Cáritas Española facilitó en 2025 el acceso al empleo de 14.639 personas en situación de exclusión gracias a proyectos como Maná, de Cáritas Diocesana de Barcelona, que Vida Nueva visitó ayer junto a un grupo de medios de comunicación en el marco de la presentación de su Informe de Economía Solidaria.
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La empresa de inserción Formació i Treball proporciona oportunidades a personas en situación de exclusión en medio de su desierto vital. De hecho, Cáritas busca replicar esta experiencia de éxito en otras diócesis, como ya ha hecho en Bilbao y Albacete.
Financiado por Fondo Social Europeo, desde su sede central en Barcelona, principal núcleo operativo de Maná, se recuperaron en 2025 más de 250.000 kilos de alimentos que fueron transformados en productos destinados a restauración, catering y servicios de comida a domicilio.
Actualmente, los alimentos recuperados representan en torno al 20% de la materia prima utilizada en las distintas elaboraciones.
Cáritas, por el desperdicio de alimentos cero
“La mayor dificultad del proyecto es de tipo logístico, ya que desconocemos con antelación qué alimentos recibiremos por donación por lo que cada día debemos equilibrar lo que llega con las necesidades de nuestras líneas de distribución para garantizar el máximo aprovechamiento alimentario”, señaló en la presentación Marina Arnau, codirectora de Formació i Treball.
Esta actividad genera empleo inclusivo, con puestos de inserción para personas en situación de exclusión vinculados directamente a la recuperación alimentaria, dentro de un modelo que combina gastronomía inclusiva y sostenibilidad ambiental.
“La gestión de los alimentos forma parte de los orígenes de Cáritas, y por eso impulsamos proyectos como Maná, que transforman la forma de gestionar la alimentación y ofrecen respuestas innovadoras a necesidades básicas como el acceso a un trabajo, a la vez que se promueve un modelo alimentario más sostenible y responsable”, detalló Eduard Sala, director de Cáritas Diocesana de Barcelona.
“Es necesario avanzar hacia un acceso a la alimentación basado en los derechos, que permita escoger, comprar y cocinar como hace cualquiera, con una clara perspectiva comunitaria. Maná es un ejemplo de un modelo más humano, digno y transformador”, añadió.
Formació y Treball ofrece 327.000 menús al año
Como explicó Marc Badia, responsable de sostenibilidad alimentaria de la fundación, el programa cuenta además con la colaboración de 15 empresas donantes de forma periódica y otras que colaboran puntualmente. Esto permite ofrecer 237.000 menús al año repartidos con cinco furgones que están en constante movimiento por la Ciudad Condal con un destino principal: los comedores sociales.
“El trabajo en red es clave para afrontar los grandes retos sociales, poder multiplicar el impacto social y contribuir a una sociedad más justa y cohesionada”, agregó Sala.
Así es el día a día en el proyecto Maná
In situ, Vida Nueva comprobó cómo es el trabajo desde la recepción de la mercancía, hasta su traslado al centro de clasificación, luego al de producción y, finalmente, al de distribución.
Son casi las 11:30 del lunes cuando llega al almacén el camión procedente de la empresa Ametller Origen, principal colaboradora del proyecto de Cáritas.
Se trata de una empresa de alimentación con un modelo de integración vertical: controlan todo el proceso, desde el cultivo en sus propios campos hasta la venta final en sus más de 140 tiendas repartidas por Cataluña y Andorra.
“Cada día luchamos para que el desperdicio sea el menor posible, pero todavía podemos hacer más y esperamos hacer más”, puntualizó Amaya Prat, manager de sostenibilidad de la compañía.
José Manuel Hernández, empleado de inserción de Cáritas Barcelona. Foto: Cáritas
La fundación cuenta con una escuela de formación
Minutos después, dos operarios suben en el montacargas la mercancía para que José Manuel Hernández, encargado del almacén, la clasifique junto a su equipo de 11 operarios, del que forma parte el joven Joan Viedma, de 23 años.
