Tribuna

El lenguaje universal del fútbol y de la Iglesia: la unidad en la diversidad de los carismas

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La palabra de la comunión, es importante porque es una dimensión constitutiva de la Iglesia, encuentra sus raíces mas profundas en el misterio de la santísima Trinidad. La espiritualidad de la Iglesia debe vivirse como comunión y comunidad, como Iglesia, Cuerpo de Cristo.



No estamos solos, vivimos en comunidad

Ya desde el mismo evangelio, Jesús ha revelado que Dios no es un ser solitario sino una comunidad de personas en comunión dinámica. El plan de Dios, revelado en Cristo, es compartir su propia vida trinitaria de comunión. Cuanto más nosotros necesitamos de la comunidad, “no somos islas”. Nos recuerda esa frase de Thomás Merthon. La célebre reflexión sobre que “no nacimos solos y que “todo hombre es un pedazo de mí mismo” pertenece al monje trapense y escritor. Se encuentra principalmente en su libro de ensayos Los hombres no son islas (publicado originalmente en 1955).

Comunión teologal

Jesucristo hace posible el acceso de la comunión divina y de esta filiación nace la fraternidad cristiana. Esta fundamental comunión teologal, con su centro común que es la Trinidad, es la base indispensable para toda otra forma de comunión, sea social, económica, política o cultural (Floristan, Casiano, Teología práctica: Teoría y praxis de la acción pastoral, Salamanca, Ed. Sígueme, 1998 p. 568).

La disposición interna del corazón

La expresión: “Un sólo corazón y una sola alma” (Hech 2, 42). Es una frase que brota de lo profundo del corazón de los primeros cristianos. Los Hechos de los Apóstoles nos comunican desde la fe, la vivencia de la comunión en sus inicios en Jerusalén, sabemos que es una síntesis de la vivencia comunitaria en sus inicios, seguro con necesidades materiales, para que pudieran sobrevivir, debían vender lo que tenían y poner en un fondo común por las mismas necesidades de la comunidad. Una comunión de las primeras comunidades estaba centrada en la gracia del Señor de compartir los bienes con los más necesitados en la comunidad.

Minuto De Dios

“Que todos seamos uno” (Jn 17, 21)

Jesús ora a Dios pidiendo que sus seguidores sean uno, así como Él y el Padre son uno.. Representa un mensaje de unidad, amor y propósito compartido, invitando a la comunidad a dejar de lado las divisiones. Al igual que en 1 Corintios 12:12, San Pablo enseña que “el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo; así también Cristo”.

El fútbol es el lenguaje universal de la unidad en la diversidad

En estos días, estamos celebrando el mundial del fútbol, el papa León XIV, durante su trayecto, recibió una camiseta de la Selección Mexicana. Esto lo inspiró a dar un discurso en el que comparó la vida con el fútbol, afirmando que “quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, aún no ha entendido el juego”. Pensemos en las familias, en los grupos y en las comunidades nuestras, pensemos en nuestras parroquias, en nuestras congregaciones religiosas y sociedades de vida apostólica, sabemos jugar, no por los talentos personales, sino por la armonía, la conexión entre nosotros, el significado de hacer comunidad todos los días, sabiendo que cada uno debe llevar en su vida el significado de saberse amado por Dios y cumplir su misión en el trabajo pastoral y comunitario. El lenguaje del fútbol, seguro nos enseña que el mejor equipo no es el que gane todos los trofeos, sino el que aprendió a jugar en y para el equipo, así mismo nosotros, debemos jugar en función del crecimiento de la comunidad.


Por  Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios