Los religiosos argentinos clamaron por la justicia social y ambiental

Alertaron sobre el deterioro del tejido social e instaron a priorizar la dignidad humana

Los religiosos argentinos clamaron por la justicia social y ambiental

“… alzamos nuestra voz para hacernos cercanos a la realidad de nuestro pueblo que transita el presente en medio de incertidumbres y crecientes preocupaciones”. De esta manera, la Junta Directiva de la Conferencia Argentina de religiosas y religiosos (CONFAR) dieron a conocer una declaración titulada: “Nacer de nuevo en una tierra que clama justicia”.



Expresó su preocupación ante la fragmentación de dos realidades que son indivisibles: la dignidad humana y el cuidado de la Casa Común porque destacaron que “no puede haber justicia social sin justicia ambiental, ni progreso real si éste se construye sobre la “cultura del descarte”. Se trata de un modelo de sociedad y de economía que excluye, margina, y va haciendo cada vez más frágil el tejido social.

Señalaron que, desde su compromiso religioso en medio de los barrios, escuchan un clamor que nace de la vulnerabilidad de la gente y del maltrato hacia la tierra: violencia en las escuelas, maltrato, trata de personas, venta fraudulenta de las tierras, niños y jóvenes sin comer, y adultos mayores desatendidos en sus necesidades básicas, poco acceso a la medicina y la salud. “Estamos ante un tiempo que exige lucidez profética y una caridad que no se rinda”, afirmaron.

Urgencias y propuestas

Seguidamente, enumeraron tres realidades que interpelan, con urgencia y exigencia:

  • El retroceso socioambiental, provocado por políticas centradas en el beneficio económico inmediato sobre las leyes protectoras de  glaciares, montes y humedales, pone en riesgo el futuro de las próximas generaciones.
  • La vulneración de la vida, a través de la desprotección de fronteras y ciudades por la ausencia del Estado que facilita la consecución de delitos aberrantes como la trata de personas o el avance de las adicciones en las comunidades;
  • El quiebre de la paz social por la violencia escolar y la precariedad que sufren muchos adultos y personas con discapacidad. Este escenario exige que la persona vuelva a ser puesta en el centro, por encima de intereses sectoriales.

 Frente a esta realidad, la CONFAR, no como espectadores del dolor sino como parte de la sociedad que camina junto al pueblo, propuso tres pilares para reconstruir el país:

  • Sí a la dignidad humana: urge que las instituciones o establecimientos gubernamentales reciban lo que por derecho les corresponde para cuidar a los más frágiles.
  • Sí a la verdadera libertad, una libertad que no sea indiferencia, sino respeto por la pluralidad. Los temas que “generan grieta” deben ser puestos sobre la mesa del diálogo honesto, porque el silencio beneficia a la injusticia.
  • Sí a la paz perdurable como fruto de la justicia, que “nace de desarmar no solo las manos, sino también los corazones que naturalizan la exclusión”.

Nacer de nuevo

La vida consagrada de Argentina valoró la riqueza inmensa, no solo en sus recursos naturales y capacidades productivas, sino también en la hondura humana y espiritual de su pueblo, que sostiene cotidianamente la esperanza.

Sostuvieron que la Patria necesita “nacer de nuevo”, con la cultura del encuentro, del trabajo digno, del compromiso con la educación y el cuidado de la vida, de la valentía de reconocerse mutuamente como hermanos y hermanas.

“Queremos renovar nuestra opción de caminar junto a las personas más frágiles y vulneradas, haciéndonos cercanos a sus luchas, a sus búsquedas y a sus esperanzas. Como Vida Religiosa que peregrina en la Argentina, deseamos seguir estando presentes en medio del pueblo, compartiendo sus heridas y sosteniendo, aún en la fragilidad, la certeza de que otro horizonte es posible”, puntualizaron los religiosos.

Y, finalmente, instaron a los dirigentes políticos, y representantes de los sectores sociales, económicos y culturales, y a toda la sociedad, a recuperar la justicia, la fraternidad y la ternura como verdaderas categorías políticas y sociales, y subrayaron: “Soñamos con una Nación donde la dignidad humana sea el centro y nunca una variable de ajuste; donde el acceso a la tierra, al pan, al techo, al trabajo, a la salud y a la educación sea garantizado para todos y todas, especialmente para quienes más lo necesitan”.

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