Hace unos días, en el cumpleaños de una compañera de mi hijo, varios padres, al conocer mi implicación política, compartían una visión bastante extendida: “es imposible cambiar”; “los políticos en cuanto tocan poder siempre se corrompen, por muy buenas intenciones que tuvieran”; “la política lleva inherente el sacar la parte egoísta del ser humano”, etc.
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Hace tiempo que dejé de intentar convencer a nadie de lo contrario. Porque las palabras no vencen esas dudas. Solo los hechos. Y, siendo honesto –y con dolor–, en parte entiendo ese diagnóstico. He conocido a muchas personas con vocación sincera de servicio público que, con el tiempo, acaban atrapadas en dinámicas que las alejan de sus principios iniciales: disciplina interna acrítica, confrontación constante con las formaciones adversarias, relatos que distorsionan la realidad.
Tiempos oscuros
La cuestión, entonces, es inevitable. ¿hay salida a este ciclo?
El contexto actual no invita al optimismo. A nivel global, asistimos a un aumento de la desigualdad, el debilitamiento de las democracias y el auge de populismos y conflictos. En el ámbito nacional, la polarización, la desinformación, la doble moral de los partidos y sus dirigentes, y la lógica del “enemigo político” parecen imponerse.
Sin embargo, incluso en escenarios así, a veces aparecen pequeñas luces.
Luces que luchan para darle la vuelta a la historia. Con humildad, con débiles posibilidades. Pero cargadas de esperanzas.
Una de ellas es la candidatura en estos días de María LUZ Gómez Martín, a la Junta de Andalucía.
La luz de María Luz
No se trata aquí de pedir el voto ni hacer campaña, sino de reflexionar sobre lo que representa.
Vamos por partes.
Lo que primero llama la atención de María Luz es su edad: tiene 90 años. Es la candidata más longeva en unas elecciones nacionales o autonómicas de toda nuestra historia democrática. Y este dato genera, de por sí, sorpresa e incluso dudas razonables ¿Puede alguien de esa edad liderar una candidatura? ¿Tiene sentido?
Ella misma responde con sencillez: “la edad no es más que un número y no define la capacidad de aportar”, porque “hay muchas personas mayores que siguen teniendo mucho que ofrecer”. Y, lo mejor, es que, si cambiamos “mayores” por cualquier otro colectivo orillado y descartado, sigue funcionando la afirmación.
Pero, más allá de la cuestión de la edad y la pertinencia, lo relevante aparece cuando se escucha su forma de entender la política.
Augustín Ndour, María José Ríos, de Pueblo de Dios, María Luz Gómez Martín y Luis Antonio Rodríguez Huertas. Foto: Vida Nueva
Porque María Luz habla sin descalificar a nadie ni ir contra nadie. Una y otra vez repite que “no quiere quitarle el sillón a nadie, sino conseguir abrir una rendija para llevar la voz de tantas personas que no son tenidas en cuenta”.
Y eso es pura luz.
La revolución de la luz
Y es que, el riesgo una y otra vez es olvidarnos de lo esencial, de lo importante, de lo prioritario. Que no puede ser otra cosa que trabajar para que todo el mundo pueda vivir dignamente y en paz.
Para ello se presentan el “terremoto” María Luz y la candidatura que encabeza en el Partido Por Un Mundo Más Justo (M+J), en la que se encuentran perfiles alejados de los circuitos políticos tradicionales como: una persona en situación de sin hogar, el primer firmante de la ILP por la regularización extraordinaria de personas migrantes, una persona que lleva toda la vida trabajando por la mejora de los barrios vulnerables, y otra que tiene una fundación donde conviven 200 personas excluidas de 40 nacionalidades diferentes..
Esa es la revolución de la Luz: poner en el centro a quienes normalmente no lo están.
¿Tienen opciones reales de alcanzar representación? Probablemente no. Porque volverá a pesar el mal llamado “voto útil”, el que “no salgan los otros”, el mirar mis propios intereses.
Dibujo que represenata a María Luz Gómez Martín, candidata a la Junta de Andalucía. Foto: Vida Nueva
Pero, quizá la cuestión más interesante no sea esa. Si no, ¿qué pasaría si iniciativas así lograran, al menos, inspirar otra forma de entender la política y devolver la nobleza que está función pública tiene en su esencia?
Quizá esta Luz podría extenderse, hasta que toda nuestra sociedad consiguiera salir del túnel oscuro, que es como se percibe muchas veces la situación actual.
Vete tú a saber.
Muchas grandes historias comienzan así, con alguien que enciende una –en apariencia– frágil LUZ.
