Unos ocho millones de alumnos españoles han vuelto a las aulas durante los primeros días de septiembre. De ellos, más de un millón de niños y jóvenes acuden a cerca de dos mil colegios cristianos que salen adelante gracias al esfuerzo de más de 85.000 docentes.
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La Iglesia asume, así, la formación de al menos el 15% de los estudiantes de nuestro país a través de Escuelas Católicas, la plataforma que aglutina al 57% de la enseñanza concertada, lo que la convierte en la organización más representativa de este sector. Sin embargo, esta entrega no se corresponde con los recursos de los que disponen las escuelas eclesiales.
Así lo denuncia en ‘Vida Nueva’ el secretario general de Escuelas Católicas, el trinitario Pedro Huerta. La cuantía que destinan los poderes públicos a los módulos del concierto apenas cubre el 45% de cada puesto escolar, lo que hace insostenible económicamente la misión educativa de la Iglesia. Ni el Gobierno central ni los Ejecutivos autonómicos se van a comprometer a corto y medio plazo en revertir una situación que vulnera el derecho de las familias a educar a sus hijos según sus convicciones.
Esta asfixia paulatina se suma a otras dificultades crecientes, como la crisis demográfica o la ausencia de vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio, que ha obligado a las congregaciones, fundaciones y diócesis que están detrás a replantearse cuál ha de ser su presencia en el presente y en el futuro, y cómo desarrollarla.
Lamentablemente, ante este complejo escenario, no solo los poderes públicos parecen poner piedras en el camino para limitar la labor eclesial. Todavía hoy falta una reflexión verdaderamente evangélica que acabe con la competencia a toda costa para sobrevivir en un barrio o con el cierre de un centro en un pueblo remoto. A esto hay que sumar las cuestionables estrategias de quienes quieren apoderarse de los colegios religiosos, aprovechándose de esta coyuntura bajo un barniz católico.
Educar desde el Evangelio
Educar en cristiano no es un negocio ni puede presentarse como tal. Educar en católico tampoco es proselitismo ni puede ser una fábrica de conversiones. Educar desde el Evangelio es contagiar a los alumnos una manera de ser y estar en el mundo al estilo de Jesús de Nazaret, formando a niños y jóvenes samaritanos, con espíritu crítico, que abracen la verdad, la libertad, la solidaridad y la trascendencia sin exclusiones en un mundo de levitas y saqueadores.
Solo desde estos postulados meridianamente claros se puede afrontar la innegable recomposición del mapa de la escuela hoy, más allá de una supervivencia a toda costa. Solo así la Iglesia será fiel a su misión en las aulas.
