Los cardenales llaman a las instituciones eclesiales a comprometerse para “garantizar que la Doctrina Social de la Iglesia sea conocida y estudiada como remedio para las divisiones”. Así lo han expuesto los purpurados durante la tercera sesión del consistorio celebrada esta mañana en el Aula Pablo VI del Vaticano.
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En este sentido, los cardenales reconocieron que “el antídoto contra el individualismo y las divisiones es el Evangelio”, que también “evita el fundamentalismo y la polarización. Y es que los cristianos están llamados a ser “sabios arquitectos que reconstruyen la ciudad para todos”.
Tras la misa celebrada por el cardenal Giovanni Battiste Re, decano del Colegio Cardenalicio, los cardenales se encerraron durante tres horas para esta sesión moderada por el cardenal Protase Rugambwa, arzobispo de Tabora (Tanzania).
Cardenales en el consistorio. Foto: Vatican Media
El papa León XIV, presente en ese momento, dirigió la oración Adsumus. Tras invocar al Espíritu Santo, el purpurado tanzano ha agradecido a los purpurados sus palabras de apoyo a sus llamamientos por la paz y los exhortó a que los hicieran aún más efectivos llevándolos adelante en sus diócesis y regiones, para que surgiera un llamamiento unificado que fortaleciera aún más este compromiso común.
Los cardenales, ante las fracturas del mundo
Según informa la Sala de Prensa de la Santa Sede, a posteriori, el cardenal Stephen Brislin, arzobispo de Johannesburgo (Sudáfrica), ha expuesto su reflexión titulada ‘Edificar en el bien: las obras de nuestro tiempo’, tras la que ha habido un momento para el silencio.
En su alocución, tomando la encíclica ‘Magnifica humanitas’, ha dejado claro que “la unidad buscada sin Dios conduce, en última instancia, a la fragmentación y a la desintegración”.
A continuación han tenido lugar los diálogos en grupo. La mayoría de ellos centraron sus reflexiones en “las profundas fracturas de nuestro tiempo, entre pueblos, naciones, dentro de las sociedades y en el seno de las familias, y en cómo estas generan heridas, especialmente entre los más pobres, los más vulnerables o los jóvenes”.
En este contexto, el desafío de la inteligencia artificial “se integra como una dimensión antropológica que debe explorarse identificando valores humanos compartidos, comenzando por el llamado a nombrar a los seres vivos y no reducirlos a números y estadísticas, pasando por experimentar y aceptar el sentido humano de la limitación, que la IA tiende a negar, y defendiendo la dignidad del trabajo”.
La siodalidad como responsabilidad eclesial
Varios grupos, según informa la Sala de Prensa, hablaron del “valor del bien común, algo difícil de comprender y asimilar, que la política a menudo no aborda, y de cómo requiere un lenguaje del corazón para superar el conformismo, la corrupción y la sensación de imposibilidad que surge al constatar que la propiedad y los recursos necesarios para lograrlo están en manos de unos pocos”.
En otro orden, “diversos grupos enfatizaron el valor de la sinodalidad como camino hacia la escucha y el diálogo, así como de la responsabilidad eclesial”. La sesión ha concluido con las intervenciones de algunos cardenales y el rezo del ángelus, dirigido por León XIV.
