¿Es bueno el fuego?


Por desgracia, y como todos los veranos, los informativos se llenan de imágenes de parajes que antes fueron idílicos y ahora están cubiertos de cenizas, de casas arruinadas por las llamas, de hombres y mujeres luchando denodadamente contra el fuego. Por supuesto, también aparecen en las pantallas los políticos, normalmente discutiendo por las razones que han acabado en estas tragedias (asimismo, todos dicen que hay que ponerse de acuerdo en terminar con los incendios, pero solo lo dicen).



Echando una mirada a la Biblia, el fuego aparece en ella en muchas ocasiones, y con sentidos diversos. A veces, como imagen de la acción divina, como en Pentecostés. Otras veces, teniendo en cuenta su aspecto destructor (por ejemplo, como imagen o instrumento del juicio). Precisamente en este sentido, hay un texto que siempre me ha llamado la atención. Lo encontramos en el libro de la Sabiduría:

“Los impíos que no querían conocerte fueron castigados con la fuerza de tu brazo: los persiguieron extrañas lluvias, granizadas, tormentas implacables y el fuego los devoró. Y lo más sorprendente era que, con el agua, que todo lo apaga, el fuego cobraba una violencia mayor, pues el universo es paladín de los justos. Unas veces, la llama se amortiguaba, para no abrasar a los animales enviados contra los impíos y para que, al verlos, comprendieran que los impulsaba el juicio de Dios; pero, otras veces, aun en medio del agua, la llama ardía con más fuerza que el fuego, para destruir los frutos de una tierra malvada” (16,16-19).

Incendio. Fuego

Incendio declarado en la Sierra do Careón, en Palas de Rei, Lugo. Foto: EFE

A veces, cuando se oye hablar de los incendios de sexta generación, parece transmitirse la idea de una cierta voluntad en el fuego, como si tuviera conciencia. En el texto bíblico, obviamente, todo depende de Dios, que emplea el fuego como castigo.

El agua

Pero no deja de sorprender cómo se comporta ese fuego, cuyo efecto destructor se agrava precisa y paradójicamente con el agua; y que es capaz de discriminar entre hombres y animales (este sería el ideal de determinados ecologistas, que ponen a los animales, o al medio ambiente en general, por encima del ser humano).