Un alumno, hoy prestigiado presbítero en la Arquidiócesis de Monterrey, que si bien no se distinguía por su creatividad e innovación sí por su dedicación y esmero académico, me acaba de confesar que ya no necesita preparar sus homilías, en especial la de la misa dominical.
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Si antes, y por indicaciones de sus profesores, consultaba apuntes de clase, y los abundantes sitios electrónicos que ofrecen comentarios a los evangelios del domingo, además de hacer un buen rato de oración frente al Santísimo, y de comentar con sus fieles los principales acontecimientos de la semana -para incorporarlos a su mensaje-, ahora con preguntarle a su cada vez más amigo, el ChatGpt, qué le recomienda para predicar en la eucaristía del fin de semana, tiene muy bien armado su sermón.
Inclusive, mientras más se comunicaba con la aplicación, esta lo iba conociendo cada vez mejor, le sugería cuentos y anécdotas que ya había comentado en otras ocasiones -¡cómo le hacía para saber eso, si solo lo había publicado en FaceBook!, se admiraba el clérigo- y hasta le ofrecía prepararle una presentación con gráficas e imágenes alusivas al texto. “Se ha convertido en mi verdadero coach homilético”, remató con aspavientos de orgullo y satisfacción.
El padrecito cumple de manera puntual lo que alerta el papa León XIV en la ya multicitada y comentada ‘Magnifica humanitas’, #100: “La imitación artificial de la relación de cuidado o de acompañamiento puede ser peligrosa cuando se introduce en un contexto pobre de relaciones y de afectos reales; entonces el riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro”.
Parafraseando el texto diríamos que, más allá de imaginarse una relación personal con la aplicación, el predicador está perdiendo la oportunidad de repasar sus clases, consultar lo que otros piensan, escuchar de los fieles su interpretación de la Palabra, y hacer un buen rato de oración para preguntarle a Dios qué es lo que quiso decir.
La Inteligencia Artificial (IA), con todas sus posibilidades y ventajas, plantea este tipo de retos: que de ser un medio se convierta en un fin; que de ser consultada pase a ser copiada íntegramente. Los laicos, en especial, están más expuestos a este peligro: sobran las herramientas electrónicas que, de ser una ayuda para prepararse a una buena confesión, terminan por suplantarla: el consuelo y consejería espiritual no viene ya del confesor, sino del teléfono.
Bienvenida, pues, la IA, como una ayuda útil para eficientar procesos; pero cuidado si ahoga nuestra creatividad y, sobre todo, si nos aleja del otro y del Otro en vez de acercarnos a él.
Pro-vocación
Cáritas Mexicana convoca, el día de hoy, a una Jornada Nacional de Oración por el pueblo colombiano, afectado por el terremoto del pasado día 10, y que dejó más de 200 muertos y cerca de cuatro mil heridos, además de incontables daños materiales. Oremos por Colombia. Seamos solidarios con ella.
