En un mundo que parece estar más imbuido que nunca en aquella “III Guerra Mundial a pedazos” de la que hablaba el papa Francisco, la plaza de San Pedro se ha llenado hoy con miles de creyentes que han acudido a rezar el rosario por la paz convocado por León XIV.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
En su saludo, el Papa ha recordado la promesa de Jesús: “Ahí donde dos o más se reúnen en mi nombre, estoy yo”. “Ahora, unidos en la oración del santo rosario, queremos decir a todo el mundo que es posible construir la paz. Una paz nueva. Que es posible vivir juntos, con todos los pueblos, todas las religiones, todas las razas”, ha asegurado.
Ya dentro de la basílica, durante su discurso, el pontífice ha recordado que la oración es la “expresión de esa fe que, según la palabra de Jesús, mueve montañas”. “La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina”, ha aseverado León XIV.
“Basta un poco de fe, una pizca de fe, queridos hermanos, para afrontar juntos, como humanidad y con humanidad, esta hora dramática de la historia”, ha asegurado el Papa. En este sentido, la oración “no es un refugio para eludir nuestras responsabilidades, no es un analgésico para evitar el dolor que desata tanta injusticia”. Es, en cambio, “la respuesta más gratuita, universal y disruptiva a la muerte: ¡somos un pueblo que ya resucita!”.
El Papa clama contra la guerra
Así, León XIV ha asegurado que “nada puede encerrarnos en un destino ya escrito, ni siquiera en este mundo en el que las tumbas parecen no ser suficientes, porque se sigue crucificando, aniquilando la vida, sin derecho y sin piedad”.
Del mismo modo, el Papa ha explicado que la oración “nos educa para actuar”, ya que “las limitadas posibilidades humanas se unen en la oración a las infinitas posibilidades de Dios”. De este modo, “pensamientos, palabras y obras rompen la cadena demoníaca del mal y se ponen al servicio del Reino de Dios; un Reino en el que no hay espada, ni drones, ni venganza, ni banalización del mal, ni lucro injusto, sino sólo dignidad, comprensión y perdón”.
Sin embargo, León XIV ha lamentado que “los equilibrios en la familia humana están gravemente desestabilizados”, ya que “incluso el Santo Nombre de Dios ―el Dios de la vida― es arrastrado en discursos de muerte”. “Desaparece así un mundo de hermanos y hermanas con un solo Padre en los cielos y, como en una pesadilla nocturna, la realidad se llena de enemigos”, ha asegurado.
Ante esta realidad, el Papa ha exigido: “¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra!”, y ha recordado que “la verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida”.
Ante ello, ha pedido unir “las energías morales y espirituales de millones, de miles de millones de hombres y mujeres, de ancianos y jóvenes que hoy creen en la paz, que hoy eligen la paz, que curan las heridas y reparan los daños causados por la locura de la guerra”.
León XIV pide paz a los gobernantes
Concluyendo ya su discurso, el Papa ha hecho un llamamiento a los gobernantes de las naciones para que asuman “sus responsabilidades ineludibles”. “A ellos les gritamos: ¡deténganse! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!, no en mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte”, ha dicho León XIV.
Sin embargo, ha apuntado que también “existe una responsabilidad no menos importante para todos nosotros, hombres y mujeres de tantos países diferentes: una inmensa multitud que repudia la guerra, con hechos, no sólo con palabras”.
“La oración nos compromete a convertir lo que queda de violencia en nuestros corazones y en nuestras mentes”, ha aseverado. “Convirtámonos a un Reino de paz que se construye día a día, en los hogares, en las escuelas, en los barrios, en las comunidades civiles y religiosas, quitándole terreno a la polémica y a la resignación con la amistad y la cultura del encuentro. Volvamos a creer en el amor, en la moderación, en la buena política”.
Finalmente, el pontífice ha recordado que “la Iglesia es un gran pueblo al servicio de la reconciliación y de la paz, que avanza sin vacilar, aun cuando el rechazo de la lógica bélica puede costarle incomprensión y desprecio”. “Hermanos y hermanas de todas las lenguas, pueblos y naciones: somos una sola familia que llora, que espera y que se levanta”, ha concluido el Papa.