Concluidos los protocolos iniciales de bienvenida, el primer acto público en el que León XIV se ha mezclado con la gente de Madrid ha sido entre los trabajadores, voluntarios y destinatarios del Proyecto Social “Cedia 24 Horas”, en el popular barrio de Lucero.
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En esta entrada simbólica en un centro de Cáritas es como la entrada de lleno del Papa en Madrid –frente al contraste de Benedicto XVI cruzando la puerta de Alcalá en 2011–, ha reivindicado la urgencia de la acción social y ha ensalzado la labor del centro, calificándolo de auténtico milagro cotidiano.
El acto comenzó a las 18:00 h, después de quienes esperaban al Papa vivieran una tarde de preparación que incluyó música, oración y la creación participativa de un “Árbol de la esperanza”. A su llegada, el Pontífice recorrió las instalaciones, compartiendo un momento íntimo en las habitaciones con tres usuarios del centro, para posteriormente visitar el comedor y salir al patio central.
En la bienvenida institucional del cardenal José Cobo, el arzobispo de Madrid compartió con los asistentes: “Hoy usted entra en Madrid por una puerta singular: pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia”. “Desde aquí, la diócesis quiere ofrecerle el primero de los abrazos que recibirá en estos días: un abrazo que nace de la convicción de que el Evangelio se comprende mejor cuando la realidad se mira desde los últimos”. Después, tras la actuación de Niña Pastori, el Papa se dirigió a los asistentes.
El papa León XIV en el centro CEDIA 24 Horas, de Cáritas Madrid mientras canta la Niña Pastori. Foto: EFE
Un “belén” vivo y encendido todo el año
Con tono cercano, León XIV se presentó repitiendo una máxima del arzobispo: “quien está en Madrid, es de Madrid”. El Papa agradeció la bienvenida, asegurando sentirse como “un madrileño más” dentro de una inmensa y maravillosa familia donde “ocurren milagros de amor” y en la que “nadie se queda solo”.
Y es que en su intervención, el Pontífice recordó que, de un tiempo a esta parte, la ciudad es famosa por los belenes que la adornan en la época de Navidad. Sin embargo, matizó que la belleza de estos no es más que una “pálida expresión” de la maravilla que se vive en el centro, al que describió como un “belén” sencillo y acogedor en el que se sigue preparando el espacio “día y noche para Jesús, presente en las personas que se asoman al umbral” en busca de auxilio.
El discurso del Papa estuvo fuertemente anclado en la realidad de las personas acompañadas por el proyecto. Refiriéndose a los testimonios escuchados minutos antes, León XIV destacó varias historias de superación amparadas por “una pequeña puerta abierta pequeña en tamaño, pero inmensa en misericordia”.
De la abogada cubana Niurka, quien gracias a esa puerta ha podido brindar a sus hijos, Ares y Atenea, destacó “la vida, su amor de madre, la gracia del Bautismo y la promesa de un futuro feliz”. Del senegalés Khadri, que logró atravesar “el oscuro túnel de la pandemia” y, con el apoyo del centro, no solo halló un empleo, sino que recuperó las ganas de servir de “apoyo a otros”. Finalmente de Alicia, Alba y los voluntarios del Proyecto Esperanza de las Adoratrices, alabó que día a día ayudan a numerosas mujeres a recobrar “la dignidad, la autonomía, la esperanza y el respeto por el valor sagrado de su persona”.
Estos relatos de vida se plasmaron también en los regalos simbólicos entregados al Papa: una cinta con nombres infantiles que representa la alegría que cada nacimiento trae al mundo; un permiso de residencia como símbolo del “compromiso, honestidad y acogida”; y una sandalia, que rememora el encuentro de Moisés en el Horeb, recordando la “tierra sagrada” que debe respetarse en toda existencia humana. El Papa ha entregado un icono de “Cristo, rostro del amor”
Responder a la exclusión
Bajo el lema de la visita, “Alzad la mirada” (Jn 4,35), el Papa lanzó un fuerte llamamiento a la acción frente a las necesidades sociales. Advirtió que la caridad “no admite demoras” y que cada encuentro con el prójimo vulnerable es un “kairós, un momento de gracia único e irrepetible para amar”.
“El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado”, confesó, “me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana. No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del evangelio”.
Apoyándose en las enseñanzas del papa Francisco, alertó sobre el peligro de tener un corazón “aburrido” e “impermeable” que acaba por endurecerse, y recordó que la verdadera caridad exige mirar a los ojos de quien sufre, pues “la limosna no es beneficencia”.
El papa León XIV durante su intervención en su visita este sábado al centro CEDIA 24 Horas, de Cáritas Madrid. Foto: EFE
La atención al sinhogarismo
Todo esto lo ha proclamado León XIV en una ciudad donde el sinhogarismo se ha intensificado debido a factores como el encarecimiento de los alquileres, la precariedad laboral y la situación administrativa de muchas personas migrantes, según informan desde el proyecto.
Frente a este escenario, el Centro de Emergencia y Atención Integral (CEDIA) de Cáritas Madrid ofrece un entorno seguro y digno. Con una media de 82 personas atendidas diariamente en el centro de día y 67 plazas en sus centros de noche (47 para hombres y 20 para mujeres), el recurso logró acompañar a 2.562 personas durante el año 2025. Su éxito radica en un modelo de intervención integral impulsado por un equipo multidisciplinar y 71 voluntarios dedicados no solo a responder a la emergencia, sino a reconstruir proyectos de vida.
El acto concluyó con la emotiva entrega del Árbol de la Esperanza, fruto del trabajo participativo de la tarde. Tras ello, el Papa impartió su la bendición final, ya que, como concluyó en su intervención, ha querido encomendar a todos los presentes a la Virgen de la Almudena, a quien invocó como “manantial de misericordia” y “abrazo de la esperanza”.
