Tribuna

Invisibles y silenciadas son bienvenidas… una mirada teológica desde la diversidad queer creyente

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Han pasado pocos días de la visita del Papa León XIV en España, cual discípula de Emaús, aun voy recordando en el camino todo lo vivido: experiencias, rostros, celebraciones y cánticos. Mi sensación es de alegría, esperanza, pero con un pequeño matiz de tristeza y dolor en el fondo.



En medio de la algarabía, los aires de triunfo, de tejer redes, de visitas a diferentes espacios, me alegra saber que el papa León XIV visitó centros de acogida para personas sin hogar, cárceles con personas privadas de su libertad y lugares de acogida y encuentro para personas migrantes como el emblemático Puerto de Arguineguín, lugar de drama para muchas personas. Sí, ahí, con las vulnerables de las vulnerables. No cabe duda de que su visita fue un baño fresco en medio del verano.

Signo de Evangelio

Su radical confrontación al presidente de Estados Unidos Donald Trump condenando todo intento de destrucción humana; el papel fundamental que tuvo para que la Conferencia Episcopal Española aceptara el pago de las indemnizaciones a las víctimas de la pederastia dentro de la Iglesia y finalmente su encíclica ‘Magnifica humanitas’ (2026) fueron claves para visualizarlo como una autoridad moral dentro y fuera de la Iglesia. Recordar estos hechos me devuelve la sonrisa, porque son el mejor signo de Evangelio y de opción preferencial por las empobrecidas del sistema.

Niurka Gibaja, a la derecha, en el encuentro del voluntariado con León XIV en Madrid.

Niurka Gibaja, a la derecha, en el encuentro del voluntariado con León XIV en Madrid. Foto: Vida Nueva

¿Y el resto? ¿qué paso? ¿dónde quedaron las mujeres y las personas lgtbi+ creyentes? Una vez más, relegadas a la diáspora, silencio e invisibilización. No estábamos en la agenda oficial del papa. ¡Qué dolor y que tristeza! Con estos hechos se confirmaba una ley de la historia: las personas lgtbi+ creyentes pueden esperar, siempre hay otras prioridades de “unidad”. Una jerarquía patriarcal que nos posterga de los espacios públicos, de los lugares donde se toman las decisiones más importantes, de la presidencia de actos litúrgicos, de la “recta doctrina” y de la moral con la excusa de buscar lo que nos une y no lo que nos separa poco tiene del evangelio de Jesús de Nazaret. Se nos sigue postergando con la lógica de la unidad y es cuando me pregunto: ¿acaso no será que la falta de reconocimiento, aceptación e inclusión pastoral y doctrinal de las personas lgtbi+ creyentes nos desune más que nos une?

No estoy hecha para mirar al suelo

Muchas personas lgtbi+ creyentes nos sentimos invisibilizadas y silenciadas; aceptadas mientras no sale a la luz nuestra dignidad en su integridad o más aun mientras “no exista riesgo de generar escándalo público o desorientación entre los fieles” (DDF, 2023). Y es cuando me pregunto: ¿dónde queda la dignidad humana si no la reconocemos en la plenitud de su ser, amar y expresar? Las personas lgtbi+ creyentes existimos y creemos en una Iglesia diversa, no solo de carismas, sino también de identidades y formas de ser, amar y expresar. Durante la visita del papa León XIV también hemos hecho nuestra la canción de bienvenida: “Alzo la mirada, mis ojos en Jesús…no estoy hecha para mirar al suelo, al mirarte se porque nací”. Este canto nos reafirma -una vez más- en la convicción de que no hemos sido creadas para bajar la cabeza, para recoger las migajas, ni para ser creyentes de segunda. Nuestra fe y las comunidades creyentes fieles al evangelio de Jesús de Nazaret nos confirman que somos, amamos y expresamos como respuesta al Amor del Dios Amor, que es bueno.

León XIV en su encuentro con los voluntarios en Madrid

León XIV en su encuentro con los voluntarios en Madrid. Foto: EFE

Durante la visita del papa León XIV en Madrid, estuve de voluntaria y viví la experiencia de Communio Ecclesiae; fueron días intensos cargados de emoción, reflexión y oración. En el encuentro del Papa con el voluntariado en Ifema hice visibles a las mujeres y personas lgtbi+ creyentes en dos gestos que simbolizan el silencio, invisibilización y postergación en esta visita: una pañoleta morada de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia y una bandera arcoíris de la diversidad. Aquello provocó incomodidad, disgustos, empujones y malestar en otras personas voluntarias. Después de soportar un momento, giré y dije: “La Iglesia es diversa y tienen que acostumbrarse”. León XIV se marchó y me quedé pensando que mientras estamos “invisibles y silenciadas, somos bienvenidas”. De lo contrario, incomodamos y somos postergadas.

Tejer puentes

La Iglesia tiene el gran desafío de “tejer puentes”, de pasar del reconocimiento al Encuentro, del acompañamiento al caminar juntas. No bastan una inclusión pastoral con exclusión doctrinal que distingue entre vidas plenamente reconocidas y vidas parcialmente admitidas. El reconocimiento y encuentro pleno implica ir más allá del lenguaje y de la disposición afectiva de la acogida y hospitalidad condicionada para comprender que la vida concreta: identidad, orientación afectivo-sexual, expresión de género, etc. puedan ser leídas también como lugar teológico legítimo donde se funde la verdad de la existencia ante el Dios Amor.

León XIV, con los voluntarios del viaje a España

León XIV, con los voluntarios del viaje a España. Foto: EFE

La afirmación de León XIV sobre la unidad de la Iglesia y la no división por temas sexuales lo único que hace es desplazar y postergar la cuestión fundamental de la existencia humana al control de la uniformidad moral o disciplinar. Si comprendemos el Amor como lugar teológico donde se funde la verdad de la existencia y no como accidente moral, entonces no podemos desplazar el reconocimiento pleno en dignidad a la solo acogida u hospitalidad pastoral que quedan insuficientes. Por último, la divina gratia como mediación de comunión tampoco puede ser un recurso regulado y distribuido bajo condiciones de reconocimiento parcial que no reconoce plenamente la identidad, orientación afectivo-sexual y/o expresión de género desde una unidad pastoral y doctrinal fundamentada en el Evangelio.

Es responsabilidad de la Iglesia, por tanto, revisar las estructuras doctrinales que producen exclusión y no solo quedarse en una acogida pastoral. En este sentido, el gran desafío de la Iglesia es discernir, revisar y repensar la estructura jerárquica, la norma, la teológica y doctrina capaz de ser mesa compartida que revela el amor del Dios de Jesús y su anuncio universal, sin condiciones diferenciales de reconocimiento, para todas las personas creyentes en igualdad y dignidad.