VIERNES
Para un chaval de barrio de la periferia de Madrid, meterse en el Mercado de Maravillas y jugar a ser el tendero de un puesto de frutas y verduras era de lo más divertido. No tanto para sus tíos y primos que sabían lo que suponía estar de sol a sol, lo mismo haciendo pedidos a los mayoristas que despachando a la clienta capaz de liarla parda porque se había colado un níspero pasado. Es mi primer recuerdo de mi tía Juanita. La mayor de las Aragoneses. Hasta hoy. La de una madre que lo dio todo para sacar adelante a los suyos. Esa generación de las mujeres del hambre de la posguerra que se prometieron a sí mismas que a sus hijos no les faltara de nada. El martirio de la entrega cotidiana.
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SÁBADO
Carim y Chacón. Se dicen un ‘sí’ en público que se han ido labrando en lo cotidiano. Firman los papeles cuando la rúbrica ya se ha hecho en firme en el corazón. Eso no resta emoción. La multiplica. Más aún cuando se casan en casa. Y abren las puertas de par en par a los suyos. Como lo hacen cada día. Imposible que los ojos no se enjuguen cuando toman la palabra y llevan a su terreno los fríos artículos del Código Civil: “Enamorarme de ti fue inevitable”. El amor sigue moviendo el mundo.
DOMINGO
“No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. Tanto consuelo ha dado esta reflexión de Jesús a quien se ha sabido aniquilado por ser voz profética. Y tanto daño ha procurado quien ha retorcido estas palabras para presentarse como víctima de persecuciones inventadas.
LUNES
Alguien me vuelve a poner las imágenes del Santiago Bernabéu. “Para un jugador, hacer un gol aquí es algo que marca la vida. Don José, hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre”. Me hace caer en la cuenta de que quien lo pronuncia no está pensando ni en la sociedad secularizada ni en el Gobierno de turno. Más bien, en la grada. En el palco azul que el que preside tiene a su derecha.
MIÉRCOLES
Rueda de prensa en la Conferencia Episcopal. Josetxo toma la palabra. Para ratificar que se va. Compartiendo que quiso irse hace un año y no admitieron su renuncia. Ahora sí. Doce años de ‘dircom’ de los obispos. Con un viaje papal a las espaldas. Y humildad como despedida: “Todos ellos han hecho que las cosas hayan salido bien. De todas las cosas que han salido mal, he sido yo el responsable”.

