Fernando Vidal
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

Defender la esperanza es resistir


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Nadie vive en su siglo por casualidad. Nacer en este tiempo concreto es la primera confianza que Dios pone en nosotros: nos encarga este cuándo de la historia. Somos la persona que este mundo más necesita. Hemos sido elegidos y bendecidos por el Cuidado de Dios para vivir y crear en este momento de la historia.



Pero el bombardeo diario de maldades mella nuestro ánimo, crea ansiedad, escepticismo y desconfianza sobre el ser humano y sus obras. Ese estado de desesperanza es una herramienta de las fuerzas del mal para extender la Tecnocracia y el autoritarismo. Para someternos, quieren desesperanzarnos y que cedamos al odio, la sospecha y la guerra de identidades.

Una encuesta del Centro Pew en marzo de 2026 muestra que ha aumentado la población que piensa que sus conciudadanos son moralmente malos. Algunos de los países que más amenazan sus democracias ocupan los puestos más suspicaces: Argentina, Hungría, Italia, Francia, Brasil y Estados Unidos, donde lo piensa el 53% de la población. En España, el 28% cree que el resto de la gente es moralmente mala.

Joven tomando el sol

Joven tomando el sol. Foto: EFE

Por el contrario, Dios está continuamente alabándonos: espera de cada uno sin límite. En Dios omnisciente cabe el asombro; debe conmoverse cuando una criatura tan pequeña y desnuda se quita su capa para vestir al desnudo.

Alabar a Dios

Existir es la primera alabanza que Dios nos hace. Alabar a Dios no es un acto asimétrico y humillante, sino pura reciprocidad a la amistad de ese Dios cuya primera alabanza a cada uno es hacernos existir. Dios considera que podemos ser lo mejor para este mundo, aunque a veces nos empeñemos en ser lo peor. Creer en cada ser humano es unirse a la alabanza de Dios. No perder la esperanza en el ser humano es la más íntima resistencia al mal.

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