Tribuna

La experiencia de Pentecostés: una corriente de gracia que sana y renueva nuestras comunidades

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Los evangelios son post-pascuales, lo que nos hace profundizar sobre el verdadero sentido de las palabras de Jesús y su promesa del Espíritu Santo en relación con la verdad y la plenitud de la misma identidad y continuidad del Reino de Dios.



La promesa del Espíritu Santo

La promesa del Espíritu Santo, es la continuidad del ministerio público de Jesús, quien  va enseñando poco a poco todo lo que Jesús tiene para decirle a sus discípulos y para guiarlos por su camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6), pero de manera plena, por eso, el Espíritu Santo nos guiara así: “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros” (Jn 16, 13-14).

La promesa se cumple en Jesús, el verdadero profeta

En el Antiguo Testamento en el profeta Isaías nos dice: “El Espíritu del Señor Yahvé está sobre mí. ¡Sí, Yahvé me ha ungido! Me ha enviado con un buen mensaje para los humildes, para sanar los corazones heridos, para anunciar a los desterrados su liberación, y a los presos su vuelta a la luz. Para publicar el año de la gracia de Yahvé, y el día del desquite de nuestro Dios, para consolar a los que lloran y darles una corona en vez de ceniza, el aceite de los días alegres en lugar de ropa de luto, cantos de felicidad en vez de duelo”(Is 61, 1-3).

¿Quién es Jesús? ¿Para qué vino Jesús?

Jesús retoma, estas palabras en el corazón de la sinagoga judía de Nazareth, en el cumplimiento de esta promesa desde el Antiguo Testamento, al inicio de su ministerio público y declara: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír” (Lc 4, 21).

Pero observemos cuidadosamente, varias palabras que debemos reflexionar para ayudar a una mejor comprensión del texto, desde una comprensión profunda y real del texto en su contexto, siempre tendremos que aprovechar y sacar el jugo a la riqueza de nuestros padres de la Iglesia, sus homilías pastorales son iluminadoras para nosotros hoy.

El simbolismo de la unción con aceite también representa al Espíritu Santo (cf. 1 Jn 2, 20-27; 2 Cor 1, 21), hasta el punto de convertirse en sinónimo del Espíritu Santo.

Oracion 1

En la iniciación cristiana, todos somos ungidos

En la iniciación cristiana, desde el bautismo somos ungidos y la unción es el signo sacramental de la confirmación, llamado “crisma” en las Iglesias de Oriente. Su pleno significado solo puede comprenderse en relación con la unción primaria realizada por el Espíritu Santo, la de Jesús. Cristo (en hebreo “mesías”) significa aquel “ungido” por el Espíritu de Dios.

No pretendemos hacer un estudio detallado, pero hubo varios ungidos del Señor en el Antiguo Pacto, entre los que destaca el rey Davíd (cf. Éx 30, 22-32; 1 Sam 16,13). Pero Jesús es el ungido de Dios, por excelencia, por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo lo estableció como “Cristo” (Cf. Lc 4,18-19; Is 61,1). De ahí viene a liberar toda opresión por el pecado.

Cristo, el ungido y la victoria sobre la muerte

Ahora, plenamente establecido como “Cristo en su humanidad victorioso sobre la muerte, Jesús derrama el Espíritu Santo abundantemente hasta que “los santos” constituyen -en su unión con la humanidad del Hijo de Dios- ese hombre perfecto “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”: ( Ef 4,13; cf. Hch 2,36) “el Cristo entero”, en la expresión de San Agustín.

En este sentido, el Espíritu Santo, es la fuerza que impulsa a los discípulos a continuar en la fidelidad a la Iglesia como comunidad de discípulos guiados por la gracia del Espíritu Santo, la mejor expresión de esa fuerza está en la proclamación de los evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, escrito por san Lucas.  en donde la palabra “Espíritu”, en la mentalidad hebrea, que significa viento, hálito, soplo de vida, fuerza interior que nos transforma desde dentro porque se vive, se siente la fuerza transformadora de su gracia avivando la fe en la comunidad.

Para sanar los corazones

El hombre de todos los tiempos, está herido, la mayor herida está en la raíz del pecado, en el salmo 51, 17 nos dice: “Los sacrificios que agradan a Dios son un espíritu quebrantado; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás”. (cf. Sossa, Wilson ¿Cómo sanar el corazón?, 2026, Ed. Espacio compartido, Bogotá).

