Viva la selva


Viajando en el tren hacia Barcelona, escuché esta conversación en el grupo de viajeros de al lado. Mis tres sobrinos (decía una chica) estaban con sus padres al lado de la vaya esperando el paso del Papa. Entendí que eran pequeños y escalonados. Su padre les estaba animando a que, cuando vieran el papamóvil, gritaran juntos: “¡Viva León!”. Y así tenía que ocurrir, pero, cuando pasó a su lado, los dos mayores gritaron como se les había dicho, pero el más pequeñín, quizás el más creativo, lo hizo así: “¡Viva la selva!”. Creo que he transcrito, aún con una sonrisa, lo que escuché, sin ánimo de ser cotilla.



El Papa León XIV dejó un reguero de esperanza en medio de nuestro pueblo, que respondió con creces. Todos lo dicen, los que creen mucho y los que creen menos o a su modo; incluso los que no creen en Dios y mucho menos en la Iglesia.

Quizás, porque el sucesor de Pedro puso en el centro de la diana de sus discursos la dignidad humana. Y, en esta selva en la que vivimos, no es fácil que el ser humano sea ni el centro de la creación ni reconocido como el hijo amado de Dios. Si fuera así, otro gallo nos cantara, y no precisamente el de la traición de Pedro, que es el que nos debía hacer llorar a lágrima viva… Las lágrimas del arrepentimiento y de la conversión.

El muelle de la vergüenza

Así me sentí en el puerto de Arguineguín, en el muelle de nuestra vergüenza, escuchando el testimonio de Blessing, mujer que ha sufrido trata y esclavitud y que, por razones de seguridad, leyó emocionada una mujer de Nigeria. Nos estábamos abrasando, pero en el infierno. El corazón se me rompió en lágrimas de dolor, que brotaban sin poder contenerse. No era el momento de disimular las emociones.

Además, no era el único que estaba llorando; muchas personas presentes y muchos televidentes asentían a sus palabras con más devoción que si estuvieran proclamando el Evangelio. Porque fui forastero y me acogisteis… nos dice Jesús. También el Papa lloró.

Papa en medio multitud. Papamóvil. Santa Cruz de Tenerife

Miles de personas recibieron al papa León XIV en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Foto: EFE

Ante los testimonios de sufrimiento, infringidos por los epulones y la corte de bufones que les rodean congraciándose con ellos para no perder las ganancias, no nos queda otra misión que unirnos a aquellos que luchan por la dignidad de todos, como este pescador de hombres, Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo, el primer testimonio que, durante 18 años, se ha dedicado a salvar vidas en el mar. Si no estrechamos nuestras manos con las de ellos para resucitarlos, mantendremos la ley de la selva. Y es que los niños, inocentemente, siempre dicen la verdad. ¡Ánimo y adelante!