Madrid se vistió ayer, 15 de agosto, de gala para celebrar una de sus festividades más castizas, la de la Virgen de La Paloma, en una jornada donde la tradición y la devoción popular volvieron a tomar las calles del centro. Durante la misa mayor de este 15 de agosto, el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, ofreció una homilía centrada en la necesidad de descubrir a Dios en la rutina diaria y de actuar frente al aislamiento social, según recoge la diócesis en su portal informativo.
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Las gafas del evangelio
En su mensaje dirigido a las autoridades, al Cuerpo de Bomberos y a los fieles congregados, el cardenal subrayó que “las grandes historias de Dios casi nunca empiezan donde uno espera”, sino que suelen nacer en la vida ordinaria de las familias. Tomando como referencia los orígenes de la devoción con Isabel Tintero —la mujer que encontró en cuadro que se venera—, Cobo invitó a los madrileños a mirar la realidad con “las gafas que nos ofrece el Evangelio”. Esta nueva mirada, explicó, exige ir más allá de las etiquetas y polarizaciones que nos dividen, para así reconocer la dignidad de las personas allí donde otros solo ven problemas sociales o simples estadísticas.
Uno de los momentos más reivindicativos de su intervención fue el llamamiento a hacer frente al aislamiento que sufren muchos ciudadanos en la capital. El arzobispo recordó que “acoger la soledad no deseada es una tarea de todos y también una tarea pública necesaria” que requiere crear vínculos reales. Hizo especial mención a la soledad de los mayores, a la de los jóvenes permanentemente conectados pero sin confidentes, a la de los inmigrantes alejados de su hogar y a la de los enfermos. Inspirándose en la figura de la Virgen María, que salió al encuentro de su prima Isabel, el cardenal interpeló directamente a los presentes cuestionando: “¿Cuánto hace que no te pones en marcha por amor?”
Dar luz
En esta misma línea de compromiso social, Cobo animó a los fieles a “ser vecinos que dan luz”, imitando el gesto histórico de Isabel Tintero, quien colocó un farol junto al cuadro para iluminar a los transeúntes. Explicó que la misión actual pasa por poner esa luz en la puerta de forma humilde, sin imponerla ni utilizarla para juzgar, de modo que sirva de guía para quien se sienta desorientado, cansado o necesite empezar de cero.
La emotiva jornada religiosa culminó, como es tradición, con el especial protagonismo del Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid. Tras agradecerles su servicio constante y solidario, el cardenal les animó a mantener encendida en su trabajo la luz de la Virgen. Este año, el honor de descender el emblemático cuadro de La Paloma –una costumbre que data del año 1923— recayó en
, quien se jubilará en los próximos días. Entre los vivas de los asistentes y el canto del himno, la multitud acompañó este instante de fervor que dio paso a la tradicional procesión de la imagen por el corazón de la capital.
