No podría ser de otra manera: este es un libro monumental, pródigo, generoso y también imprescindible para recorrer –y disfrutar– del Camino Francés. “Surge simplemente porque a mí siempre me ha gustado el arte, y concretamente más el arte hasta el Renacimiento. Después también, evidentemente, aunque no tanto. Y luego que a mí me gusta viajar. Realmente, es un cúmulo de cosas. Me gusta, además, fotografiar. Yo viajo, fotografío y me pregunto: ¿y esto por qué se hizo así o por qué simplemente se hizo? Es decir, me intereso, nada más, y así ha salido el libro, que ha ido haciéndose cada vez más grande”, responde Enrique Agudo Mora (Madrid, 1950), mucho más que el autor, el creador de ‘El Camino de Santiago por amor al arte’ (PPC).
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Son 808 páginas a todo color, en las que Enrique Agudo ha volcado su pasión por la historia, la cultura y el arte, su infinito conocimiento también de las artes gráficas y, por tanto, del libro como arca llena de posibilidades, donde los textos –como hace en este volumen– se combinan con un gran abanico de recursos: mapas, cronologías, infografías, ilustraciones, planos, biografías, definiciones… y más de cuatro mil fotografías. “Es un libro, sobre todo, didáctico. Porque es necesario que se sepa lo que se tiene y que esto nos lleve a conservar el patrimonio”, afirma.
Iglesia de Santa María de Eunate (Navarra) que aparece en el libro ‘El Camino de Santiago por amor al arte’. Ilustración: Enrique Agudo
“Es muy fácil, muy visual, y está hecho para el común de los mortales. Eso sí, el común de los mortales, aparte de saber leer –que eso se da por hecho–, debe tener algo de interés al menos en ver, en mirar. Nada más –prosigue–. Es decir, es un libro hecho para todo el mundo, incluidos quienes van a los sitios y no se enteran de nada, que yo era el primero. Para eso lo he hecho, para que se pueda enterar de algo quien quiera hacerlo. Por eso es un libro concebido de una manera tan accesible y muy visual”.
Y están, por supuesto, las respuestas a todas las preguntas que el peregrino podría hacerse si sabe mirar. Esas que el autor ha ido respondiéndose enciclopédicamente durante dieciséis años: “En este libro no hay ninguna visión personal de nada. Doy el dato y la imagen, nada más. No hay ningún calificativo ni valoración. Sí está organizado de una manera bastante personal –sostiene–. Y, por otro lado, lo que hace único este libro es que habla de todo el Camino en conjunto”.
Y es que Agudo es un viajero curioso y con método. “Yo no soy ningún peregrino, soy un viajero. Incluso más sencillo, un viajero curioso, que mira las cosas y se hace preguntas. A veces, se pregunta por qué y, otras veces, el cómo de ese por qué –admite–. No hay más historia, y eso conlleva muchas cosas. Yo he vivido toda la vida de hacer libros, y mi método es tenerlo todo clasificado”. En ‘El Camino de Santiago por amor al arte’, “simplemente el método ha ido cambiando”, reconoce.
“No tengo el mismo método ahora que hace dieciséis años cuando empecé con el libro –prosigue–, aunque entonces no sabía que iba a ser un libro, simplemente empecé a viajar, fotografiar e interesarme por las cosas y admirarlas”. Y continúa: “Me hacía una maqueta e iba incorporando toda la información. Lo que me solía pasar es que me encontraba con que tenía muchísimo material. Si lo vas clasificando desde el principio, no es difícil acceder luego a toda esa información, aunque siempre hay alguna historia que se te rebela”.
Clasificar y editar
El método incluye también clasificar y editar las fotos. “Como hago muchas, tenía que emplear Photoshop, pero también decidí incluir dibujos vectoriales y tuve que aprender, porque es algo que no he utilizado habitualmente. He aprendido todo de manera totalmente autodidáctica. Era un desafío personal”, confiesa Agudo. “Lo que ocurre es que se van acumulando desafíos personales –prosigue–. Pero esto es como cuando te ponen un trabajo en el colegio sobre el Camino de Santiago, y yo me puse a hacerlo y ya está. No hay más, no hay que darle ninguna importancia más”.