Joan Viedma, empleado de inserción de Cáritas Barcelona. Foto: Cáritas
Una vez clasificados los alimentos, pasan a cocina, donde, entre otros, Milagros Carmona, prepara las elaboraciones para cuatro puntos: el restaurante D’ins, situado en la misma sede de Formació i Treball y cuyo personal está en su inmensa mayoría (70%) en formación en el centro; la cafetería-restaurante del campus de Besòs de la Universidad Politécnica de Cataluña; la residencia del mismo campus; y el catering, que ha llegado a proveer de comida a los trabajadores del Mobile World Congress.
Milagros valora muy positivamente el trabajo: “Tengo la oportunidad de aprender a la vez que tengo un empleo. Además, me reconforta saber que antiguos compañeros con los que hablo consiguen empleo al salir de la fundación”.
La realidad es que el programa está destinado a un máximo de tres años, aunque el objetivo es que adquieran mucho antes su autonomía y puedan encontrar un trabajo fuera de Formació i Treball.
Preguntada si se ve ella montando un restaurante en su país, responde con voz tímida: “Dios te oiga”.
Milagros Carmona, empleada de inserción de Cáritas Barcelona. Foto: Vida Nueva
El trabajo inclusivo, eje de Cáritas
Daniel Felipe González, de 56 años, trabaja como camarero en el restaurante desde hace año y medio. Migrante venezolano, llegó a España como solicitante de asilo en 2023. Aunque su formación es de administrativo y espera poder conseguir un trabajo en esta rama, una experiencia laboral previa en la hostelería le ayudó a ser un candidato idóneo para el proyecto.
“Gracias a este trabajo pude mudarme a Barcelona y conseguir una habitación, ya que alquilar un piso es imposible en estos momentos con los precios del mercado”, explica en conversación con Vida Nueva.
Daniel Felipe González, empleado de inserción de Cáritas Barcelona. Foto: Vida Nueva
En el restaurante de la residencia trabaja como personal de estructura Isabel Gómez, que lleva 10 años en la fundación. Ella fue primero personal de inserción y hoy es coordinadora de las aproximadamente 15 personas que pasan cada año por el restaurante. No obstante, no es lo más común, ya que la idea es que este trabajo de inserción sea un trampolín hacia otro empleo.
Thierno Fall, de Senegal a España
Bajo su responsabilidad están ahora Thierno Fall y Aziza Radbane Ripoll (en la imagen principal). El senegalés de 41 años llegó a España en febrero de 2020. Solo unos días después, la pandemia torpedeó su proyecto migratorio.
Él abandonó su país con su mujer embarazada. Hoy, su hijo tiene 6 años y solo lo ha podido ver una vez. Aunque cuenta con formación profesional en física y química y experiencia laboral en centros privados de su país, en España no ha podido convalidar su titulación.
Por eso, hace dos meses que Formació i Treball apareció en su vida y ha tenido la oportunidad de tener un empleo para alquilar una habitación en un piso que comparte con otros cuatro compañeros.
Thierno Fall, empleado de inserción de Cáritas Barcelona. Foto: Cáritas
Aziza Radbane: “La fundación me ha salvado”
Aziza, por su parte, de madre española y padre marroquí, tiene 36 años y una niña de 17 meses. Esta madre soltera ha vivido por media Europa (Alemania, Italia, Francia…) y, tras años de inestabilidad laboral, ahora vive como una bendición su trabajo en el restaurante, donde llegó en enero.
“Para mí es complicado conciliar con mi hija. Y aquí se me ha dado la oportunidad. Por las mañanas la llevo a la guardería y me vengo corriendo -son solo cuatro paradas de metro-“, dice.
“Después de trabajar puedo irla a buscarla y eso lo valoro mucho. No lo he tenido fácil, pero la fundación me ha salvado”, reconoce entre lágrimas. “La vida no es fácil, yo he estado en el pozo y merece la pena luchar, no rendirse”, asevera.
Momentos más tarde vuelve la sonrisa a su rostro para relatar ante un grupo de periodistas cómo le apasiona su trabajo. Y es que Aziza es solo uno de los miles de ejemplos de cómo las oportunidades que ofrece Cáritas transforman vidas.