“El camino sinodal requiere nuestro apoyo, nuestro discernimiento y nuestra cercanía a las Iglesias”. En palabras del cardenal Mario Grech, estas son las coordenadas que León XIV ha establecido para los cardenales con la vista puesta en aterrizar la hoja de ruta establecida por el papa Francisco con relación a la sinodalidad que el Pontífice agustino ha asumido como propias.
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El secretario general del Sínodo de los Obispos ha sido el encargado de tomar la palabra en la sesión de tarde de esta segunda jornada del consistorio extraordinario convocado por Robert Prevost. Al término de su exposición intervinieron varios cardenales que, lejos de cuestionar las propuestas que lanzó, respaldaron la sinodalidad frente al clericalismo. Únicamente advirtieron el riesgo de que los procesos de consulta que se abren en este tiempo a escala global puedan sobrecargar a las comunidades católicas.
Renovación misionera
Más allá de estos detalles, el respaldo a lo expuesto por el cardenal Grech fue unánime. En su discurso, el purpurado explicó que “la fase de implementación se convierte en una nueva etapa en la recepción del Concilio Vaticano II y en la renovación misionera de la Iglesia dentro de las realidades concretas de la vida eclesial”.
“Esta es la responsabilidad que el Santo Padre, el Papa León XIV, nos anima a asumir juntos: no solo conservar una herencia recibida, sino hacerla fructificar en la vida de las Iglesias y en la misión confiada a la Iglesia en nuestro tiempo”, comentó, sabedor de que sus palabras estaban supervisadas por su ‘jefe’ inmediato.
“Todos compartimos la responsabilidad de custodiar la comunión eclesial y de hacer avanzar la misión de la Iglesia”, aseveró. Y añadió: “Por esta razón, la contribución del Colegio Cardenalicio será especialmente importante en los próximos años”.
En este sentido, advirtió a sus interlocutores de su misión de “alentar procesos de recepción, ayudar a superar malentendidos y temores, y favorecer un clima de confianza y comunión”.
Más participación
Además, describió cómo ha de desarrollarse la actual fase de implementación del Sínodo. “Esta no es una intervención destinada a persuadir a nadie de la necesidad o fecundidad del Sínodo”, alertó desde un primer momento, sabedor de que la acogida a este modelo de ser Iglesia más participativo y corresponsable no ha sido “uniforme”. “En algunos lugares, el camino fue acogido con entusiasmo; en otros, encontró resistencias, dificultades y preguntas”, admitió el purpurado en su alocución.
En cualquier caso, puso en valor cómo se ha reforzado el “deseo extendido de participación, escucha mutua y discernimiento comunitario”. La conversación en el Espíritu promovida como metodología ha permitido, según Grech, enfatizar que “el discernimiento eclesial no consiste principalmente en el intercambio de opiniones, sino en una búsqueda compartida de lo que el Espíritu dice a las iglesias actualmente”.
No más consultas mundiales
El cardenal maltés aclaró que la nueva etapa que se abre no incluye otra “consulta mundial”: “No se nos pide repetir el trabajo ya realizado”. Para el purpurado, el término “implementación” no supone una “simple aplicación de decisiones ya tomadas” o “un conjunto de tareas por realizar”.
“No es este el sentido que queremos darle. Más bien, se nos invita a recoger los frutos de la experiencia vivida”, comentó. Justo después, apuntó que se trata de analizar lo que las Iglesias locales “han experimentado, reconocer los frutos que han madurado, identificar las conversiones que todavía son necesarias y a traducir gradualmente en la vida ordinaria de las comunidades las intuiciones surgidas a lo largo del camino”.
Así pues, Grech adelantó que se llevarán a cabo asambleas nacionales, regionales y continentales que buscarán ser “lugares de encuentro” para “favorecer el diálogo”, y no tanto entendidas como auditorías o espacios de “ mera transmisión de información”.
El papel de los báculos
En su intervención, el secretario general del Sínodo de los Obispos subrayó que el obispo “desempeña un papel insustituible”. “El obispo es el primer responsable del camino sinodal en la Iglesia confiada a su cuidado”, sentenció, en tanto que “es responsable de favorecer el discernimiento, custodiar la comunión, alentar la participación y guiar el proceso de recepción”. “Junto a él trabajan muchos otros y numerosas realidades eclesiales: equipos sinodales, organismos de participación, ministros ordenados, hombres y mujeres consagrados, asociaciones, movimientos, instituciones de formación, familias, jóvenes y comunidades locales”, añadió justo después.
Con estas premisas las etapas de la implementación sinodal estarían identificadas por cuatro verbos: recordar, interpretar, orientar, celebrar. Este proceso, según el purpurado, busca abrir “procesos más prometedores, afrontar las cuestiones que permanecen abiertas y ofrecer orientaciones capaces de dirigir el itinerario futuro”.
La futura asamblea eclesial
Todo este itinerario desembocará en la asamblea eclesial prevista para el año 2028 y que presidirá el Papa. “Deberá ser precisada ulteriormente a la luz del camino que las Iglesias emprenderán en los próximos años”, comentó. Eso sí, aclaró que “no está concebida como una nueva Asamblea sinodal”.
Sobre la implicación de los cardenales en esta agenda sinodal, Grech apuntó que el Consistorio está llamado a “ejercer un ministerio de discernimiento y testimonio”. “De este modo, todos somos herederos e intérpretes fieles de la eclesiología del Concilio Vaticano II: esa eclesiología del Pueblo de Dios y de la comunión”, desarrolló el cardenal.
Es más, defendió que su labor resulta fundamental: “La sinodalidad sin el ministerio de los Pastores correría el riesgo de perder su fundamento eclesial. La Colegialidad sin la escucha del Pueblo de Dios correría el riesgo de no beneficiarse plenamente de la riqueza de los dones que el Espíritu distribuye en toda la Iglesia”.
Con todos estos ingredientes, Grech insistió en que la sinodalidad no es un modelo de gestión, sino que está orientado a que la Iglesia pueda resituarse para ser fiel a su misión evangelizadora en medio de “un mundo marcado por profundas transformaciones”, con guerras, desigualdades, pobreza… “Ante estos desafíos, la sinodalidad aparece cada vez con mayor claridad como un recurso misionero”, argumentó.
