José Beltrán, director de Vida Nueva
Director de Vida Nueva

La palabra justa de Jesús Miguel Zamora


MIÉRCOLES

Con el Papa de vuelta a Roma, comienzan a rodar nombres a quienes entregar báculos y mitras. Manos a la obra están quienes han recibido el cuestionario en el que se radiografía a los posibles candidatos. Hay quien ha recibido hasta una decena para analizar. Y, sin entrar en detalles, no acaban de ver el perfil general de quienes han sido presentados para el ilustre casting.



VIERNES

Él no se da importancia. Nunca se la ha dado. Algunos no se la han dado. La primera fila nunca le ha seducido. Ni la segunda, ni la tercera. Quizá está vacunado de raíz. Por el ADN de ser hermano lasaliano. Casi nueve años en el engranaje. Haciendo del trabajo callado, la humildad y la amabilidad algo más que la salvaguardia ante encrucijadas que apuntaban a ruptura.

Con el bien común, la honestidad y la palabra justa como máximas evangélicas, no como mínimos protocolarios. Y dejando a los que les gusta brillar, que brillen y sumen méritos. A él no le hacía falta. Ni le hace. Jesús Miguel Zamora. Secretario general de la Comunión.

Jesús Miguel Zamora en la gala de los Premios Carisma 2022

Jesús Miguel Zamora en la gala de los Premios Carisma 2022. Foto: Jesús G. Feria/ Vida Nueva

SÁBADO

Releo las reflexiones de León XIV a los jóvenes en la vigilia de la Plaza de Lima. “¡Vosotros podéis cambiar la historia!”. Lo inmediato es volcar en ellos toda la responsabilidad de esa transformación. Lo realista es constatar si se les están ofreciendo todas las herramientas, tanto en un aula como en una parroquia, para construir. No les pidamos cuentas si solo les damos placebos.

DOMINGO

Cuando uno es capaz de hacer desvanecer la pena máxima de un Mundial como si se tratara de un prestidigitador, es porque en realidad eres un timador de altos vuelos. Eso sí, ver la descarada tarjeta roja en el otro debería ser una invitación a reconocer, al menos, los fueras de juego que no nos pitamos a nosotros mismos.

LUNES

Verbalizar que una ONG de la Iglesia es menos católica porque destina sus fondos a proyectos de cooperación al desarrollo que no incluyen la construcción de un templo, es como acusar de desencarnada a una ONG de la Iglesia precisamente por no levantar capillas allí donde el vecino no tiene nada para llevarse a la boca. Se trata de descubrir que, en una planta potabilizadora, un pupitre o una olla comunitaria, no solo hay una obra de caridad sino que está el mismo Cristo.