“Lleno de afecto cristiano, les ruego y les pido de todo corazón: ¡rectifiquen!”. Este es el último llamamiento al orden del papa León XIV a los lefebvrianos, que en menos de 24 horas consumarán la ordenación ilegítima de obispos con la que romperían con la Iglesia católica.
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El Pontífice ha enviado hoy la carta que escribió ayer, solemnidad de san Pedro y san Pablo -apóstoles de la unidad-, al superior general de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, Davide Pagliarani, en un último intento por evitar el cisma.
“Les insto a que consideren cuidadosamente el bienestar espiritual de los fieles, porque el acto cismático que cometerían los privaría de la recepción lícita, y en algunos casos incluso válida, de los sacramentos que aman y buscan para su santificación”, le recuerda Robert Francis Prevost. Asimismo, afirma que reza por ellos, pues “rasgar la túnica inmaculada de Cristo es un pecado de suma gravedad”.
León XIV: “La Iglesia está abierta a un camino de diálogo”
El Papa agustino comienza su misiva dirigiéndose a los lefebvrianos “con espíritu paternal, consciente de la responsabilidad que el Señor me ha confiado como Sucesor del Apóstol Pedro“.
En sus palabras, León XIV insiste en que “la Iglesia reconoce el apego a la vida litúrgica, el compromiso con la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades asociadas a esta Fraternidad”. De hecho, “esto ha motivado la actitud de cuidado y benevolencia que mis predecesores les han demostrado constantemente”, subraya.
En el centro, Davide Pagliarani, superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Foto: Archivo Vida Nueva
Para intentar parar el cisma, el primer Papa norteamericano de la historia les confirma que “la Iglesia está abierta a un camino de diálogo y comprensión que el Espíritu Santo puede hacer posible y fructífero”.
Sin más, el Pontífice desea que “el Señor ilumine sus conciencias y despierte sus corazones”. “Por la autoridad recibida de Cristo, con un corazón afligido pero aún esperanzado, me siento impulsado a pedirles que desistan de su intención, y encomiendo estas intenciones al Inmaculado Corazón de María, Madre del Buen Consejo”, concluye su carta a la desesperada.
