“Ven y verás”: Jesús rompió a llorar al oír estas palabras de María de Betania. No había llorado por la muerte de Lázaro, pero ya no pudo contener la emoción al ver a María repetir las palabras, aquellas palabras, que había oído de Él: “¡Ven y verás!”. ¡Qué seguridad debió tener María, hasta el punto de “acorralar a Jesús” con sus propias palabras!
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San Ambrosio escribe que María no habla solo por sí misma, sino que se convertía en la voz de toda la Iglesia y provocaba una respuesta de Jesús: “El Señor Jesús llora; no permite que la Iglesia llore sola. Compadeciéndose con su querida amiga, le dice al difunto: ‘Sal fuera’”. La audacia de María se refleja en otras mujeres que se encuentran con Jesús. Y Él elige “obedecer” una confianza casi descarada, que es la voz de un pueblo. No es chantaje emocional ni un intento de controlar su poder milagroso. Le sorprendió cómo sus palabras se convirtieron en una certeza para ellos.
Quiero recordar a la hermana Clare Crockett, quien se convirtió en el año 2000 y falleció a los 33 años en 2016, tras un terremoto en Ecuador, donde se encontraba de misión. Un día, Clare no podía concentrarse durante la misa, así que se atrevió a provocar a Jesús con palabras similares a las suyas: “Esta señora, sentada orando ante mí, eres tú, Señor”.
En ese momento, la mujer se giró, comenzó a besar las manos de la hermana Clare y a rezar el Padrenuestro en voz alta. Todos en la iglesia estallaron en carcajadas, pero la hermana Clare se conmovió y reconoció la respuesta del Señor a sus oraciones: Él le había besado las manos y le había dado las gracias.
Nuevas señales
Recientemente, me encontré con la misma confianza en una joven de veintiún años. Ante una situación difícil, me contó que había formulado una oración similar: “Señor, ¿te harás responsable de haberme hecho así?”. Estoy convencida de que Dios, conmovido, encontrará, si no lo ha hecho ya, la manera de responder a tal confianza, y la verdadera vida renacerá en torno a esta joven.
Esta confianza en Cristo, puramente femenina, abre la historia a la acogida de la presencia dinámica y activa de Dios de una forma nueva e inesperada. Es esta confianza la que mantiene unidas a familias enteras y a la gran familia de la Iglesia.
*Artículo original publicado en el número de junio de 2026 de Donne Chiesa Mondo. Traducción de Vida Nueva
