Episcopado de Honduras expresa su condena e indignación por el asesinato de veinte trabajadores agrícolas

Los obispos de Honduras señalan: “no podemos aceptar justificaciones superficiales ante hechos tan horrendos”

Trabajadores agrícolas

La Conferencia Episcopal de Honduras expresó tristeza pero también su condena e indignación por el asesinato de veinte trabajadores agrícolas, el 21 de mayo en la finca de palma ‘Paso Aguán’, en la Aldea de Rigores, Trujillo.



Los obispos de Honduras señalaron que las víctimas se dirigían a efectuar sus labores diarias e indicaron que si bien los detalles del crimen se irán clarificando, “no podemos aceptar justificaciones superficiales ante hechos tan horrendos, los cuales han ensangrentado y enlutado a tantas familias inocentes”.

De acuerdo con datos de las autoridades, entre las personas asesinadas se encontraban tres mujeres y tres menores de edad; el crimen habría sido perpetrado por grupos criminales que se disputan el territorio.

Obispo Nácher en caminata

José Vicente Nácher, arzobispo de Tegucigalpa y presidente del episcopado hondureño. Foto: Suyapa medios

“Toda vida es sagrada a Sus ojos, como también debe serlo a los nuestros”

El episcopado de Honduras -dirigido por su presidente, el arzobispo de Tegucigalpa, José Vicente Nácher Tatay, aseguró que la violencia en su país se ha recrudecido, “evidenciado en la reciente muerte de varios policías y civiles en Corinto, Omoa, zona fronteriza de Guatemala”.

Recordó que “cada víctima es una persona creada a imagen y semejanza de Dios, y toda vida es sagrada a Sus ojos, como también debe serlo a los nuestros. Expresamos nuestro más absoluto repudio a estos y otros actos similares”.

Manifestó sus condolencias a los familiares y elevó sus “oraciones en sufragio de los difuntos y pedimos a Dios por la pronta recuperación de los heridos… estamos obligados a trabajar para que se instaure en Honduras su reino de justicia, verdad y paz”.   

Cabe destacar que el presidente del país, Nasry Juan Asfura, envió condolencias a las familias de las víctimas y calificó la muerte de esas personas como “una herida que Honduras no merece“; asimismo, aseguró que el crimen no quedará impune.

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