Tribuna

La Santa Misa debajo de un puente

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Mientras me preparo para oficiar la ‘Misa de San José Obrero’ con la que abre la manifestación anual del Día Internacional de los Trabajadores, el próximo viernes primero de mayo, tengo tiempo para tratar de discernir algunas detalles. Las organizaciones de la sociedad civil que hacen la convocatoria -sindicatos de trabajadores, grupos estudiantiles universitarios, comunidades y el Colectivo Nacional “Todos somos pueblo”, entre otras- me han pedido que la celebremos debajo del puente de la principal autopista de San Juan.



Será al principio de la ruta que llevará la marcha, desde el mega centro comercial “Plaza las Américas”, pasando frente a los edificios de la fiscalía federal, el tribunal federal y el del Buró Federal de Investigaciones (FBI), hasta llegar frente a la junta de control fiscal impuesta por Estados Unidos. Y, como dije, será debajo del puente donde oficiaré la Santa Misa, para iniciar la marcha con la que al decir del fenecido papa Francisco, “avanzamos” en la ruta ceremonial por un mejor futuro para nuestro pueblo.

Las fuertes columnas y arcos y vigas –como si formaran una gran bóveda– tiznadas y sucias del polvo de la carretera y los automóviles, serán representación de una catedral del trabajo.

Allí me tocará proclamar la adoración a Dios “en espíritu y en verdad”. Allí me tocará proclamar la voz de la paz en tiempos de guerra, me tocará expresar la solidaridad de la Iglesia y de nuestro pueblo con las víctimas de los bombardeos contra Palestina, contra Irán, contra todo el Oriente Medio, y de las amenazas contra Cuba, entre otras situaciones críticas.

Pedro Rafael Ortiz

El padre Pedro Rafael Ortiz. Foto: VN

Debajo del puente

Allí, debajo del puente, me tocará poner mi voz y mi corazón para bendecir a todos los que sufren esta guerra sin sentido y unirme lo poco que puedo a la heroica valentía de nuestro papa León XIV –el valiente León de la Paz– que no se ha amedrentado ante las amenazas y persecuciones de los magnates de esta guerra y sigue proclamando ante el mundo las enseñanzas del Evangelio.

Allí, debajo del puente, me tocará bendecir a los luchadores por la paz, que avanzarán reclamando “paz y justicia para nuestro amado Puerto Rico”, mejores salarios, mejor educación, respeto a la salud y la dignidad del pueblo y solidaridad para todos los que sufren, en mi patria y el mundo por la guerra que nos azota. Ellas y ellos serán la voz potente de un pueblo que rechaza las promesas falsas de beneficios económicos a costa de venderse a los militares.

Allí me tocará hablarle desde el alma, vida y corazón, cantar, con el coro de ángeles, “¡Hosanna en las Alturas, bendito es el que viene en nombre del Señor!”, y, pedir a todos que se den fraternalmente La Paz y superemos el “individualismo” afirmando la “solidaridad” como principio básico de vida.

La Iglesia continúa con la “puertas abiertas” para acoger y acompañar siempre.