Editorial

Consistorio de León XIV: la encomienda púrpura

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El 26 y 27 de junio se ha celebrado el segundo consistorio extraordinario convocado por León XIV. Un total de 178 cardenales han secundado la invitación del Papa que, en estos días, ha rubricado lo que ya ensayó en el primer encuentro del pasado mes de enero.



El Colegio Cardenalicio ejercerá, a través de estas reuniones, de asamblea asesora del Pontífice en la gobernanza, tanto de la Curia como de la Iglesia universal. De ahí que resultara especialmente relevante que, en las dos primeras intervenciones que dirigió a los purpurados al arrancar el consistorio, reclamara un cierre de filas en torno a la figura del sucesor de Pedro.

En la misa de apertura, el Papa pidió a su auditorio unidad en la diversidad, apelando a la “concordia en la obediencia”. En la antesala del cisma lefebvriano y con la resaca del correctivo alemán prohibiendo las homilías de laicos, Robert Prevost revindicó este liderazgo y autoridad papal con un llamamiento a ir “corrigiendo lo que se desvía del camino común”.

Esta invitación a la comunión la hizo todavía más explícita justo después, en su discurso en el Aula Pablo VI, con una petición directa a sus compañeros de mesas: “Necesito vuestro apoyo: fuerte, explícito y público”. No se trata de un brindis al sol. León XIV sabe de la polarización eclesial, que también se cuela entre las sotanas cardenalicias.

León XIV. Consistorio

León XIV se dirige a los cardenales durante el consistorio. Foto: Vatican Media

Él mismo lo sufrió en primera persona como prefecto, con los ataques mediáticos y campañas de sacristía orquestadas contra Francisco ante sus reformas. Por eso, no estaba de más reivindicar algo más que complicidad de los cardenales: una lealtad crítica. Esto es, compartir a la cara sus discrepancias, pero en el foro adecuado.

Y es ahí donde entran ya en juego los consistorios, como una pieza más en el engranaje de la sinodalidad. De hecho, en esa misma alocución y a lo largo de esas 48 horas, tanto él como los purpurados que ejercieron de portavoces fueron estableciendo cuál es la hoja de ruta del Papa agustino: el estilo sinodal.

Más sinodalidad y más Doctrina Social

León XIV ha ratificado y asumido como propio el itinerario marcado por Francisco: más sinodalidad y más Doctrina Social. Una apuesta que ha de interpretarse –tal y como verbalizó el cardenal Mario Grech– como “una nueva recepción del Concilio Vaticano II”. Así pues, quien considerara que la corresponsabilidad del Pueblo de Dios en el devenir de la Iglesia era un virus argentino pasajero, se equivocaba.

El Papa encargó a los cardenales aplicar la sinodalidad con medidas concretas. Como él mismo, comentó, no se trata de perderse en quién tiene el poder o en quién se delega una función, sino en cómo servir mejor a un mundo enredado en guerras, que necesita la presencia viva de una Iglesia que conforme una ‘Magnifica humanitas’.