“Yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir”. (Éxodo, 4: 12)
“Todo es hermoso y constante,
Todo es música y razón.
Y todo como, el diamante,
Antes que luz es carbón.”
(José Martí, Versos sencillos)
Quiero dedicarle este escrito al heroico y asedado pueblo de “Cuba”, al valiente pueblo de “Palestina” que se niega a aceptar la muerte, a todos los pueblos que pagan con su sangre esta guerra, que llamo maldita. Pero quiero también dedicarlo también a todos los pueblos que han convertido los regalos que Dios nos ha dado en máquinas de destrucción y que pretenden que la palabra imperio sustituya las hermosas palabras de paz, dignidad y humanidad. Quiero que la palabra poderosa y amorosa de Dios llegue a todos, con consuelo y fuerza para las víctimas y arrepentimiento y perdón para los victimarios.
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Deseo más. Quiero que sea de las mismas heridas que destrozan la humanidad surjan las flores que nos anticipen el Reino de Dios. Quiero que de la propia guerra surja la paz, que de la tierra arrasada reviva la primavera, que de nuestras limitaciones surja la fuerza para vencer sobre nosotros mismos y que, con las mismas manos de matar, nos dediquemos a sembrar y amar.
Más allá
Este escrito es mi reflexión, mi intento de discernimiento, luego de leer la carta de nuestro valiente papa León XIV convocando a una “jornada mundial de oración y compromiso por la paz y la protección de la creación“. En ella, el Papa puntualiza que el desastre ecológico no es distinto del desastre de la guerra, que paz y ambiente van juntos, que la batalla principal que tenemos que dar es en nuestro propio corazón.
Dice el Papa, que las guerras no solo provocan muertes y desplazamientos, sino que destruyen recursos, contaminan el agua y el aire y ponen en peligro la seguridad alimentaria.
Nuestro sumo pontífice, León XIV indica que “la guerra deja heridas que se extienden mucho más allá del campo de batalla. Cobra vidas, desintegra a las familias y fuerza a millones de personas a abandonar sus hogares, aumentando el miedo, la injusticia y la división. La guerra además deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones.”
En la debilidad
¡Basta de creernos derrotados! Es precisamente donde somos más débiles que Dios nos hace más fuertes!
Moisés era tartamudo y no se atrevía hablarle al pueblo porque pensaba que no le creerían y se burlarían de su mensaje de parte de Dios. Pero Dios le explicó que había creado al que hablaba y al mudo, al ciego y al que veía, al sordo y al que oía.
Beethoven estaba ya sordo cuando logró terminar de componer su obra máxima -la Novena Sinfonía- en la que le regaló al mundo el Himno de la Alegría, que proclamó “el nuevo sol” cuando los hombres volverán a ser hermanos.
Frida Kahlo se hizo una gran pintora luego de una infancia flagelada por la polio y un accidente que la dejó virtualmente paralítica.
De Tomás Alva Edison se cuenta que la maestra de la escuela le envió una carta a su mamá en la que le decía que su hijo era “mentalmente deficiente” y que, por eso, no valía la pena que continuara asistiendo a clases. Según el relato, la mamá le leyó a su hijo la carta al revés y le dijo que la maestra decía que era “un genio” y que, por eso, que continuara su educación eh el hogar. Muchos años después, cuando ya había logrado muchos de sus grandes inventos, Edison pudo leer lo que de verdad había escrito su maestra en aquella carta.
Si miro estas anécdotas a la luz del Éxodo, me atrevo a decir que, de la misma manera en que Dios mismo le habló a Moisés, también le dio los oídos del alma a Beethoven, le mostró a Frida Kahlo la maravilla que tenía en sus manos y le dijo a la madre de Edison lo que tenía que decirle a su hijo.
Nuestro Padre que está en los cielos, conoce todas nuestras debilidades, porque nos creó y ve mucho más allá de lo que nos permiten nuestros ojos, nos ve desde lo más lejano del Universo y desde lo más profundo de nuestro corazón. Allí donde nosotros vemos la destrucción del ambiente, donde sufrimos por la guerra y la corrupción, allí donde nos sentimos impotentes, Dios nos pide que abramos nuestro corazón y nuestra voluntad para que “venga a nosotros tu Reino”.
Lo digo de nuevo, que de las heridas de la tierra y de nuestras propias heridas, surjan flores, muchas flores.
¡Celebremos la vida y seamos solidarios en nuestra Casa Común!
