discrepancias!

2.     Un gran discrepante: Jesús y el Reino

El testimonio que nos llega de Jesús, es que fue una persona discrepante. En un contexto religioso que quería la sumisión ciega, él luchaba por la vida en libertad y, sobre todo, para que quienes quieran seguirlo (Gál. 5, 1). Él propuso la fe como seguimiento (Mt. 8, 22; 9, 9; 14, 29; 19, 21. Mc. 2, 14; 10, 21. Jn. 1, 43. 46; 21, 19. 22) y no como “adoctrinamiento”. ¡Un pastor bello y discrepante!

En la fe cristiana, la libertad es el meollo de la adhesión. Cuando uno ve a un discípulo, en el mismo momento, se nos cruza la imagen del maestro que lo inspiró. El discipulado implica fidelidad y lealtad al maestro. Si muchos pueden ver en nosotros el amor de Jesús, es porque cuando se ama mucho a alguien se nos va pegando el acento, la forma de ser (formación). La fe quiere proponer y no imponer. Esa es la gran discrepancia de la perspectiva cristiana con otras estructuras religiosas: no impone, sino que invita para ir construyendo el propio destino (De Vos, Frans, 2019, pág. 86).

Jesús, con su discrepancia, nos libera:

  • De la cerrazón: libres en Jesús para ser y estar abiertos. Él abrió los ojos a los ciegos (Jn. 9, 1 – 41), no solo físicamente, sino de aquellos que tenían un obstáculo que les impedía ver (Jn. 20, 14; Lc. 24, 16). Es quien pide que abran la piedra del sepulcro de Lázaro (Jn. 11, 39) y es el que corre la piedra de su propio sepulcro (Lc. 24, 2).
  • De la Idolatría: tanto de las cosas como de las personas, porque no se puede adorar a dos señores (Mt. 6, 24), tampoco se está debajo de las personas y menos porque tengan un título, un cargo o una función de poder. Jesús no tuvo miedo de la jerarquía religiosa ni política de su tiempo y si tenía que cuestionar, sugerir o denunciar lo hacía con total libertad. Como ejemplo tenemos los “Ayes” que aparecen en las Sagradas Escrituras (Lc. 6, 25 – 26).
  • De las caricaturas de Dios: nuestra relación humana con lo divino pasó y pasa por muchas concepciones. Jesús nos viene a liberar de todas las caricaturas o anacrónicas imágenes que nos hacemos de Dios, para revelarlo como Abba – Imma, como amor: “Jesús no ha venido a levantar nuevas barreras, sino que ha venido a destruirlas. De esta forma nos liberó del Dios que producíamos. Jesús libera a Dios del papel que le hacen desempeñar los hombres, le hace libre de esas imágenes de Dios que le oprime” (Duquoc, Christian, 1999, págs. 98 – 99).
  • De los fundamentalismos: Jesús nos propone el diálogo como contenido y método, porque nadie tiene “la verdad”, sino que la buscamos porque ella se revela y comunica. En la fe cristiana, esa certeza es él mismo (Jn. 8, 32; 14, 6). Por el contrario, todo fundamentalismo esclaviza porque es una postura “única” de interpretación o que sólo lo hace desde un ángulo de la realidad.

3.     Discrepancia cristiana

Transformados por un transgresor y discrepante como lo fue y es Jesús en su propuesta del Reino, la fe libera incluso de la misma estructura fundamentalista de la religión, contiene convicciones comunitarias, núcleos medulares que perduran a lo largo del tiempo y de los cuales emanan nuevos aspectos que van enriqueciendo las dimensiones humanas. En cambio, a menudo las religiones suelen establecer ritos, fechas, espacios, etc., y que no son fines en sí mismos, sino que se nutren de la primera. La práctica busca expresarla en distintas situaciones y momentos históricos. Algunos timoratos han identificado estos dos aspectos como si fueran uno solo, con el fin de dar sentido solemne y duradero a lo que es relativo, llevando a cabo una pugna intestina y palaciega. El cristiano vive y experimenta la liberación en Jesús como el núcleo medular y, por este motivo, adecua los medios a la comprensión del Misterio Pascual. El fundamentalista, recurre a latiguillos sociales para combatir a quienes huelen a reforma. Esas frases se caracterizan por el sentido de perpetuidad que pretenden evaluar la fe por la tradición: siempre se hizo así… Jamás en la vida de la Iglesia esto sucedió, etc. Sin embargo, muchas veces estas afirmaciones carecen de análisis dado que, al conocer solo un poco, la historia de la Iglesia descubrimos que ella modificó muchos aspectos de la expresión religiosa y, en algunas oportunidades, con nuevos aportes o concepciones con influencias de otras expresiones religiosas (Templo, Cruz, Rosario, etc.) La fe es útil y valiosa, en la medida que ayude a vivir, contemplar, celebrar y anunciar el Misterio de la Redención humana; de lo contrario es necesaria una profunda transformación para no caer en el ritualismo vacío o en la ideologización religiosa.

JP I Somos Discrepantes

4.     Discrepancia religiosa

Por tal motivo, es necesario ser libres ante lo religioso, porque la propuesta de Jesús, es que el ser humano viva su vínculo con Dios libremente. Religión viene del latín religare, que quiere decir unir, relacionar. Ser libre religiosamente, es también hacerlo con la comunidad a la que pertenecemos, partiendo de la convicción que la experiencia con el misterio no es algo meramente sentimental, sino una verdadera cosmovisión en una relación de amor con la Trinidad, en la que ella crea un ser capaz de dialogar, como lo hacen los amigos (Ex, 33, 11. Jn. 15, 13 – 15) (Concilio Vaticano II – DV, 1965)# 2. Para los cristianos, la dignidad humana se basa en que participamos del ser de Dios (de Aquino, Tomás, 1980) (# 179), que nos ha dado la existencia y no por la realización de algún rito de iniciación. En todo caso, este quiere significar dicha participación. Por esta creaturidad tenemos con Dios una relación de filiación: somos hijos de un Dios (Padre/Madre) que quiere nuestro bien y ese vínculo jamás se romperá.