El pecado empaña, es el que desdibuja esa imagen de Dios, es esa pecado que nos aparta del plan de Dios. Rompe nuestra amistad con Dios. El pecado es una ofensa a Dios y a su relación con el hombre. El pecado del rey David, es haber deseado en su corazón a la mujer Betsabé y llevar a la muerte a su marido Urías el hitita, colocándolo -indirectamente- al frente del ejercito. Dios envió al profeta Natán para confrontar a David por sus acciones. David reconoció su grave error y se arrepintió profundamente ante Dios: “”Contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de Tus ojos” (sal 51,4).

Un corazón sanado

Dios escucho el corazón arrepentido de David, de ahí viene la sanación y restauración del corazón mismo. Desde las heridas del corazón, el Señor sana, cicatriza y hace un nuevo corazón, renueva el corazón, Jesús viene a restaurar el corazón que es sincero, está arrepentido y quiere hacerlo nuevo, desde la acción del Espíritu Santo, que renueva las fuerzas y nos ilumina para saber la raíz de las heridas del corazón (cf. Sossa, Wilson, Para sanar el corazón con el perdón, CCMD, Bogotá, 2025).

Renovando nuestras vidas con el Espíritu Santo

Evangelio de san Mateo, donde instruye: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt 28, 16-20). Este mandato de Jesús transforma a sus sedentarios y marginados discípulos, personas de poca monta social y escasos recursos financieros, en peregrinos incansables de la escucha de la Palabra, de enviados por la Palabra, de instrumentos de la Palabra y predicadores por todo el mundo para bautizar en nombre de la Santísima Trinidad (Cf. Los 7 regalos del Espíritu Santo, ed. Espacio compartido, Bogotá, 2026).

La experiencia del Pentecostés

En estos días he estado en el Triduo de Pentecostés, en la Parroquia de María Inmaculada, en Minnesota (EEUU), para vivir la renovación y la experiencia del Espíritu Santo en el contexto de la espiritualidad carismática católica, recordemos que en el seguimiento de Jesús, la centralidad está en continuar la vida de Jesús en la tierra, siguiendo en la obediencia y fidelidad de su ministerio, así es considerada una vida según el Espíritu, una vida que tiene como fundamento e inspiración el modo de ser y actuar de Jesús de Nazareth hasta el fin de los tiempos.

En este orden de ideas hemos vivido la fuerza y la unción de una verdadera renovación, avivada por su gracia, hemos experimentado una corriente de gracia, un fuego que arde en el corazón de todos los que hemos vivido la experiencia, el Señor une los corazones, nos sana y nos restaura, eso es lo que hemos experimentado estos días con las predicaciones y los momentos de oración, gracias a todas las personas que han participado y siguen avivando esa gracia en muchos corazones de esta parte del planeta.

¿Qué nos queda?

Seguir los pasos del Señor, hemos descubierto que las canciones avivan con fuerza, la alegría, el gozo y la renovación se da en cada corazón dispuesto por el Señor. Nos queda seguir adelante, nos queda el recuerdo, nos queda la humildad y la sencillez de cada hermano(a), nos queda el agradecimiento y seguir evangelizando a cada persona y cada corazón, siempre en obediencia con la Iglesia.

¿Cómo dejar al Espíritu Santo actuar hoy?

– Disponernos en oración, con la Palabra de Dios (un lapicero y subrayando con un resaltador esa frase o palabra que nos impulsa a orar), un lugar (apropiado si es en la casa, templo o en el santísimo) y en sintonía con el Espíritu Santo a través de las canciones carismáticas (hoy en día tenemos muchas canciones inspiradas en el Espíritu Santo).

– Dejar al Espíritu actúe en cada uno o en grupo, para que sane y libere toda opresión o fuerza del mal y nos llene de su amor.

– Pedir la unción del Espíritu Santo en las comunidades y no dejar apagar su fuera e impulso.

– Los grupos de oración carismáticos, retiros, congresos son una fuerza impresionante para alimentar el corazón y participar nos llena de gozo y no nos deja apagar su fuerza en cada uno.

– Hacer obras de caridad en la Iglesia, ayudar a las personas nos alegra el corazón, nos ayuda a colaborar con generosidad para crecer en la solidaridad.

– Leer libros que alimentan nuestro espíritu o regalar libros de crecimiento son una buena herramienta para dejar obrar al Espíritu Santo.

Hoy tenemos más alternativas y oportunidades para ser mejores personas, tenemos más herramientas y tenemos cantidad y calidad de muchos autores y escritos que debemos saber escoger con discernimiento y leer nos abre el mundo a nuevas oportunidades y alimenta nuestra creatividad.

 ¿Dime qué lees y te diré quién eres?

Un buen libro puede cambiar la vida de alguien… Una canción inspirada en el Espíritu Santo puede motivar a alguien… Un buen consejo puede salvar a alguien… ¿Has regalado algún libro? ¿Qué te motiva a regalar o leer un libro hoy?


Por  Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios