1. En la vida cotidiana
Si han prestado atención al título, podrán descubrir una pequeña distinción con respecto a los anteriores artículos. Continuamos con “somos”, por varios motivos, entre ellos:
- Manifiesta nuestra manera de ser (con otros).
- Expresa nuestra más profunda realidad dado que no existe un “yo”, sin que otros hayan aportado lo suyo desde la gestación hasta el momento actual de la vida.
- Testimonia la más hermosa vivencia eclesial: comunidad, pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, Sacramento universal de salvación (Concilio Vaticano II – LG, 1965).
- Es una afirmación, convicción y manera de ser de contracultura al modelo hegemónico del yoísmo intimista alienante(León XIV – MH, 2026) (#26, 44, 236).
- Porque quiere concordar con nuestra manera de ser: “somos” indica que aquello que lo sigue, se está realizando (Curia, Christian, 2018) y que nos va moldeando, o mejor dicho, configurando como expresa el Concilio Vaticano II (LG 7).
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En esta oportunidad, y aquí está la diferencia, es que utilizamos un sustantivo no un adjetivo como en otras oportunidades. El pequeño detalle se realiza porque ya estamos prontos a celebrar el día del Catequista (21 de agosto) y porque nos parece que favorece comprender el punteo anterior. Principalmente, el acento está puesto en que la catequesis es un ministerio, es una identidad propia de las personas que quisimos responder, comunitariamente, a la convocatoria de la Trinidad por medio de tantos indicios. A su vez, queremos reforzar que nuestra vida y la manera en cómo vivimos es una “catequesis”, es decir, es un eco de la voz de Dios ya presente en el mundo y que por medio de nuestra existencia, el Señor, sigue comunicando su amor, es decir, su gracia de manera “solo por él conocida” (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#22).
Somos “catequesis”, con la vida como es, como está y cómo ella va haciendo eco… con sus potencialidades y, por qué no, con las flaquezas y debilidades, con sus alegrías y tristezas (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#1).
¡Somos… con lo que somos! Es decir, no queremos poner el acento en el “deber ser”, porque con ello mucho daño se ha hecho y la fe cristiana se ha tornado en un manual de buenas costumbres y ritos que, por momentos, pareciera más una filosofía estoica o kantiana, que aquella expresión humana que sigue al Mesías nacido en Palestina.
2. En la fe cristiana: la catequesis
Antes que nada, nos gustaría pedirle perdón a la catequesis, porque en numerosas oportunidades se ha dicho de ella cosas que no la favorecieron en absoluto. En otras, se la ha instrumentalizado como un “fábrica” de católicos que luego de los tiempos establecidos salían con las cucardas de los premios obtenidos. A veces, como instrumentalización política partidaria, donde algunos han hecho de ella una especie de comité, unidad básica, ateneos, bunkers, etc.
Luego de eso, como se suele hacer en las celebraciones litúrgicas, haremos hincapié, en qué entiende la Iglesia por medio de su hermosa y sana Tradición y el magisterio actual sobre este bellísimo ministerio que nos brinda identidad.
La Catequesis:
“es un momento muy importante de la evangelización y está relacionada con el conjunto de las actividades pastorales y misionales de la Iglesia. Es la actividad constantemente necesaria para difundir viva y activamente la Palabra de Dios y ahondar en el conocimiento de la persona y del mensaje salvador de nuestro Señor Jesucristo; la actividad que consiste en la educación ordenada y progresiva de la fe y que está ligada estrechamente al permanente proceso de la maduración de la misma fe” (CEA – JEP, 1988) (# 24)
¡Más claro imposible! La catequesis es un “momento” de la evangelización (Pablo VI – EN, 1975). ¡No es un rito! ¡No es para recibir un premio! Es un tiempo que profundiza el kerygma y que busca hacer resonar en el corazón de los “creyentes” la propuesta liberadora de Jesús. En las primeras comunidades, se lo hacía intentando otear la presencia de Dios en la vida cotidiana por medio de las llamadas “Catequesis Mistagógicas”, que ponían el acento en el misterio de Dios que quiere revelarse y está presente en el mundo… ¡Desde la redacción del Evangelio, pasando por la Didajé y continuando con Catechizandis Rudibus! Luego con la cristiandad medieval se tornó más “historicista” y ya en el s. XVI se la presentó como algo sacramentalista, anatematizante, escrupulosa y memorística. Con los movimientos de reforma y del Concilio Vaticano II, el momento catequético quiere volver a las fuentes para continuar con el “aggiornamento”.
La evangelización es un proceso sinodal y eclesial, por ende, ella brota del ministerio de Jesús Sacerdote, Profeta y Pastor. El Nazareno convoca a las personas a un seguimiento de su propuesta liberadora, ellas se constituyen en comunidades de hermanos que se trasforman en pregoneros del Reino y del Misterio Pascual hasta los confines de la tierra (Hchs. 2, 1 – 11). Cuando los envía vuelve a acentuar la dimensión comunitaria de la fe cristiana: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt. 28, 19). Ahí el resucitado, no reemplaza la acción humana, sino que garantiza su presencia y compañía “hasta el fin de los tiempos” (Mt. 28, 20). Es una acción sinodal: juntos. En otros testimonios bíblicos podemos descubrir que la misión es para otros, no para sí mismos.
Desde esta convicción vivimos a la catequesis como una acción y misión eclesial al servicio de la humanidad, especialmente para aquellas personas que están excluidas, marginadas. Con el Directorio para la Catequesis del año 2020, se hace resonar lo vivido y anunciado desde el Movimiento Catequético en el siglo XX, porque este ministerio es considerado eclesial y comunitario (DPC, 2020) (# 55).
La comunidad de fe existe para otros no para sí misma, es por esta finalidad que la catequesis no está destinada para que las personas sean de una determinada expresión religiosa, sino para que quienes han sido encontrados, buscando la plenitud de otros, se plenifiquen a sí mismas discerniendo con sentido la vida desde la Buena Noticia del Reino: que es Jesús.
Esta misión es sinodal, porque es junto con y en comunidad que es “fuente, meta y contenido de la catequesis” (DCG, 1998) (# 158). Es una misión de toda la Iglesia y que a todos nos concierne (Juan Pablo II – CT, 1979) (# 14. 16). Pero a la vez, hacer catequesis es manifestar una experiencia y concepción eclesial, porque hay una profunda relación entre la eclesiología y catequesis, en la que una se comprende con la otra. Es tal la reciprocidad que la forma de vivir una expresará la cosmovisión que tengamos de la otra. Juntas se manifiestan.
Desde la perspectiva de comunión, la catequesis como proceso de maduración quiere provocar en las personas respuestas para vivir juntos en comunidad. Hay varios hechos de la historia de la Iglesia que manifiestan la renovación cuando ella vive de y por este ministerio. La Catequesis hace creíble a la comunidad de creyentes y ella da sentido a la tarea Catequística que encuentra elementos para la identidad y misión eclesial. Por tanto, es considerada como:
“un camino de crecimiento y maduración de la fe en un contexto comunitario – eclesial que da sentido a la vida. En efecto, por medio de la catequesis todos los hombres pueden captar el plan de Dios Padre –centrado en la persona de Jesucristo- en su propia vida cotidiana […] La Iglesia siente la necesidad pastoral de acompañar al hombre en su proceso de maduración en la fe. Este acompañamiento catequístico se ha de hacer durante toda la vida del hombre, a lo largo de las diversas etapas y situaciones de la persona. Esta es la respuesta para nuestro tiempo que nos ha dado el magisterio de la iglesia y que llamamos Itinerario Catequístico Permanente (CEA – JEP, 1988) (#50 – 51).
¡Es decir, para, durante y en toda la vida! Por eso, somos “catequesis”, somos santos.
3. Plegaria
Durante este mes de agosto, elevaremos juntos esta plegaria para seguir haciendo catequesis, especialmente, con la vida de un santo catequista: Frans De Vos, padre de la Catequesis renovada en Argentina.
Bendita seas, Trinidad, fiel y llena de ternura, es bello y necesario alabarte siempre y en todo lugar, porque sos presencia tierna, bondadosa y cercana.
Te damos gracias, por nuestro amado, admirado y venerado Frans, cuando él hablaba de Instituto Superior de Catequesis de Argentina, le llegaba al corazón, así nos encontramos hoy al balbucear sobre tu presencia en su vida.
Te damos gracias, porque su santidad, es catequesis de tu amor.
Te damos gracias por cada experiencia, reflexión, celebración, risa, lágrima, etc., pero muy especialmente el tiempo compartido con Frans, porque con él vivimos y aprendimos a gustar que bueno es el Señor, que el Evangelio es memoria, identidad, celebración y el sentido de nuestra misión como catequistas. Junto con tantos catequistas, renovando nuestra fe y misión expresamos: Aquí estamos, envíanos.
Gracias Frans, padre de la catequesis renovada, por encontrar y suscitar la alegría de la fe en un mundo en cambio, por ser padre, amigo, maestro y testigo de Dios… y, utilizando las palabras de Pedro a Jesús, lo demás “tú lo sabes todo”, reza por nosotros para que, como catequistas, continuemos haciendo eco del Dios revelado por Jesús, que vive, reina y nos ama por los siglos de los siglos. Amen.
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Bibliografía
CEA – JEP. (1988). Juntos para una evangelización permanente. CABA: Oficina del Libro.
Concilio Vaticano II – Gaudium Et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Concilio Vaticano II – Lumen Gentium (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Curia, Christian. (2018). La #vida nos da #señales. CABA: PPC.
Directorio General para la Catequesis (1998). Obtenido de https://www.vatican.va/
DPC. (2020). Directorio para la Catequesis. CABA: CEA – Oficina del Libro.
Juan Pablo II – Catechesi Tradendae (1979). Obtenido de https://www.vatican.va/
León XIV – Magnifica Humanitas (2026). Obtenido de https://www.vatican.va/
Pablo VI – Evangelii Nuntiandi (1975). Obtenido de https://www.vatican.va/