5.     Creer y comunicar a un Dios libre y liberador (gran discrepancia)

Desde la hermosa expresión bíblica: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn. 1, 26) hasta la Parusía, la vida es una manifestación del Amor. La grandeza de la Trinidad, en el acto creador del hombre, es tal que le brinda la posibilidad de rechazarlo. Por eso, el ser humano libremente peca. Desafortunada o intencionalmente, se vinculó el mal llamado pecado original con la desobediencia y, sin embargo, en ese relato se lo podría asociar a querer ser como Dios (Gn. 3, 5). La gravedad, no está centrada en la indisciplina sino en el fundamento del por qué se realiza y si es un acto consciente y plenamente libre (CEC, 1997) (#1857). El pecado no aleja al Creador, por eso en el relato bíblico el que se esconde es el hombre, por el contrario, Dios se acerca. Nuestra dignidad es que somos cocreadores, perfectos llamados a la perfección más plena, no dioses sino herederos del Reino de Dios, santos exhortados a la santidad en plenitud (Curia, Christian, 2022), no somos ángeles sino, gracias a Dios, humanos redimidos que hacemos fiesta (Lc. 15, 20 – 24).

Por la Encarnación y la Pascua, somos hijos amados por medio de Jesucristo, porque fue él, quien sin dejar de ser él mismo, se hace humano. Quiere compartir la misma naturaleza humana, se hace semejante en todo. Y plenifica la libertad, porque el pecado no es parte de su naturaleza, sino un mal uso (Heb. 4, 15) que está presente a lo largo de la historia, pero no es un principio identitario. ¡El amor nos identifica, no el pecado! ¡Otra gran discrepancia de la fe cristiana con ideas dualistas y fundamentalistas!

Ser libres religiosamente hablando, tiene consecuencias hermosas para la vida y la pastoral de la Iglesia, así también como para cada uno. Estas exigen comprender, convocar, presentar la grata noticia del Reino, no cargando las espaldas con peso o con normas que no favorezcan el desarrollo humano. Es urgente que suscitemos un proceso de trasformación anunciando creativamente y no de incorporación ritualista. Este camino es en comunidad donde hay coincidencias, diferencias y diversidad de ministerios, evitando centralismos monárquicos, estructuralismos, uniformalismos y fundamentalismos (Francisco – EG, 2013) (# 16, 28, 134, 145, 156, 278). Es tarea de amor esforzarnos por favorecer la relación del interlocutor con el Evangelio, dialogando con el mundo cambiante, y dejando caer las estructuras caducas de las instituciones. La evangelización es humanización, y para ello es necesario ser una comunidad con entrañas que se conmuevan, vivan y compartan la vida.

6.     Una propuesta desde Jesús de Nazareth: apertura y amplitud

Una propuesta para vivir la discrepancia cristiana, es seguir inspirándonos por las resonancias del Espíritu: apertura y amplitud. Dos experiencias bíblicas que nos pueden ayudar a comprender estas dimensiones:

  • Bautismo de Jesús: En los sinópticos nos narran este acontecimiento con un detalle: se abrió el cielo o los cielos. La acción del Espíritu es apertura para revelar, manifestar, dar a conocer lo más íntimo del amor de Dios.
  • Pentecostés: en el relato que hace Lucas en Hchs. 2, 1 – 13, aparece una palabra que se repite siete veces en el texto: todos o toda.

Si aún seguimos considerando como consagrados al grupo de personas que excluye a los laicos, es porque todavía seguimos pensando como parte de una mentalidad estamental de cristiandad, no como cristianos.

Si aún seguimos considerando sacerdotes sólo a los que reciben el orden sagrado en el segundo grado, es porque no somos discrepantes como Jesús que a todos los seguidores los configuró con su triple ministerio.

Por lo anterior, y por lo que aún nos queda por ahondar del Misterio de la Trinidad y del Reino propuesto por Jesús, si la fe cristiana, la teología que de ella brota; si la eclesiología; si la vida cotidiana, en las diferentes vocaciones; no es discrepante; serían de dudosa procedencia cristiana.

Gracias Albino Luciani, el papa de la sonrisa, por recordarnos que Dios es “Padre y Madre” (Juan Pablo I – Angelus 10/9, 1978) siendo un mensaje discrepante en ese momento.

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Bibliografía

Catecismo de la Iglesia Católica (1997). Obtenido de https://www.vatican.va
Concilio Vaticano II – Dei Verbum (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Curia, Christian. (2022). Una aventura maravillosa. CABA: PPC – Bonum.
de Aquino, Tomás. (1980). Compendio de Teología. Madrid: RIALP SA.
De Vos, Frans. (2019). Metodología Catequística. CABA: Claretiana.
Duquoc, Christian. (1999). Jesús hombre libre. Salamanca: Sígueme.
Francisco – Evangelii Gaudium (2013). Obtenido de https://www.vatican.va
Juan Pablo I – Angelus 10/9/1978. Obtenido de https://www.vatican.va
Mihanovich, Sandra – Me contaron que bajo el asfalto (1982). Obtenido de https://www.letras.com