El arzobispo de Mérida-Badajoz, el franciscano José Rodríguez Carballo, abre este 17 de septiembre la Puerta Santa de la catedral de Badajoz, comenzando de este modo el Jubileo que conmemora el 750º aniversario de la “dedicación solemne” de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de San Juan Bautista, impulsada por el rey Alfonso X el Sabio.
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“Para la catedral y para toda la archidiócesis, significa un acontecimiento de gracia. Es decir, consideramos que el Señor va a bendecirnos con su gracia y vamos a ser más conscientes de lo que Él significa para nosotros”, expone Juan Román Macías, fabriquero y director del Museo de la Catedral de Badajoz.
“Ya sabemos que la simbología de la Puerta Santa –afirma– está asociada a Cristo, la única Puerta Santa por donde tenemos que pasar. ‘Yo soy la puerta’, nos dice. Ojalá nos ayude a que este acontecimiento nos vincule más a Cristo”. Un acontecimiento, un jubileo, una conmemoración en la que la archidiócesis se ha volcado con todo un año de actividades por delante.
“Pretendemos que nos ayude también a los que formamos esta Iglesia diocesana, a toda la archidiócesis, a ser un poco más conscientes de nuestra historia, de nuestras raíces, de que la fe ha sido una realidad siempre eclesial que hemos ido recibiendo y transmitiendo unos a otros”.
Macías añade: “El ser conscientes de nuestras raíces, de nuestra historia, creo que nos hace ser también más responsables con nuestro presente”. Y esto significa responsabilidad con las próximas generaciones: “Sobre todo, hemos heredado también una riqueza patrimonial –argumenta– de la que tenemos que sentirnos orgullosos y ser conscientes, para que otros la puedan recibir en el futuro. Es como mirar hacia atrás para sentirnos afortunados, dar gracias y también para ser capaces de mirar hacia adelante”.
De mezquita a iglesia
Mirar atrás significa regresar a aquel 17 de septiembre de 1276: “La catedral de Badajoz verdaderamente se consagra ese día, han pasado ya unos años desde que en 1230 la ciudad es tomada por Alfonso IX y pasa de ser una ciudad musulmana, que era en su origen, a ser una ciudad cristiana”, relata.
“Tardamos unos años en tener obispo y, en cuanto viene el primero –estamos hablando de 1255–, requiere un cabildo y una sede, porque una catedral no es más que la sede del obispo –continúa–. Y en ese momento no existía, sí hay una iglesia principal en la Alcazaba de la ciudad. Era la mezquita principal, que se transforma en templo, lo normal en cualquier ciudad conquistada”.
Ese primer obispo fue fray Pedro Pérez. “Toma la decisión de la construcción de una iglesia fuera del recinto de la Alcazaba; es decir, en una parte de la ciudad que vendría a ser como una zona industrial. No sabemos cuándo se pone la primera piedra, probablemente sería en torno a 1256. Tenemos escritos, pero no dejan constancia de la fecha. Lo que sí nos dicen es que el 17 de septiembre de 1276 la consagra el obispo fray Lorenzo Suárez”, añade el fabriquero.
“Es decir, ya está construida, al menos una parte –prosigue–. Entendemos que mínimamente sería una capilla principal, unas capillas laterales, quizás un par de naves, y ya se comienza a celebrar ahí el culto. Y deja de utilizarse la iglesia de la Alcazaba, Santa María del Castillo, como se llamaba”.
