La Fraternidad San Vicente Ferrer (FSVF), grupo tradicionalista asentado en Francia, lamenta el cisma al que ha llegado la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), excomulgada por León XIV tras consagrar el 1 de julio a cuatro obispos contra la voluntad papal.
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En un comunicado difundido estos días, la comunidad rechaza “profundamente este acto, que desgarra la túnica inconsútil de Cristo”.
Nada lo justifica
Y es que, si bien los lefebvrianos invocaron un supuesto “estado de necesidad”, al quedar con vida solo dos de los cuatro obispos que ya consagró ilegítimamente Marcel Lefebvre en 1988, lo cierto es que nada “podrá jamás permitir ir contra aquello que pertenece a la constitución divina de la Iglesia”.
En ese sentido, la FSVF recuerda que, como ya les aclaró el propio Dicasterio para la Doctrina de la Fe en un comunicado el 12 de febrero, existen “diversos grados de adhesión que requieren los distintos textos del Vaticano II”.
En ese punto intermedio, de crítica ajustada ante todo al deseo de seguir permaneciendo en el seno de la Iglesia católica, los fieles pueden “adoptar una justa posición de adhesión al Magisterio al tiempo que critican respetuosamente las deficiencias de algunos textos”.
Proceso de autosecularización
Y es precisamente en ese punto cuando este grupo pone negro sobre blanco su propia crítica al “constatar, junto con numerosos clérigos y laicos, la existencia de corrientes internas en la Iglesia que, ‘no soportando ya la sana doctrina’ (2 Tim 4,3), ponen en duda las grandes verdades dogmáticas y morales mediante un proceso de autosecularización”.
Por ello, los tradicionalistas galos piden al Papa “que condene estos errores y, para la protección del pueblo cristiano, desautorice a los sacerdotes u obispos que los favorecen, y anime a todos aquellos que se oponen a ellos”.
Y es que, “en este contexto dramático”, la única vía a su juicio posible es “continuar con humildad y caridad su misión, sin componendas con el error, en la fidelidad intacta a las disciplinas litúrgicas y a las pedagogías tradicionales, en la comunión visible con la única Iglesia de Cristo y su jerarquía legítima”.
Conscientes de “las tensiones y desgarramientos”
Consciente de “las tensiones y desgarramientos que van a afectar a las conciencias y a las familias”, la FSVF busca ser un pilar para “los fieles inquietos o desorientados”.
Así, a todo ellos les llama a “mantener y cultivar, con la fuerza que dan la fe y los dones del Espíritu Santo, esta doble fidelidad en la que se encuentra una vía coherente y fecunda”.
De ahí que, “con respeto e insistencia”, reclame a la Santa Sede que “manifieste su paternal solicitud por ‘todos aquellos fieles católicos que se sienten vinculados a algunas formas litúrgicas y disciplinarias anteriores de la tradición latina’ (‘Ecclesia Dei’, 5c)”.
El ‘Motu proprio’ que promulgó Juan Pablo II en 1988
Como destaca Europa Press, esta apelación al Motu proprio que promulgó Juan Pablo II en 1988, cuando excomulgó a los obispos consagrados por Lefebvre, no es casual. De hecho, a partir de ella creó la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, que pretendía aglutinar a los llamados católicos tradicionalistas que, a su vez, condenaban el cisma lefebvriano y se mostraban fieles a Roma.
El sacerdote Louis-Marie Blignières, defensor de la liturgia previa al Concilio Vaticano II y fundador de la Fraternidad San Vicente Ferrer, fue uno de los principales impulsores del organismo vaticano.
En 2019, tras 31 años de vida, Francisco suprimió Pontificia Comisión Ecclesia Dei e incluyó todas sus funciones en Doctrina de la Fe.
El gran cambio llegó con ‘Summorum Pontificum’
Aunque el gran cambio ya había llegado en 2007 con el Motu proprio ‘Summorum Pontificum’, con el que Benedicto XVI permitió a los partidarios de la misa extraordinaria (en latín y de espaldas a los fieles, como antes del Concilio) “conservar sus propias tradiciones espirituales y litúrgicas”. Después, en 2009, Ratzinger levantó las excomuniones a los lefebvrianos
En 2021, mediante el Motu proprio ‘Traditionis Custodes’, Bergoglio derogó ‘Summorum Pontificum’. Con él no se acabó con el rito extraordinario, pero sí se restringió su uso y de dejó en manos de cada obispo responsable, siendo él quien debe aprobar o no dichas celebraciones en su territorio diocesano.
Ahora, tras el segundo cismo lefebvriano, han surgido voces, como la del cardenal alemán Gerhard Ludwig Müller, quien fuera prefecto de Doctrina de la Fe, que han llamado a recuperar un órgano parecido a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei.
Con todo, lo cierto es que ya Benedicto XVI, una vez que en ese momento había una comisión de diálogo con los lefebvrianos, era partidario de que la Comisión Pontificia Ecclesia Dei se integrara en Doctrina de la Fe. Como entonces reconoció la propia FSSPX, “el objetivo era abrir la puerta a las discusiones doctrinales” con ellos.
